lunes, 6 de octubre de 2008

Carlos Barba: Al cine cubano, créeme, lo adoro…

Por Rafael Grillo

Andaba yo de reportero fisgón por el rodaje de Barrio Cuba, en una locación cercana a la habanera Calzada de Puentes Grandes, cuando descubrí en el equipo a este joven “del Oriente”, que brindaba asistencia a la dirección y tras los ¡Corten!, si uno le buscaba la lengua, no paraba de hablar del celuloide cubano y sus horas de gloria. Luego hemos seguido viéndonos en las jornadas de Gibara, y mis funciones dentro del Diario del Festival Internacional del Cine Pobre, unido al estreno allí de varios documentales de su autoría, me han dado acicate para un par de diálogos con él. Pero este, más reciente, lo motivó la exhibición en el programa Pantalla Documental del Canal Educativo 2 de Canción para Rachel, el homenaje de Carlos Barba a La Bella del Alhambra.

—Con la exhibición de tu documental Canción para Rachel enla TV cubana, al fin encontraste la oportunidad de hacer tu obra visible a un público potencialmente más amplio, ¿no? Empieza contándome sobre los avatares y razones de este proyecto...

—Bueno, antes ya se había proyectado en el programa Cinemavisión mi documental Memorias de Lucía, por la época en que se cumplía el Aniversario 35 de la película de Humberto (Solás). Un tiempo después, Luciano Castillo pretendía cerrar su programa de verano De cierta manera, con otro de mis documentales: Mujer que espera, dedicado a la actriz Isabel Santos, y no pudo ser… creo que ni Luciano ni yo, a ciencia cierta, supimos nunca bien por qué no se pudo transmitir, muy raro. Aunque, bueno, después el canal Cubavisión Internacional lo exhibió… Si te hago todo este cuento es porque enfocaste la pregunta de esa manera: “al fin”; y eso me resulta muy simpático porque tengo muchos documentales sobre cine cubano que, efectivamente, no se han visto en nuestra televisión, cuando, en definitiva, qué mejor regalo para un realizador que el hecho de que sus obras sean vista por la gran mayoría.

Por eso estoy muy contento con la proyección de Canción para Rachel… Ese fue un proyecto de los que decimos que “caen por encargo”. Yo estaba confeccionando para la serie La Cinemateca de Cuba: Grandes Joyas del Cine Cubano, un grupo de documentales para acompañar las películas que saldrían en estos DVDs que produce el ICAIC con la firma española Impulso Récords. Una de ellas era La Bella del Alhambra, y como yo tengo una buena relación con Enrique (Pineda Barnet) y sé lo que significa esa película para él, entonces me tomé un buen tiempo para hacer el documental, porque quería un largometraje y que estuvieran ahí todos los que pudieran. Fue muy bonito, por la comunicación con Beatriz Valdés, Isabel Moreno, Tuti Abello y Gonzalo Romeo, que no están en Cuba, y ellos recibieron las preguntas, buscaron quién los filmara y luego enviaron en miniDVD las entrevistas. Aquí filmamos a Enriquito, Verónica Lynn, Raúl Rodríguez Cabrera y Jorge Martínez. Así salió el documental.

—Ecos de un final se desprende de Miel para Oshún. Memorias de Lucía remite a una película inolvidable y tres damas de nuestro cine: Raquel Revuelta, Eslinda Núñez y Adela Legrá. Después abordaste a otra cara imprescindible: Isabel Santos. Luego, la película de Pineda Barnet y su protagonista Beatriz Valdés… ¿Tu trayectoria es la consecuencia de una búsqueda personal donde el cine cubano y sus mujeres son el propósito central?

—No es que me lo haya propuesto así, es como que los temas lo escogen a uno. Aunque los rostros de esas mujeres siempre me atormentaron en mis noches de niño, en Guantánamo. En la memoria retengo cómo yo hacía que mis padres me llevaran al cine después que terminaban de trabajar, y yo con los ojos encandilados y ellos muy cansados, pero ahí, mirando. Si no eran mis padres, entonces mi abuela… Recuerdo como si fuera hoy el estreno de La Bella, que mi abuela me entró con la ayuda de su prima, taquillera del cine América Latina de esa ciudad, y cuando se terminó la tanda tuvieron que ponerme un pañuelo encima para que no se viera que había un niño ahí. ¡Mira tú! Lo mismo me pasó con Lucía: una vez la estaban proyectando y había solo cinco personas en el cine, y yo me decía “pero cómo es posible, si esta película es maravillosa”. Ahí también vi por primera vez en pantalla grande Clandestinos, y fue grandioso a los años luz de ese acontecimiento subirme al escenario de ese mismo cine con Isabelita Santos y presentar Mujer que espera. En fin, no es que me propuse esta modalidad de hurgar en la historia y los rostros del cine de esta isla, sino que llegué al cine desde la emoción, ¿entiendes?... Yo no estudié en una escuela de cine, luego al paso de los años sí, pues después de graduarme de Filología Hispánica en la Universidad de Oriente, estuve en talleres en San Antonio de los Baños; pero realmente mi contacto con el cine tiene que ver más con la intuición, con la pasión, fue como un amor a primera vista. Yo amo al cine en general, pero al cine cubano, créeme, lo adoro y no es que quiera empalagarte con estas palabras, es la verdad.

