sábado, 13 de junio de 2009

ISABEL SANTOS.....Lo que me quita el sueño es no tener un buen proyecto en la mano.

Por Carlos Barba
REVISTA SiC No 21, enero,febrero,marzo de 2004

Cuando uno se encamina en determinada profesión y decide cuál será su destino,comienza a transitar por caminos de esperanzas y alientos.Como realizador, a cada momento, imagino algún que otro actor de mi preferencia interviniendo en mis futuras obras. Me han convencido tanto en sus desempeños y bajo otros mandos que me gustaría repetir la experiencia desde mi posición de autor. Así me sucede con Isabel Santos. Las mujeres que ha interpretado han sido muy especiales,contradictorias y bellas. Cuando la descubrí en la pantalla grande era todavía un niño y quedé impresionado con la Nereida de Clandestinos. Luego llegaron otros personajes a los que insufló naturalidad y maestría. El cine le ha premiado, pero la televisión y el teatro también la han acogido con agrado. Sin embargo, parece ser que para Isabel el séptimo arte es algo venerable. Conversar con ella no fue tarea fácil, todo lo contrario. Revelar exquisitas historias pasadas de alguien tan popular y querida me ha motivado sobremanera. Muchas cosas podría decir,ahora, aquí; sin embargo, esta conversación ha sido tan reveladora y honesta que es mejor darle paso.
Estoy seguro de que en este aniversario 45 del ICAIC no hay mejor regalo,para los que amamos el misterio de la sala oscura, que la franqueza, pasión y el deseo de seguir haciendo cine de una de nuestras mejores actrices.


Yo creo que desde niña siempre quise ser..., tú sabes que uno quiere ser bombero y a veces cuando es grande no cumplió el sueño, mi sueño siempre fue ser actriz, en medio de un campo, en un batey de diez casas o menos, cerca de un central azucarero, era mucho más adentro, eran por donde estaban los cañaverales del central, bueno, por ahí vivía yo, en la provincia de Camaguey y en el antiguo Central Senado, que hoy se llama Noel Fernández y después a dos kilómetros de ese central vivía yo.
Y era que mis padres vivían en el mismo Camaguey, dejaron su casa un buen día y decidieron irse a aquellas cosas que le decían granjas del pueblo, que llamaban a la gente para que fueran a fundar granjas del pueblo, y mis padres, que eran como dos románticos, fueron para allá, fundaron las granjas del pueblo y más nunca se fueron de allí.
Yo llegué con 45 días de nacida, allí no había luz eléctrica, yo vine a ver la luz eléctrica cuando tenía como catorce años, había una plantica que era el sueño de todos, recuerdo que sólo había un mecánico que era el único que la sabía arreglar, y cuando se rompía eran años sin la planta hasta que un buen día el mecánico le daba por arreglarla, entonces había un círculo social con un televisor, adonde íbamos a ver las aventuras de los mambises, esa es la visión que yo tengo de lo poco que podía ver de televisión,cuando esa planta estaba arreglada, que por supuesto no duraba nada, y bueno hasta que un día se chivó el televisor también. Yo recuerdo siempre, para que tú veas como es la vida, que yo digo que a veces las cosas no suceden por gusto, yo recuerdo que la primera película que yo vi en la pantalla grande fue Manuela.Otro día viene el documental Por primera vez, todas esas cosas yo las veía a través del carrito móvil que pasaba por allí y todo el mundo sacaba el taburete o el banquito y contra un almacén grande que había, que echaban abono dentro, en esa pantalla grande, era donde yo veía el cine. Para mí fue impresionante ver aquello, y después con los años me dije: Esta película que yo vi es Manuela. Después vi cosas buenas y malas, pero para mí era lo más grande del mundo. Te repetían las películas porque el carrito tenía que cumplir el ciclo, pero uno las veía, porque en medio de la oscuridad de la noche lo único que uno veía era aquello, por eso siendo tan pequeña recuerdo tantas cosas.

