domingo, 1 de enero de 2017

"Memorias de Lucía" (2003), de Carlos Barba Salva, en la TV Cubana abriendo el 2017


Gracias al programa de la TV Cubana "Arte Siete" por transmitir hoy 1 de enero de 2017, el documental "Memorias de Lucía" (2003), de Carlos Barba Salva.

Film cubano "Humberto" al DOC VIÑA 2017

En las primeras horas del nuevo año, anunciamos que el film "Humberto", de Carlos Barba Salva, ha sido seleccionado para la Muestra Internacional de Documentales DOC Viña del mar, Chile 2017!


martes, 20 de diciembre de 2016

Coral de Honor: el rescate de la esperanza

Enrique Pineda Barnet y Beatriz Valdés, clausura 38 Festival de Cine
Enrique Pineda Barnet, ese grande del séptimo arte, quien acaba de recibir el Coral de Honor del 38 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano por la obra de la vida, continuaría el legado familiar, pero al ganador del premio Goya por ese clásico nombrado La Bella del Alhambra (1989) le esperaban caminos distintos, y gloriosos.

José Luis Estrada Betancourt 
estrada@juventudrebelde.cu
18 de Diciembre del 2016 0:37:48 CDT
A él, que desde que era un crío había sido, según ha confesado, un mirahueco, un rascabuchador de la vida —de ahí su afición por el cine, dice—, no hubo quien lo hiciera mirar por el lente de aquel microscopio que le llevaron de regalo. Todos tenían puestas sus esperanzas en que Enrique Pineda Barnet, ese grande del séptimo arte, quien acaba de recibir el Coral de Honor del 38 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano por la obra de la vida, continuaría el legado familiar, pero al ganador del premio Goya por ese clásico nombrado La Bella del Alhambra (1989), le daba pánico con solo pensar que el anhelo familiar pudiera hacerse realidad.
La verdad es que si se miraba fríamente era lo que tocaba: su tío-abuelo, Enrique Barnet, había sido un destacado científico —colaboró con Carlos J. Finlay en el descubrimiento del agente transmisor de la fiebre amarilla—, mientras que otro hermano suyo llegó a trabajar con Tomás Romay. «Mi abuelo inventó una fórmula anticatarral, en tanto mi padre, quien se divorció de mi mamá y de mí, también se convirtió en médico», contó a Juventud Rebelde el coguionista del aplaudido Soy Cuba, el mismo que decidió adoptar el apellido de su mamá: ese ser visionario y lleno de amor que le obsequió una guitarra.
Para regocijo de la cultura cubana y universal, desde temprana edad el pequeño Pineda Barnet sintió una pasión infinita por el arte, que desembocó finalmente en el mundo del cine, pero que lo llevó a entregarse sin resistencia al teatro y a la radio, donde realizó su primer gran recorrido; a la literatura, las artes plásticas, la música, la danza... «Mi madre, que siempre fue muy inteligente y tuvo una conciencia de mí extraordinaria, comprendió que yo no iba a ser científico y me regaló una guitarrita barata, con la que di serenatas a todas las niñas de mi barrio, porque por ahí andaba la cosa», rememora el principal homenajeado de la jornada de clausura del 38 Festival.
«El festival y su dirección ha tenido la inteligencia, la bondad y la capacidad política de cicatrizar una herida de hace 27 años, cuando se privó del premio de actuación a Beatriz Valdés por La Bella del  Alhambra, a pesar de que el público no dejó un instante de pedir justicia. Con este Coral de Honor que se me acaba de entregar ha quedado demostrado que cada vez que se resarce un error se está llevando adelante un acto de justicia», le comentó a este diario el incansable creador.
«El Coral de Honor ha significado para mí el rescate de la esperanza. Eso es lindo. Estoy conmovido, y Beatriz también. Es un reconocimiento que abarca a      todos los cineastas del país y a todos los cinéfilos porque todos han sido mis corales», apuntó este hombre vivazmente octogenario, quien anda involucrado en un proyecto con uno de sus alumnos, Carlos Barba Salva. Se trata de Mi Virgen de la Caridad.
«Será un drama musical que nada tendrá que ver con La Bella... Lo protagonizarán Beatriz Valdés y Héctor Noas, quienes con sus respectivos personajes se trasladarán a finales de 1958, poco tiempo antes del triunfo de la Revolución. Ella interpretará a una cantante de boleros llamada Virgen que seducirá a un joven en un cabaré de mala muerte, bajo la vigilancia de Johnny, el proxeneta que defenderá Noas», nos adelanta, y sus ojos le brillan porque el cine lo llena de felicidad.
Es un amor que nació en su niñez, «cuando con tres años miraba las películas y me quedaba fascinado con los personajes. Hasta en mis juegos yo hacía películas. En una ocasión me obsequiaron una profusión de soldaditos de plomo con sus castillitos de cartón, pero nunca los utilicé para hacer pum pum, sino que montaba un gran show: les ponía ropas y los bajaba por las escaleras cantando. ¡Creaba tremendos musicales!», narra con una sonrisa en sus labios.
