sábado, 25 de abril de 2009

ISABEL SANTOS. ACTUAR NO ES UNA HEREJÍA


Recuerdos, descubrimientos y reflexiones de la talentosa actriz, uno de los rostros imprescindibles del cine cubano

Por Sahily Tabares

El mar del recuerdo suele acercarle un extraño resplandor en los ojos. Tal vez porque trae del pensamiento a la voz, al alma, la memoria de huellas infinitas, silencios, distancias, tiempos que van de la mano de otras vidas, de la propia.

Silbidos veloces de añoranzas acompañan el retorno que parece nunca acabar. Nombres, anécdotas, emergen del recuerdo en el que se agitan flujos de relatos antiguos y nuevos, sentimientos liderados por la amistad, sitios conocidos o por descubrir.

Isabel Santos posee un cúmulo de vibraciones en la mirada, pletórica de emociones, conflictos, escenas memorables. No son pocos los nombres que la identifican con filmes, series y telenovelas. Escogerlos al azar significa intentar ese recuento, difícil cuando existe una historia de vida prolífica: Nereida (Clandestinos), Mascavidrio (La Botija), Amalia (Algo más que soñar) Yolanda (Se permuta), Vivian (Barrio Cuba), Maggie (El Benny), Justina (Pasión y Prejuicio)... Es amplio, complejo, el imaginario que gravita en su ser, en el hacer diferente, reconocido con numerosos premios nacionales e internacionales.

En la conversación, el ritmo de sus palabras mantiene impulsos de ráfagas inagotables. Dan fe de una fortuna mayor que trasciende a roles y fotos.

"En un documental sobre la vida de Viacheslav Tijonov, protagonista del serial 17 instantes de una primavera, él decía que los actores tienen arrugas en la frente, en la cara y muchas heridas en el corazón. Comparto esa opinión. El hecho de vivir tantas vidas, lacera. Igual ocurre en la realidad cotidiana. Cuando te llevas mal con un vecino y tienes que demostrar lo contrario, esa situación te lacera como ser humano.

"En cada personaje hay que enfrentar inseguridades, insatisfacciones. A veces una se embulla con un trabajo y no queda como esperaba. En el resultado influyen tanto el esfuerzo personal, como la producción, el vestuario, diversos factores.

"Actuar no es una herejía.

Resulta angustioso, gratificante. Igual que parir. Implica riesgos, mucho desgaste. Para mí, estar en la piel de un personaje condiciona actitudes, decisiones importantes. Por ejemplo, cuando hice el torso desnudo de la Amalia de Algo más que soñar, enfrenté tabúes, prejuicios. Tendría entonces 21 años. Sin estar en la piel, en la psicología de ese personaje, no hubiese podido hacerlo.

"Siempre agradeceré que el pueblo me respeta como mujer, como actriz. El mejor premio es recibir el cariño de la gente. No hay Coral que se compare con eso." Para ella, establecer límites resulta esencial.

"Le huyo a los programas en vivo, donde yo pueda ser la persona Isabel Santos. Nunca acepto conducir o presentar conciertos. Tampoco hago teatro, medio que respeto mucho. Le tengo miedo al público en vivo. Cuando me gradué no estuve en un grupo teatral, tal vez eso influyó en que no soltara ese temor. También me aburriría hacer lo mismo durante 15 días. En el cine trato de que una toma no se parezca a otra."

La atrapan relaciones con vidas y sentimientos diferentes, "son tan fuertes, que no desaparecen al terminar una filmación. Los personajes te persiguen durante un tiempo".

"Hacer una película es como inventar un sueño. Todos los implicados aportan. Tal es así que el último día del rodaje cuando dicen corten, no sé por qué, siempre se arma un llantén."

Los milagros de ser otras

La entrada a una nueva historia le propicia conocer un mundo excitante, asombroso. Lo construye sin prisas, excesos o recetas. No existe un método único. Al volver sobre algunas experiencias, retoma huellas de inspiraciones imperecederas.