Una vez que fui a Uruguay recordé mucho ese tiempo de mi infancia, estábamos en Montevideo y proyectaban el documental Por primera vez, que no lo veía desde niña, y me di cuenta que la cara de esa niña era lo que yo siempre quise ser, esa niña era yo enamorada del cine, por eso aunque me digan...bueno, mucha gente me ha criticado porque he dicho que me gusta más el cine que el teatro, y todos los actores, por un problema de fidelidad, dicen el teatro para mí es lo más grande.Yo creo que a pesar de que pasé por una escuela de arte, con una formación muy teatral, aunque un actor sale de allí preparado para cualquier cosa, pero chico, no sé que me atrajo del cine que no me interesa hacer teatro, lo he hecho pero no es lo que más me fascina, me canso mucho de repetir lo mismo, y como el cine es ese momentico, el cine es ese instante, eso que se puede captar, que a veces tú lo tienes dentro y si no lo sueltas es como el tren que pasó y si no te montaste te quedaste en la estación .Tampoco me gusta ensayar mucho en el cine, porque voy guardando mis cosas, sí trabajo mucho yo sola, o sea, desde el trabajo de mesa, con el guión, después que lo leo dos o tres veces no lo hago más hasta que me voy a aprender la letra. Empiezo a trabajar el personaje en mi cabeza y todo lo que me pasa es como un rollo fotográfico donde comienzo yo misma a marcarme mis movimientos, o mis encuadres, ya lo veo como si fuera cine, así comienzo a trabajar mis personajes.

Bueno,para seguirte el cuento. Entonces después viene la primaria y paso más trabajo que perro amarrado a una soga, porque tenía que caminar aquellos dos kilómetros. Todavía tengo faltas de ortografía, por eso no me aceptaron en el ISA, porque como en aquel bateycito había una escuelita de guano, cuando faltaba la maestra, porque llovía u otra cosa, cualquier mujer del lugar, que quizás tendría tercer grado, daba su paso al frente y decía que nos daría clases. Además, otros maestros que tuve tenían cuarto, quinto grado, así que te podrás imaginar. Yo lo que fui muy soñadora...

Bueno de ahí me fui entonces para la escuelita del Central, ya ahí tenía que agarrar una guagua ocho kilómetros para llegar a la secundaria; como tenía atraso escolar no me aceptaban en las secundarias básicas y yo me moría por aquel uniforme y aquella corbata azul, y hablaba y hablaba, hasta que ya por cansancio me aceptaron en una de las escuelas.
Estando ahí era cuando el Destacamento Pedagógico y yo hacía cosas con ellos.Y un buen día alguien me avisa de que esa misma noche iban a hacer unas captaciones en otra secundaria, y yo me voy para allá. Era un hombre el que estaba haciendo las pruebas, un profesor que no recuerdo su nombre, había estudiado pantomima en Polonia. De todas aquellas gentes que vinieron de todo el plan ESBEC a hacer pruebas, me aprobaron a mí. Por su puesto cuando le dije a mi mamá que me iba para La Habana me dijo No, y entonces yo misma firmé la planilla. Me puse mi mejor pantalón, tenía dos, de lástex, me monté en aquella guagua Girón y llegué a la escuela de arte, que para mi visión de guajirita era un lugar lleno de espejos, cristales y candelabros, un gusto muy cheo, pero era lo que yo me imaginaba debajo de aquel mosquitero en mi casa.