Años después no solo realizaba su mayor sueño, sino que nos entregaba obras que perduran en el tiempo y que él conserva en un lugar especial dentro de sus recuerdos. Ese es el caso de David, que tanto lo marcó. «Me sedujo mucho la personalidad tremenda, mágica y paradójica de Frank País: un joven, demasiado joven —tenía mi misma edad—, y yo en la película lo estaba tratando como un contemporáneo. Empecé a encontrar en él lo que yo hubiera sido o, más bien, lo que yo hubiera querido ser. El personaje de Frank País me volcó y me hizo cambiar no pocas cosas de mí mismo».
También Giselle dejó en Enrique una huella importante. «En esa película tuve que convertirme en maestro de los bailarines, enseñarles actuación para cine. Y eso fue hermosísimo, pues me dio la dicha extraordinaria, el privilegio de tener de alumnas a las Cuatro Joyas y, de enseñar y sobre todo aprender, de Alicia y Fernando. Me da un poco de pudor decir esto, pero me parecía increíble que pudiera trabajar con estas personalidades y con aquellos que más tarde se convirtieron en joyas, porque ese joyero es enorme».
Puesto a hablar de satisfacciones, tampoco pude dejar de mencionar el aporte que significó en lo profesional dirigir, por ejemplo, a Raquel Revuelta y a Armando Bianchi en Aquella larga noche, «esos extraordinarios actores que habían sido mis papás en los primeros programas de radio que hice; como mismo en Mella me tocó asumir esa responsabilidad ante aquellos que fueron mis maestros en Teatro Estudio: Sergio Corrieri, Enrique Santiesteban, Armando Soler, René de la Cruz, Ángel Toraño... Igual me sucedió con Pedro Reintería y Salvador Wood en Tiempo de amar. A veces digo: a mí se me ha olvidado morirme. Todo el mundo me va pasando. Escribí un cuento que se llama Ella dio al desmemoriado (un homenaje martiano), donde hablo sobre ese juego malévolo del destino...», afirma quien aún conserva en un sitio muy especial la jícara donde su abuelo, que había sido mambí y corneta de Máximo Gómez, tomaba café.
Su creatividad inagotable también se puede rastrear en Soy Cuba, la primera y única película filmada entre Cuba y la ex URSS, que en la actualidad es objeto de culto, pero cuando se estrenó fue muy incomprendida. Enrique lo explica con el poder que tiene «la magia del tiempo. Si bien dentro de la lata de la película no entraron hormiguitas para cambiarla, cuando uno la destapa decenas de años después se percata de que son las hormiguitas de uno las que están distintas. Es uno el que ha cambiado, la vida ha cambiado, las perspectivas de las cosas también, y uno ya no mira igual. Ahora Soy Cuba dice nuevas cosas y dejó de decir otras. La magia está en eso, en el tiempo».
Sin duda, aunque existieron otras, La Bella del Alhambra ha sido el gran musical cubano...
—Antes y después de la existencia del Icaic hubo cine musical en Cuba. Antes está Romance del palmar, la imagen de Rita Montaner; después, Cuba baila,  Nosotros la música, Suite YorubaPatakín... Pero La Bella... —pongámonos vanidosos— culminó una experiencia. Todas estas películas fueron escalones que recorrí, las estudié, las analicé. La Bella... era una deuda que teníamos con el público cubano, y logró un enganche popular muy fuerte. Todavía lo tiene. Siempre se recibe con la misma frescura.
Ha sido fundador de muchas cosas: de la Uneac, de Teatro Estudio, de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo...
—Te confieso que nunca me ha gustado tener el número uno. No tengo ningún empeño en ser primero de ninguna cosa. En todos esos eventos e instituciones siempre he sido una parte, pero nunca he estado en un lugar primigenio. No me siento cómodo en ese papel. Sin embargo, me place estar en primera fila, porque veo mejor; o de lo contrario, muy alto para mirar desde arriba y proyectarme.
«Pasa el tiempo y a veces uno mismo no tiene la medida exacta y precisa de lo que está ocurriendo en el momento en que lo está haciendo. Eso se alcanza con los años. Cuesta el tiempo para saber que estabas en el instante en que eras un sencillo puntico en un lugar, que luego se convirtió en un espacio significativo».
—Ha dicho que la pedagógica fue un descubrimiento tardío...
—Efectivamente. Fue una vocación que apareció a los 20 años. Yo estaba seguro de que sería artista; de hecho, lo hice saber, lo impuse en mi casa, pero desconocía que era maestro. Y ese hallazgo para mí fue algo superior. No es que sustituya mi tarea de creación, es que el magisterio también lo es.
—Asimismo ha afirmado que tender puentes ha sido su vida…
—No me caben dudas de eso. Ahora que hablo de magisterio te cuento que me encanta preguntar a mis alumnos por sus nombres, pero no me interesa saber el que le pusieron sus padres y que olvidó fácilmente, sino ese que llevan como energía interior, ese verbo activo permanentemente que habita dentro de cada cual: amar, crecer, vivir, partir, tener, abrazar... Y mi verbo es puentear: vivo para reunir territorios, personas, amores, afectos, familias. Vivo para acercar no para distanciar; para tender puentes, no para levantar muros.