"Justina caminaba por una cuerda floja. Logró salvarse de todos los embrollos, recurso clásico de la telenovela. No era mala por ser la mala. Fue un personaje que trabajé mucho".

"Mientras más experiencias acumulamos, más cosas queremos agregarle a lo que sale en pantalla. Cuando interpreté ese personaje no tenía 30 años, voy a cumplir 46. Sin embargo, me satisface cómo lo hice. La obra se realizó en pleno período especial. Todo el equipo contribuyó para sacarla adelante. La disciplina, los deseos de hacer, el empuje colectivo, salvaron las limitaciones materiales".

"A pesar de lo mala que era Justina, nos divertíamos. Verla de nuevo me hizo recordar anécdotas, maldades que nos hacíamos entre los actores. La reposición sirvió para que otras generaciones disfrutaran del trabajo de un buen equipo".

"En otros momentos, la doctora de Forense me permitió conocer a personas maravillosas. Hay que ser muy profesional para trabajar en ese lugar. El contacto con ese mundo, ayuda a enfrentar la muerte de otra manera. Incluso a cuidarte y velar por tus amigos".

"Maggie, en la película El Benny, es una mujer que quiere escalar. Su mediocridad está en que siendo del Caribe, quiere parecerse a las actrices de Hollywood. No estaba previsto que yo fuera la intérprete, pero un día que estuve en el estudio, escuché el background de la película y me puse a cantar. Juan Manuel Ceruto, el compositor de la música, me dijo: "Oye, eres muy afinada. Puedes hacerlo". Fue una sorpresa para todos. Quizás porque tengo la voz muy grave, soy una fumadora empedernida".

"El Benny es un relato más de hombres que de mujeres. No hay una historia fuerte sobre mi personaje, aunque tenía más escenas. Debido al tiempo, el director Jorge Luis Sánchez tuvo que cortarlas".

"En realidad el cine iberoamericano es muy machista. Almodóvar y Humberto (Solás) son de los pocos que han hecho cosas solamente para mujeres, no existe mucho más."
A Isabel le atrae, en especial, el hecho de explorar las posibilidades del cine musical en nuestro país.

"No hay dudas de que es caro. Pero permite aprovechar los valores, la calidad artística de la música cubana. Igual ocurre con las telenovelas. Según dicen, Brasil casi gana más por ese producto que por otros que puede exportar. Me preguntaba: ¿por qué razón, si nosotros descubrimos la telenovela? Falta una estrategia, que alguien descubra que el género puede dar dinero al país. Tenemos personas capaces para enfrentar el desafío de esa maquinaria. No pienso solo en vender. El pueblo cubano es muy agradecido con sus actores. Eso hay que tenerlo en cuenta."

Cantos del alma

Los sueños deambulan con Isabel por la casa. Revolotean por cuadros y serigrafías que le han obsequiado amigos de diferentes países.

Los personajes suelen llegar a través de la fragancia de un perfume o por las brújulas de canciones de Elena Burke y Joaquín Sabina. Es imposible precisarlo. Intensos momentos viajan del baúl de los recuerdos para fundar milagros.

"Es algo mágico", define.

Igual le ocurre en su relación con Humberto Solás, Premio Nacional de Cine 2005.

"Lo reconozco como un gran maestro en la dirección de actores. Basta una mirada suya para llevarme a los extremos. Logra que me sienta dirigida y querida a la vez. Llegó para salvarme en momentos en que no quería actuar más. Lo considero uno de los dos o tres dinosaurios que quedan en el cine latinoamericano. Su maestría es tal, que de personajes en apariencia banales –como la Vivian, en Barrio Cuba- cuyo único conflicto es que no puede tener un hijo, empezó a sacar aristas junto conmigo, y me dejó hacer.