—Para los jóvenes cubanos del audiovisual el tema principal es la calle, lo popular, antes que las cimas de la cultura; la inmediatez de lo social en vez de la historia y sus nostalgias; el dardo crítico y no el homenaje… ¿No te sientes desfasado de tu generación?

—Creo que esto te lo he respondido un poco en la pregunta anterior… Una vez alguien me dijo “No te puedes quejar, te has ligado a una generación importante de este país, los artistas de verdad”; y eso me disgustó mucho, porque la gente siempre te quiere enmarcar en círculos estéticos, en los grupitos, y no es que yo quiera tapar el sol con un dedo… Yo sé que existen los círculos y los grupitos, pero hay que contar con el azar y el libre albedrío, la afinidad intelectual y un largo etc. Yo disfruto mucho a los cineastas de mi generación, y me interesa todo lo que hacen, como a su vez me encantan las películas de Humberto o las de Fernando (Pérez), o las de Enriquito. Me parece que no estoy desfasado, lo que he seguido una línea diferente… ¡Alguien tenía que recoger lo que ha pasado con todas esas personas vinculadas a las mejores realizaciones del cine cubano! Tampoco es que quiera hacer el making de todas las películas, aunque me gusta intentarlo cada vez que se da la oportunidad. Nunca olvidaré que Enrique Pineda me propuso dirigir el making de su película La anunciación y no pude hacerlo por otros compromisos de trabajo, eso me dolió bastante. Así es la vida. Yo disfruto mucho lo que hago; y muchos de mis documentales, la mayoría, han sido el resultado de una cooperativa de amigos, de familia y estoy contento que haya sido así. Es imposible dejar de mencionar la ayuda de Ramón Ramos (mi editor). Pero esto no quiere decir que no me movilicen otros temas, ahora mismo estoy escribiendo ficción y mi sueño más grande y permanente es hacer mi primer largometraje.

—De filólogo hispanista a cineasta va un buen trecho… ¿Cómo pudiste desandar ese camino tan poco usual?

—Cuando crecí todo lo quería vincular con el cine, esa obsesión no se me quitaba con nada… Por eso me presenté a las pruebas de aptitud del ISA (Instituto Superior de Arte) para ser actor. ¿Y sabes quién me rechazó? Pues Raquel Revuelta, la misma gran actriz que años después tuve enfrente cuando filmaba Memorias de Lucía, y entonces ambos coincidimos en que, después de todo, las cosas habían salido bien y aquel jovencito estaba hoy donde debía estar: detrás de la cámara. Como para reafirmar que la vida puede ser justa y terminar retribuyendo a la pasión si esta es verdadera.
Volviendo atrás… Cuando matriculé la carrera de Filología Hispánica, que ahora se llama Letras, ahí también todo lo quería vincular con el cine, hasta que llegó la hora de la tesis y pasé mucho trabajo para que me dejaran desarrollar mi proyecto de diploma, que trataba sobre las relaciones entre el cine y la literatura, específicamente con el análisis de la obra literaria El siglo de las luces de Alejo Carpentier y el filme de Humberto Solás. Siempre estuve enamorado de la manera de escribir de Carpentier, y cuando en su momento vi la adaptación fílmica, me quedé boquiabierto. Es una gran película, creo que no se ha valorado en su justa medida. Y por ahí empezó la historia… Humberto asesoró mi tesis y se alegró mucho de que alguien hiciera un estudio sobre la que decía era “su película fantasma”. Nunca olvido eso. Ahí fue cuando me vinculé a los días últimos de Miel para Oshún, ya estaban haciendo doblajes, etc, y se me ocurrió hacer Ecos de un final, mi primer documental, sobre los extras en Miel… y el regreso a la pantalla grande de Adela Legrá.

—El cine en Cuba parece un oficio absolutamente capitalino. La formación como cineasta, la realización de películas y el reconocimiento luego, son una rara avis más allá de las fronteras de La Habana. Creo que tu experiencia personal podría ser útil para ilustrar sobre las posibilidades de hacer cine hoy en el resto de la Isla…

—Nací en Guantánamo, pero mi familia paterna es santiaguera y cuando fui a estudiar en la universidad me quedé allá. Yo desde siempre me di percaté de ese fenómeno del habanacentrismo en el cine cubano y quise trazar un puente. Esa cosa de que si no puedes solo, únete a… No ha sido fácil, pero creo que lo he logrado, como también muchas personas que hoy en Santiago de Cuba y otras partes de esta isla hacen sus trabajos y, además, colaboran en las películas de otros. Yo digo que no hay nada más lindo que luchar por las película de los otros, por eso defiendo tanto y siempre que puedo, hago asistencia de dirección, que es una escuela en mayúsculas. También las nuevas tecnologías y la democratización de la profesión han ayudado mucho. Las palmas se las lleva el Festival del Cine Pobre de Gibara, que realmente ha marcado una pauta en este sentido y con su convocatoria ha demostrado lo que se puede hacer ya no solo en la Habana, sino en las comunidades más insospechadas. La condición de elite de la profesión del cineasta se ha venido abajo; y el ICAIC, nuestra principal industria del cine, ya está volteando la cabeza y se está dando cuenta que los del interior también tenemos mucho e interesante que decir, y lo que puede producirse con muy bajo presupuesto. Yo creo que el estigma que había alrededor de este fenómeno ya no lo es tanto, y con una camarita y una historia que no te permita levantarte de la butaca se puede hacer una película.