martes, 22 de noviembre de 2016

"Humberto", by Carlos Barba Salva 2016 Havana / Glasgow Film Festival

2016 Havana / Glasgow Film Festival 
-Showcased films from both Cuba and Scotland, as well as further afield- Reviews: "Humberto" (Carlos Barba Salva), "Tangerine", (Sean Baker) "Vampiros en La Habana" (Juan Padrón)
By Brian Beadie
The first film I saw was Humberto, by Carlos Barba Salva, a biography of the late Humberto Solas, one of the pioneering directors of Cuban cinema. With extensive archive footage of the man, and generous contributions from his collaborators, this proved to be a fascinating portrait of a fascinating man. In some ways, his story paralleled Cuban cinematic history; after making a low-budget film about the revolution, he came to international prominence with Lucia, an epic film about three women at crucial junctures of Cuban history. Solas would concentrate on women in his films, as he believed their situation more accurately reflected what was going on in society, going on to make more lavish period films which have been compared to Visconti, as he couldn’t articulate his views on contemporary Cuban society because of censorship of his one film to do so, Un Dia de Noviembre.
While these may have culminated in a spectacular international coproduction of Explosion in the Cathedral, a novel by the Cuban novelist who triggered magic realism, Alejo Carpentier, the collapse of the Soviet Union would see the island’s economy almost nearly collapse in the ‘special period’. 
After some years of not making films, Solas would be one of the first filmmakers to embrace the possibilities afforded by digital video cameras, and would set up the Cine Pobre Film Festival - a Cinema of Poverty - for low budget films which continues to this day.

viernes, 4 de noviembre de 2016

El Siglo de Torreón: "En 2009, César Évora se involucró en el documental "Humberto", bajo la dirección de Carlos Barba Salva".

