lunes, 11 de agosto de 2008

Carlos Barba en Revista venezolana Vértigo.info


"Los cineastas cubanos hemos bebido y estamos orgullosos del cine cubano de siempre. Aquel que en la década del 60 irrumpió con el surgimiento del ICAIC"



Carlos Barba en el rodaje de su documental Canción para Rachel



1. ¿Considera usted que en este momento está surgiendo una nueva generación de realizadores en Cuba? ¿En qué consistiría la novedad del trabajo de estos cineastas en relación con el cine que se ha hecho hasta ahora en su país?

En primer lugar diría que los realizadores cubanos, por lo menos hablo en nombre de los que en principio amamos al que se le llama "cine de verdad", hecho en 35 mm,  hemos bebido y estamos orgullosos del cine cubano de siempre. Aquel cine nacional que en la década del 60 irrumpió con el surgimiento del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), y a donde muchos hoy de nuestros grandes cineastas se sumaron con la pasión y el deseo de aprender en el camino. A partir de ahí se realizaron películas maravillosas, con inspiración neorrealista (el neorrealismo italiano y la nueva ola francesa fueron las fuentes de las que bebieron muchos de esos primeros cineastas). Entonces esa década, que se considera como la época de oro del cine cubano, difícilmente se repita, y por eso es que vivimos orgullosos de aquella etapa, aunque sin nostalgia, pues los mismos cineastas de ese tiempo que ya iban envejeciendo se daban cuenta que los 70, 80, etc., significaban nuevos retos que enfrentar, y otras historias que contar.

Mi apreciación es que se mantiene en los nuevos realizadores cinematográficos cubanos un mismo espíritu, pero con nuevos retos y maneras de enfrentar el audiovisual. Ya se está hablando de videastas, pues la revolución tecnológica está a la vista y se ha democratizado la profesión del cineasta, que sí en sus momentos históricos, constituyó una profesión elitista. Con la llegada de la tecnología digital en Cuba, se abrió la producción del cine cubano, tanto dentro de la principal industria del cine, que es el ICAIC como fuera de esa institución, por telecentros, escuelas de cine, realizadores independientes u otra procedencia. Además de una diversidad de temas jamás llevados a la pantalla grande, y la aparatosa proliferación del género documental, que por muchos años en Cuba fue la escuela para directores que más tarde debutarían en el largometraje de ficción.
En el año 2001 se estrena Miel para Oshún, primera película cubana realizada con tecnología digital, de Humberto Solás, el cineasta cubano más importante en estos momentos, y a quien considero mi maestro. A partir de aquí se abre una especie de esperanza. Ver a Humberto, el hombre que filmó los filmes más caros de la historia del cine cubano, grabando en digital y luego en la post filmación se hincha la película a 35 mm, es mucho lo que se ahorra con esta modalidad, y demostró que en menos de seis semanas se realizaba el rodaje de un largometraje. El propio Solás funda el Festival Internacional del Cine Pobre de Gibara, alentando a realizar filmes de bajo presupuesto, pero con alto valor estético y otros certámenes de la isla como la Muestra de Jóvenes Realizadores del ICAIC y el Festival Internacional de Documentales Santiago Álvarez in Memoriam, estimularon la producción de obras audiovisuales.

Yo creo que la novedad fundamental de los cineastas del momento en Cuba, es la forma de enfrentar la concepción de las obras y la aparición de las nuevas tecnologías. La caligrafía personal de cada autor puede variar o tener otros conceptos ante la disminución de un staff de filmación o la utilización de cámaras más pequeñas. Esto desde el punto de vista formal. Y con respecto a la temática que se aborda es usual los temas sociales, culturales, deportivos, políticos, abordados con creatividad, ingenio, libertad. Inclusión del dibujo animado en obras tanto de ficción y documental y en este aparte los Estudios de Animación del ICAIC han demostrado mucho talento y son muy agradables las sorpresas a cuadro.

2. ¿Considera usted que existen métodos de trabajo, técnicas, búsquedas estéticas e inquietudes temáticas comunes en los realizadores cubanos emergentes? ¿Percibe también afinidades con el trabajo de cineastas de otras partes del mundo?

Yo creo que la virtud del cine cubano en estos momentos es la pluralidad: (comedia costumbrista, drama, sátira, drama-comedia, musicales), géneros recurrentes una y otra vez en el cine universal, pero que son llevados de la mano por cada autor, desde su estilo y creatividad. Y sobre todo por el respeto que se ha ganado nuestro cine dentro de la sociedad, existe también pluralidad de temas que son tocados con mayor o menor grado de desenfado, originalidad, tanto en la ficción como en el documental.