Llegué a un grupo donde todos eran hijos de actores, de profesores universitarios. Yo nunca había ido al teatro, y tuve un buen profesor de Historia del Teatro que me decía que tenía que leer mucho, tienes que prepararte, y yo me di cuenta de que todo lo que él me mandaba a leer ya yo lo había leído porque mi mamá, como no había TV, para que no me aburriera, iba a un pueblecito cercano y llenaba dos jabas de libros, y me los daba. Y puedo decirte que con tercer o cuarto grado yo me leí Madame Bovary. Y eso me sirvió enormemente, me di cuenta que los hijos de...no se habían leído ni el Quijote, y yo tenía una madre de sexto grado que si se preocupaba mucho porque yo leyera. A tal punto, que devoro un libro en un dos por tres; a veces la gente me presta un libro y piensa que no lo disfruto porque lo devuelvo enseguida, y no, es la costumbre que tengo de la lectura, siempre ando con dos o tres al retortero, eso sí me ha ayudado mucho en mi trabajo. Bueno, ya en la escuela de arte tenía muchas lagunas, sobre todo para el cine, el no tener buenos profesores en mi infancia y adolescencia me hizo estudiar muchísimo, era alumna de cinco, mientras todo el mundo comenzó a tener novios, relaciones sexuales, para mí ni muerta, porque tenía terror de una relación y que si salía embarazada y yo no había cumplido una meta que era ser universitaria, graduarme, ser alguien, porque tenía sueños, yo recuerdo que cuando yo caminaba unos kilómetros rumbo a mi escuelita me decía: Tengo que ser algo, tengo que ser alguien. Yo no sabía cómo iba a llegar, pero era eso lo que quería.Yo no me quería casar, tener diez hijos y quedarme allí, yo tenía que salir de allí, y tal vez era eso lo que me impulsaba en la escuela de arte a seguir en lo mío, mientras que otra gente estaba en la bobería... o viviendo la vida. Te estoy hablando de los años setenta y pico, mis padres me mandaban 35 pesos, que cuando aquello cogí vicio de fumar y me los comía en espaguetis y en ir a la Cinemateca, porque yo esconomizaba todo muy bien para ir a la Cinemateca a ver todos los ciclos que ponían, de lo que fuera, a ver teatro, pero más iba a la Cinemateca, para ser sincera y fumaba mi caja de Populares y no me importaba; yo no tenía ropa que ponerme, iba en uniforme.

Cuando estoy a mitad de primer año, la televisión no tenía jóvenes y Juan Villar decide hacer un casting para entrar gente joven de las escuelas de arte, la TV se opuso a aquello porque no éramos gentes del medio, porque acababa de terminar la TV en vivo prácticamente,etc. Bueno el casting fue para papeles muy pequeñitos, pero de momento me dan uno de los protagónicos de la telenovela. La gente le dijo que estaba loco.Yo no sabía dónde estaba la cámara ni donde estaba nada, yo actuaba a nivel de intuición. La suerte es que caí en buenas manos y en el elenco tenía a Eloísa Álvarez Guedes, Salvador Wood. La telenovela se llamaba Pasos hacia la montaña y era sobre los brigadistas; yo hacía un personaje de una testigo de Jehová que no se dejaba alfabetizar, un papel bien complicado. Después hice El tiempo joven no muere, otras cosas cortas y cuando me gradúo hago la prueba porque no quería irme de La Habana, pero desapruebo en el ISA y me mandan para el grupo de Teatro de Camaguey. Cuando llego me dicen que las plazas estaban llenas y me voy para Ciego de Ávila. Allí me pasé casi tres años y nunca me dieron un personaje. Yo iba, marcaba una tarjeta, me pagaban un hotel, una dieta y yo era muy feliz con aquello.
Luego me mandan a buscar para el proyecto Algo más que soñar, que duró, entre la preparación y qué se yo, como tres años. Vengo para La Habana sin terminar el Servicio Social. En ese tiempo que se estaba escribiendo y estábamos haciendo todas las pruebas para esta serie me llama Juan Carlos Tabío para hacer Se permuta.

Tu primera película...
Así es. Hago el casting y había dos actrices para ese personaje. Una de ellas Lili Rentería, que en ese momento era una de las bellezas más grande que yo he visto como mujer, ella estudió conmigo, parecía un ángel y yo decía: ¡ Aquí jamás en la vida! Me fui para casa de mi tía en Santo Suárez pensando que eso no era para mí. Y por la tarde llegó el productor y me dijo: El personaje es tuyo.Y ahí es donde realmente entro al cine. Entonces aquí Juan Carlos comenzó un arduo trabajo conmigo, a enseñarme el mundo del cine, aprender a lidiar con la cámara, o sea, cómo una persona que empieza puede ser orgánica, creíble, con todo lo medido que es el cine, desde marcar el piso hasta el foco y así una serie de detalles que tienes que tener en cuenta. Yo incorporé todo esto muy rápido.Para mí era como un juego, y todavía lo sigue siendo.Tú sabes que yo nunca he perdido eso, es donde único mantengo el candor...