César Évora en la película "Humberto",(2014) de Carlos Barba Salva
César Évora Díaz nació el 4 de noviembre de 1959 en La Habana, Cuba.
De niño siempre fue elegido para participar en los festivales declamando poesía o diciendo algunas palabras, por tener una voz peculiar que lo ha caracterizado.
El interés por los minerales y la búsqueda de petróleo en su tierra natal lo llevó a estudiar Geofísica, carrera que a una semana de haber iniciado estuvo a punto de dejar, lo cual no ocurrió, pues si no estudiaba tenía que participar en el Ejército por dos años.
Creció al lado de su madre y de su abuelo, de quien, ha dicho, tiene gratos recuerdos, ya que su papá siempre se encontraba de viaje y sólo lo llamaba o enviaba una carta cada seis meses, lo cual ocurrió durante 20 años.
Dijo que le costó mucho trabajo elegir a qué se iba a dedicar de manera profesional; sin embargo, el haber asistido a la filmación de una película y estar detrás de cámaras, fue lo que lo hizo decidirse por la actuación. Cuando esto ocurrió, ese día recibió la noticia de que su abuelo había muerto.
Évora tuvo que picar piedra y para obtener su primer papel realizó un casting, en el que participaron más de 500 personas. No obstante, a los 18 años ya tenía un objetivo bien definido: llegar a ser un actor de cine.
En 1980, buscó trabajar en la película Cecilia Valdés,  y este proyecto lo ayudó a entrar al Instituto de Cine Estatal (ICAIC), donde realizó Un hombre  de éxito y Capablanca, entre otras, producciones que lo dieron a conocer fuera de Cuba.
Después, arribó a México en busca de oportunidades de trabajo y así fue que llegó a Televisa, donde consiguió un contrato por seis años, el cual se renovó posteriormente, pero por una exclusividad. Tras lo cual, en 1999 obtuvo la nacionalidad mexicana.
Gente bien (1997), El privilegio de amar (1998), Laberintos de pasión (1999), Abrázame muy fuerte (2000), El manantial (2001) y Entre el amor y el odio (2002) son algunas de las telenovelas en las que ha destacado en ese ámbito en México.
En 2003, encarnó al villano "Atilio Montenegro", en Mariana de la noche; dos años después formó parte de La madrastra, como "Esteban San Román", y en La esposa virgen figuró como el "Loco Serenata".
Aunque la televisión ha sido el medio en el que ha figurado, también ha realizado varias películas como Cecilia (1981), Amada (1983), Habanera (1984), Una novia para David (1985) y Barrio negro (1989), entre otras.
 El actor tiene tres hijos: Rafael, Mariana y Carla.
En 2006, participó en Mundo de fieras, en la que personificó a unos hermanos gemelos, uno bueno y amoroso, y otro resentido que busca hacer daño a quien se cruce en su camino, al lado de actrices como Helena Rojo, Edith González y Carmen Salinas.
Évora se ha mantenido presente en la televisión mexicana, ya que en 2007, además, se retransmitieron La madrastra (2005), Abrázame muy fuerte (2000) y El privilegio de amar (1998).
En 2007, el actor participó en Amor sin maquillaje y en 2008 informó que pretendía intervenir en el cine mexicano, tras finalizar su trabajo en Al diablo con los guapos, producida por Angelli Nesma.
En 2009, se involucró en un documental dedicado a la memoria del también cubano Humberto Solás, quien falleció el 17 de septiembre de 2008, el cual tuvo locaciones en la Ciudad de México y La Habana, Cuba, bajo la dirección de Carlos Barba Salva.
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Évora ya había trabajado en los años 80 bajo las órdenes de Solás, en sus filmes Cecilia, Amada y Un hombre de éxito, tres títulos significativos en la carrera del citado realizador.
El documental escrito y dirigido por Barba, uno de los colaboradores más destacados de Solás en la última etapa de su carrera, y que tiene como título Humberto, intentó abarcar la vida y trayectoria de uno de los más grandes exponentes del cine iberoamericano.
Ese mismo año, Évora renunció a colaborar en la nueva versión de la telenovela Corazón salvaje, por motivos de salud, y su papel le fue otorgado al actor Enrique Rocha.
Para 2010 César, quien también actuó en El nombre del amor (2009), intervino en la película Trópico de sangre, en la que interpretó a "Antonio de la Maza", además de que colaboró en la telenovela Llena de amor.
Ese mismo año, fue el maestro de ceremonia del homenaje que se le rindió en la capital del país a "El Flaco de Oro", Agustín Lara, con el concierto Solamente una vez, de Cuba a Lara, en el que figuraron músicos cubanos como Maruchi, Kelvis Ochoa, Francisco Céspedes y La Orquesta Aragón, entre otros.
En 2011 participó en el Triunfo del amor, melodrama basado en El privilegio de amar, y que protagonizaron Maite Perroni, William Levy, Victoria Ruffo, Daniela Romo y Osvaldo Ríos.
En la serie de televisión El encanto del águila, que constó de 13 capítulos, Évora compartió créditos con Ignacio López Tarso, Irene Azuela, Alfonso Herrera, Tenoch Huerta, Enrique Arreola y Gustavo Sánchez Parra, entre otros.
El programa narra los acontecimientos que marcaron la época de la Revolución Mexicana.
Para 2012, el artista, quien dio vida al "Dr. Heriberto Ríos Bernal" en el Triunfo del amor, formó parte del elenco de la telenovela del productor Carlos Moreno, Amor bravío.
Al siguiente año, el actor participó en la cinta  dominicana Biodegradable, en donde interpretó a “Paolo Blas”, quien es un ejecutivo dictatorial e insensible que sin el más mínimo escrúpulo y armado de un aparato burocrático y represivo descomunal, pretende controlar el mundo que le rodea.
Por otro lado, participó en la telenovela La tempestad, producción de Salvador Mejía, en la que compartió créditos con William Levy, Iván Sánchez, Laura Carmine y la ex Miss Universo, Ximena Navarrete.
En 2014, el histrión participó en la telenovela Hasta el fin del munco, en la que dio vida a "Paco Fernández”, el dueño de una tienda de abarrotes, un hombre noble y bueno, enamorado del personaje de su compañera María Rojo, quien se ausentó en la recta final del melodrama y fue sustituida por la actriz Leticia Perdigón.
El elenco de la telenovela estuvo conformado además por Marjorie de Sousa, Pedro Fernández, quien también salió de la telenovela y entró en su lugar David Zepeda; Julián Gil, Mariana Seoane, Diego Olivera, Claudia Álvarez, Miguel Martínez, Jade Fraser, entre otros.