—Justo en la Villa Blanca se te encuentra en la primavera de todos los años. Este 2008 con Gibara, ciudad abierta, te convertiste en el cronista de ese Festival que va por seis ediciones. Amplíame sobre tu relación con el evento y la relevancia que le atribuyes…

—Siempre he dicho que lo mío con el Festival Internacional del Cine Pobre es crónico. Yo fui de sus fundadores, lo vi nacer… vi sufrir a sus organizadores en la primera edición, sufrir en el mejor sentido. El Festival es como una película digital: es cine de bajo presupuesto y cada año se hace con mucho sacrificio. Pero yo creo que eso lo ha hecho más fuerte. Los cineastas que hacen suya la convocatoria cada vez son mayores, el movimiento cultural que ha generado es muy fuerte, y es gratificante que sea un film como Miel…, la primera película digital en la Isla, quien haya inspirado la realización de los encuentros de Gibara. Del festival ya se ha dicho mucho, lo que yo sí puedo decirte es que como experiencia es única; es una gran fiesta, en el sentido más amplio de la palabra, es confrontación, polémica, alegría, fiesta popular. La gente sencilla de ese lugar ha vinculado sus vidas al festival: puedes ver perfectamente en la fachada de una casa un cartel que anuncie la bienvenida a los participantes del Festival, aunque equivoquen la ortografía y escriban “povre”; pero es muy tierno eso, que la gente de pueblo, los pescadores, vayan a las salas de cine y no se muevan de sus asientos para disfrutar una película de autor, eso no se da todos los días… El Festival es, antes que todo, un logro social, humano; y después una posición ética y estética del cineasta ante la vida. Gibara: ciudad abierta es un documental-regalo a Gibara y al espíritu de ese certamen, es mi visión personal de lo que he vivido en estos seis años.

—Cerrando con el instante en que te conocí: tú en medio del rodaje de Barrio Cuba como asistente de dirección… Creo que durante toda una larga etapa, la tradición del joven aprendiz forjado al lado de un maestro jugó un papel decisivo en el desarrollo del cine cubano y, sin embargo, ahora ya no es así… ¿Cuál es tu criterio sobre eso? ¿Qué te ha significado la cercanía a un director como Humberto Solás?

—Sí, ahora es de otra manera, es diferente, aunque no se puede ser tan absoluto… Pero antes, los que son hoy nuestros más importante cineastas, primero comenzaban en el documental, eran asistentes de dirección o producción de un director reconocido, más tarde directores asistentes, etc., y de ahí es que pasaban a la ficción y entonces es que hacían su primer largo. Recuerdo que la primera vez que me involucré en serio en medio de un rodaje, fue con el propio Humberto cuando filmó su documental Gran Caribe. Claro, aquí mi participación era más informal, solo estuve en la parte que se filmó en Santiago de Cuba y venían rodando por toda la isla, pero ahí me di cuenta de que ese era un buen camino para aprender. Es lo que te hablaba hace un momento, que participar en la película de los otros se podía traducir como una escuela. A partir de esa idea, siempre he dicho sí cuando me llaman y he alternado esa función con la realización de mis documentales. He asistido filmes de Humberto Solás, Jorge Perugorría, Arturo Sotto, Rebeca Chávez… Yo creo mucho en eso, en la relación maestro-alumno. Una vez Humberto me dijo que yo era “su apologista” y eso me alegró mucho, y yo creo que es verdad porque siempre he sido un defensor de su cine, de su estilo y de la gran persona que es.

—Bueno, una preguntita más, la del futuro… Antes diste a entender que el documentalista ya planea abrirse hacia otros géneros…

—En materia de cine todo son probabilidades… A los escritores o los pintores, independientemente de su condición social, les basta una pluma o un pincel, papel o lienzo, para realizar sus obras. Lamentablemente, en el cine hace falta mucho más que eso; por eso muchas veces no depende de uno mismo el sacar adelante tal o más cual proyecto… He estado con mis documentales en varios festivales internacionales y no hay premio que se compare a que tu obra sea debatida, interpretada y aplaudida por ese público que además no es el tuyo. Ahora estoy deseoso de filmar un documental que tengo en mente desde hace mucho tiempo, y realizar, por fin, mi primer corto de ficción. También redacto el guión de un largometraje. ¡Pero si te comienzo a detallar mis sueños no te alcanzaría la revista!