Con Se permuta te llevaste un premio en el Festival de Río de Janeiro. Cuéntame de esa experiencia...
Yo viajaba por primera vez y fue con Humberto Solás, recuerdo que íbamos sentados juntos. Allí conocí a Dennis Hooper, a Nikita Mijalkov. Nikita si sabía bien quién era, pero Dennis Hooper no y él desayunaba todas las mañanas conmigo y yo no sabía quién rayos era.Y a él, parece, que aquella inocencia mía le encantaba. Era el primer Festival de Río de Janeiro y nadie sabía quién era yo, ningún periodista me buscaba para entrevistas, nada ocurría conmigo. Al final, yo recuerdo que Humberto estaba de jurado y yo me estaba vistiendo en mi habitación y Juan Carlos Tabío esperándome en la puerta y me dice Humberto: Tienes que bajar como si nada hubiera pasado, y no puedes decir nada, pero te acabas de llevar el Tucán de Plata, que es el Gran Premio de Actuación del festival.Y yo no quería aquel premio porque pensaba que para tener un reconocimiento como ese debía ser con un personaje desgarrador, que cómo me iban a dar un premio por eso que yo había hecho. Estaba también en el jurado Sonia Braga y mucha gente importante y me dan el premio compartido con una actriz italiana que se llama Giulia Boschi por la película Pianoforte. Recuerdo que Daysi Granados estaba a mi lado y me decía: ¡ No te puedes caer! y saludas a la gente. Yo nunca había visto tantos fotógrafos delante de mí, las piernas me temblaban, yo no hallaba como aguantar aquel Tucán. Recuerdo que Humberto, vestidito de blanco, me miraba con una cara de orgullo tremenda de que él estaba en el jurado por Cuba, me imagino que se fajó muchísimo por ese premio, porque en los jurados se forman unas broncas enormes y cada uno quiere que su país gane. Esa noche tuve ese instante de gloria de que todos los fotógrafos querían retratarme, todo el mundo me felicitaba, me enamoraban, bueno, lo que te cuente es poco.

Después vino Lejanía...
Bueno, después fue todo muy rápido. Entro a hacer Algo más que soñar, que estaba como proyecto, que duró un tiempo porque había mucha plata en ese momento, sino se hubiera hecho algo más rápido, y luego vino Lejanía, en la que interpretaba a una mujer que se había ido del país y después regresaba. Hago ese personaje, pero es que yo todavía no había viajado, yo viajo a Río luego de filmar Lejanía y entonces el director, Jesús Díaz, me pedía mirar La Habana como redescubriéndola. Ahora yo lo miro a la distancia y pienso que tuve que hacer un gran esfuerzo. Me pedía esa nostalgia y esa añoranza de cuando uno sale, que le pasa a todo el que vive en una isla. Una película que me dejó buenos recuerdos y experiencias. Hace poco se la presté a Broselianda Hernández, y me dijo cosas muy bonitas, me comentaba que ya no se estaban haciendo cosas como esas, y me dije que tenía que volverla a ver.

Creo que llegó la hora de hablar de Clandestinos.

Ya aquí tenía un poco más de madurez en el sentido de que estaba recién parida.Cuando me propusieron Clandestinos mi hijo tendría seis meses. Y recuerdo que Fernando Pérez llegó con una humildad tremenda, con aquella sinceridad que lo caracteriza y me dijo: Yo no sé dirigir actores, quiero que tú me ayudes. Nos fuimos a ver a Norma Porra, pues el guión estaba basado en ella y Machaco, pero además en esa historia de amor de la que nunca se hablaba. Nos pasamos toda la noche y ella nos dijo que no quería héroes en pedestales, sino seres humanos, que si pasaran los años ella no se atrevería a hacer lo que hizo en esos momentos. A mí se me quedaron muchas cosas de aquella conversación. Empecé a trabajar mi personaje a partir de lo que aquella mujer me decía, me transmitía, fue un diálogo como para haberlo grabado. Cuando nos describía los hechos tenía las llaves del carro en la mano y en la medida que nos contaba iba haciéndole una ranura al sofá y nunca levantó la vista. Nos pasamos horas y horas hablando sobre aquello, era muy impresionante ver a esa mujer, pero a la vez muy tierno.
Recuerdo que la gente en la calle me preguntaba: ¿De qué trata esa película? Y le decíamos que trataba sobre la clandestinidad. Y nos respondían: Ay, lo mismo de siempre... La gente me dice que es mi película, yo no creo que sea mi película, ni mi mejor personaje, lo que pasa es que uno va quemando etapas como actor. Y es una historia de amor, que quizás es la clásica, pero hecha con una verdad muy grande, que sí me marcó mucho.