En mi caso, que como siempre he dicho, llegué al cine desde la emoción, me gustaba desde niño y quedaba embelesado ante los clásicos cubanos, luego me hice Filólogo y a partir de mi tesis de grado realicé un trabajo sobre El siglo de las luces, de Humberto Solás, -junto a Enrique Pineda Barnet, dos grandes cineastas cubanos de todos los tiempos-, y a partir de este acercamiento teórico al cine es que devengo realizador. Luego tomé cursos en la Escuela de Cine y Televisión en San Antonio de los Baños (EICTV) y me vinculo al Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) colaborando en asistencias de dirección y en frentes de producción. Comencé a realizar documentales sobre cine cubano, un poco rescatar para la memoria colectiva cómo se había realizado aquel cine nacional. Una especie de making off emotivos, redescubriendo grandes películas a través de sus directores, actores, fotógrafos, técnicos en general. La verdad es que no ha sido mi estilo el querer confeccionar documentales que guarden ese legado cinematográfico.

Ahora formé parte de la colección La Cinemateca de Cuba, Grandes Joyas del Cine Cubano. Se trata de filmes cubanos en 35 mm, llevados a DVD y mis documentales sobre estos filmes acompañan estas películas. Yo creo que los métodos de trabajo también varían según la obra que vayas a realizar, cada director es un mundo, pero el cine es un trabajo de equipo, y en mi caso, a veces confío mucho en las condiciones del momento del rodaje, yo creo que ese azar puede matizarse, a veces, con tu forma de llevar a cabo una puesta en escena, y eso es maravilloso. Ya si eres auténtico creo que la estética del autor, la mano directriz, se verá una y otra vez cuando se desanda la filmografía de uno mismo. Uno un poco es fotógrafo, montajista, músico, actor, te desdoblas para que tu obra tenga tu sello. Cuando veo el resultado final me tiene que gustar primero que nada, tengo que ser el primer público a quien va dirigido, porque si no estoy feliz entonces nunca podré dormir bien.

La comunicación con el público es algo que me atrae mucho, cuando la sala está oscura y siento que todo el mundo está ahí sentado esperando ver lo que hiciste me emociona mucho, y en vez de observar la gran pantalla para ver si está correcta la proyección, estoy pendiente a los espectadores, son como minipuñaladas cuando alguien se levanta para ir al baño o se mueve mucho en su luneta. Son pequeñas paranoias de los cineastas, les pasa a todos, estoy seguro.
A pesar de que me encanta el género documental, estoy deseoso de hacer ficción, he pensado mucho en un cortometraje antes de llegar al largo, estoy seguro que está casi tocando puertas. He visto mucho cine, de todo tipo, no te voy a decir ahora que mi primera película fue Amadeus. También vi cine musical mexicano, español, adoro el cine neorrealista: Visconti, Rossellini, tengo miles de filmes en mi cabeza, soy un poco de cada película que vi en su momento.

3. ¿Cómo ve usted las perspectivas de los realizadores emergentes cubanos en el futuro? ¿Qué cree que podrían aportar al desarrollo del cine y del audiovisual en general en su país? ¿Qué podrían aportar, bien sea a través de la cooperación, como ejemplo de otras posibilidades de hacer cine o en cualquier otro sentido, a los realizadores de América Latina y otras naciones?

Lo principal es el deseo inmenso de hacer cine, sea como fuere, yo creo que los jóvenes cineastas cubanos, en ese aspecto sí somos muy persistentes y con muy pocos recursos estamos dispuestos a hacer mucho. Un poco lo que predica el maestro Solás con su Festival Internacional del Cine Pobre que se celebra todos los años en Gibara, Holguín, Cuba, y en la Muestra Nacional de Nuevos Realizadores también.

Conozco de casos que se han expresado en Cuba animando imágenes desde una cámara digital de fotos fijas (recuerdo particularmente un corto hecho con nada: Fractal), hasta otros que han realizado un mediometraje con 400 dólares. Y si te hablo de la revolución que ahora mismo hay en la animación, me refiero a los dibujos animados, tanto realizadores independientes como los que están vinculados a los Estudios de Animación del ICAIC, el trabajo que están desarrollando es impresionante. En fin, qué mejor ejemplo que estos, realizar nuestros filmes y que el guión de nuestros sueños, no se quede engavetado. La industria del cine y otras entidades están apostando por los jóvenes en todos los frentes: dirección, guionistas, asistentes de dirección y un largo etcétera; hay un nivel de confianza en nosotros y eso es además un incentivo. Y cuando no ocurre así, cuando los proyectos son rechazados, entonces salimos a buscar otras propuestas de producción, no nos quedamos con los brazos cruzados. Tal vez te pueda parecer un poco general lo que ahora mismo te he expuesto, y puedas pensar si conozco a todos los realizadores del país y sé cómo piensan. Bueno, no los conozco a todos, pero si te hablo en nombre de la gran familia que es el cine, y por lo que transmiten las obras cuando las ves proyectadas en la pantalla grande o en la televisión.

El cine para mi es vida. Es el legado que puedes dejar, es lo que queda perpetuamente, y por eso luchamos los que lo amamos y respiramos.

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