"Con él hay que tener la chispa encendida. En el set puede cambiar una escena, reescribirla al momento y entregártela ahí mismo para hacerla. Otras veces él sabe que va a doblar la escena. De pronto empieza a pedir emociones. Hay que tener como dos canales. Uno con el que estás interpretando; mientras que en el otro hay como un Pepe Grillo. Es él mismo. Te hace entrar en un mundo mágico. Hay que escucharlo, responder a sus órdenes. Me fascinan su estilo, su audacia, rasgos muy propios de Humberto. Estas particularidades no son frecuentes."

La ausencia de propuestas de trabajo y su repercusión en la vida profesional y personal, forman parte de sus preocupaciones. "Ahora los autores escriben para mujeres mayores o jóvenes. Apenas tienen en cuenta la edad intermedia. Los directores piensan que no vas a aceptar un personaje de tu edad. Creo que la riqueza del actor y la belleza de la mujer están en aceptar una nueva etapa de la vida.


"Desde que hice la serie Forense, no tengo trabajo… He estado hasta dos años sin cobrar. No soy una excepción, a muchos actores les ocurre algo similar. Pero tampoco voy a tocar la puerta de nadie. Hay que respetar que cada creador trabaje con el elenco que elija.

"Hace algunos años me vanagloriaba de que nuestra TV no era de enlatados. Esto ha cambiado. Lo triste es que mientras se ponen los enlatados, los actores y las actrices estamos sentados en la casa…

"Nuestra televisión tiene que velar por las opciones que les damos a los diferentes públicos en los cuatro canales. Sobre todo desterrar el mal gusto, la improvisación. Para algo existe la Academia donde se privilegia la disciplina, la solidez de los conocimientos, la influencia de los buenos profesores. Yo le debo tanto a Raúl Eguren, una cátedra en la especialidad de actuación.

"Los muchachos necesitan a los mejores maestros, deben participar en talleres con personalidades de otros países.

"La TV es lo más noble o lo más peligroso. Piensen en cuántas cosas nos han hecho creer a través de esa pequeña pantalla."

La emoción de descubrir

Anda por la vida con deseos de indagar, en todas las señales posibles, para conocer mejor al ser humano.

De ese interés surgió San Ernesto nace en La Higuera.

"Nunca me propuse hacer un documental. Llegué a Valle Grande para participar en la película Di buen día a papá, del director Fernando Vargas, una coproducción entre Bolivia y Argentina.

"La magia del lugar donde se encontraron los restos del Che, la comparten sus moradores. Las historias que escuché me inspiraron para tomar apuntes. Cuando llegó mi compañero, el director de fotografía Rafael Solís, le dije: "Creo que aquí hay un documental. Ya tengo las historias, los personajes, los lugares".

"Juntos avanzamos para plasmar lo que muestra San Ernesto nace en La Higuera: una gran emoción al encontrar en tierra boliviana otra mirada sobre el Che, la de venerarlo como un santo.

"Hicimos el documental con sinceridad, sin panfleto. Creo que nuestra visión de ese hombre excepcional también es válida. Tuvimos el apoyo de técnicos y artistas bolivianos y cubanos. La producción estuvo a cargo del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC).

"Ha recibido premios en festivales y encuentros pero lo que más nos ilusiona es que la gente lo vea. No me considero una documentalista. Tampoco pretendo hacer una obra como cineasta, no es mi intención. El día que aparezca otro tema apasionante, volveré sobre el género.

"Tengo muchos deseos de trabajar. Quisiera tener un programa de radio semanal, en vivo, para hablar de la vida, de la gente. Lo ideal sería que los oyentes pudieran llamar. Establecer un diálogo, acompañarnos con buena música.

"Nunca renunciaré a la actuación. Tengo muchos deseos de trabajar, de salir de la inactividad. Añoro el camino que escogí: actuar, vivir muchas vidas."

Fuente: revista Bohemia, 21 de septiembre de 2007