Yo creo que la escena final es decisiva para el filme.Tal vez ese epílogo tan impresionante y tan bien logrado dejó huellas en la gente, por lo menos a mí me sucedió...
Mira, tiene que ver hasta con lo que te está pasando en ese momento como ser humano. Ahora que hablas del final, recuerdo que en esa escena nos habíamos pasado ocho noches haciendo todo lo del apartamento y lo de la azotea. Pero teníamos que amanecer para la bajada, o sea, cuando los policías nos separan a Luis Alberto García y a mí. No nos podíamos pasar de hora y lo que hicieron fue poner cinco cámaras. Una de esas noches me había sorprendido la madrugada en la escalera, las noches anteriores estábamos inflamadísimos porque lloramos mucho el primer día en los tanques de agua y la inflamación no la da un maquillaje, o sea, había que llegar, el llamado era a las dos de la mañana, empezar a llorar para inflamar esa cara para la continuidad de la escena. Bueno, yo estaba tirada en la escalera con un cansancio que no podía más. Yo tenía a mi hijo chiquitico, me había acabado de separar y no tenía casa donde vivir, o sea, yo estaba viviendo otra película y llegó un momento como que me bloqueé y estaba fresca como una lechuga. Y díceme Luis Alberto: Santos, ¿y tú no piensas llorar esta madrugada?, y le digo: No, ve y dile a Fernando que suspenda, que son tantos los problemas que tengo en mi cabeza que estoy fuera de esto. Y Fernando vino, habló conmigo, me decía que recordara todo lo que hablamos con Norma, y a mí pues me molestaba lo que decía Fernando, que llorase por todo lo que pasó ahí de verdad, por los que murieron, por lo que yo había llorado en otro momento de la película; y de pronto le dije: No me digas más nada, porque creo que no voy a llorar ni por todos los muertos del mundo. Me cerré, yo que soy una gente dúctil me puse como a lo bestia, eso de que no me sale, pues se suspende. Se fue Fernando, sin hablar nada, Luis Alberto miró hacia arriba, luego a mí, se apoyó en mi rodilla y me dijo: Santos, ¿cuántas cosas hemos perdido este año? Mira, eso fue como si me pincharan el alma, empecé a llorar con todas las ganas con que no lloré todas las noches anteriores, me desbloqueé, y era llora, llora y llora y Luisito me dijo: Ok, sé que estás llorando por todo lo que has perdido, ahora quiero que empieces a llorar por lo que vamos a hacer aquí. Lo que bajó por aquella escalera...bajé tan en el personaje, se me olvidó que no tenía casa, que mi hijo se había quedado sin papá con seis meses, era un momento tan jodido de mi vida que quizás cuando veo la película recuerdo ese momento.

Fernando quiso repetir el final, porque había un bocadillo que no dije, algo así como: "esto ustedes lo van a pagar algún día...", y yo no hablaba y había cinco cámaras encima de mí y Fernando me gritaba: ¡ Habla! y yo me quedé con mi boca cerrada, yo no creía en decir aquello y no lo dije. Cuando él estaba editando me dice: Yo voy a pedir hacer un retake de esto y voy a pedir un día de filmación. Yo no le dije nada. Acto seguido salí de la mesa de edición, me fui para la peluquería, y era cuando se usaba el punk con los pelos parados, y de como tenía el pelo me lo corté bien bajito, así como lo tienes tú y volví.

¿Volviste a la sala de edición?

Claro que volví...y Fernando me dijo: ¡Esto tú no me lo puedes hacer!, yo voy a buscar una peluca. Entró mucha gente y le dijeron: Fernando, el final está ahí. Fue muy gracioso, a él nunca se le olvida ese día. Fíjate que es la única película que yo he visto en la mesa de edición, nunca me ha gustado meterme en eso, aunque no tengo mal ojo.

La pareja Luis Alberto García-Isabel Santos...

Hicimos mucho tiempo esa pareja en el cine, creo que también nos dimos cuenta de que siempre trabajábamos juntos, y fue muy inteligente separarnos como pareja en el cine. También coincidió que nos llamaran para Clandestinos, después Adorables Mentiras. Hacíamos muchas cosas en televisión juntos y la gente siempre nos veía y hasta les gustaba, después no, lo último que hicimos fue La vida es silbar y eso es bueno, dejar descansar esa unión y al paso de los años volver a la obra y ver cómo te encuentras en pantalla. Aunque sí es un actor que conozco mucho, somos amigos y es mucho más fácil trabajar porque sabes como es, sabes cómo puede reaccionar ante cualquier situación y eso ayuda en el trabajo.

Hay un personaje en tu carrera que ha sido un poco controversial, me refiero a Chrissy, en La vida es silbar, bajo el mando también de Fernando Pérez.¿Qué me puedes decir?
Mira, ese personaje fue como un mazazo en mi carrera. El personaje no era para mí, Fernando lo tenía para una actriz de habla inglesa y que por problemas de dinero, ni el sol, y entonces después el productor quería una actriz española y Fernando no quiso y se me apareció aquí en mi casa con un libretico debajo del brazo. Yo sabía que él estaba preparando una película y me dió mucha alegría verlo entrar por esa puerta, pero cuando me dijo de que se trataba me aterré. Pero yo, que soy una mole que va tumbando paredes como un tren, le dije que lo iba a hacer. En esos momentos había una alemana que se estaba pasado unos días de vacaciones aquí en Cuba, que había estudiado español en Madrid, y un amigo me lleva a conocerla para ver cómo hablaba, y estuve con ella varios días aprendiendo, escuchando...Fue complicado, porque fue un personaje que yo no entendía bien, pero, bueno, yo soy muy osada y atrevida, tampoco había hecho un desnudo completo en el cine.Yo sabía que estaba en manos de alguien que me quiere mucho, que es Fernando, y estaba además en las manos de Raulito Pérez Ureta, que es un fotógrafo excelente. Fernando quería que estuviera rapada en la película, yo tenía el pelo largo, y yo decía: Bueno, cómo se verá mi cabeza, que nada más me la conoce mi madre cuando tenía cuatro pelusas. En fin, me rapé y le agregamos mis espejuelos, yo soy miope. Al ser una actriz tan conocida, como que la gente no me vió en ese personaje, no me creyó, y te lo juro por mi hijo que lo hice con la vida, creyéndome aquello con una verdad enorme, me monté en aquel globo aunque no me pagaron seguro de vida, y yo siempre decía que ese globo se podía caer, recuerdo que el día que me tocaba la escena del globo, mi hijo estaba durmiendo en la mañana y yo me fui a despedir por si me pasaba algo; si, muy melodramático, pero cierto.
Cuando se estrena la película estábamos en la UNEAC, yo me sentía muy mal, lo menos que yo quería era verla. Para mi el público es un gran termómetro y no encontraba que había respuesta de aquello. Luego de la proyección hay un conversatorio y se para una norteamericana a preguntar de qué país era la actriz. Después se para una muchacha alemana, que estaba rapada igual que el personaje, y pregunta que esta actriz desconocida en qué país él la había buscado. Yo me quedé con aquellas dos opiniones, pero bueno, la crítica me hizo talco. Yo nunca me he preocupado, o sea, si oigo a los críticos, pero no soy de la gente que se pone huraña por una crítica, a veces puede ser todo muy subjetivo, no ser un buen crítico, pero le dieron el espacio para criticar y eso lo respeto, cada uno se defiende como puede. Recuerdo una vez que iba en el carro con un amigo y en un semáforo coincidimos con un crítico que me había destrozado y mi amigo me decía: ¡ Grítale algo por la ventanilla!, fue gracioso. Sin embargo, después hago Aire frío en la televisión y ha sido una de las críticas más amorosas que me ha hecho esa misma persona.

Aire frío, que si te dió muchas satisfacciones. Recuerdo que en el programa de verano En familia, Veronica Lynn dijo cosas muy lindas sobre tu Luz Marina. Sabemos que Verónica es celosa con ese personaje. Sin embargo, parece que contigo hizo alguna concesión...

Qué bonito..qué lástima que no pude ver el programa. Bueno, de ahi tengo cosas curiosas. A Verónica le dan la madre de Luz Marina, pero Luz Marina siempre lo hizo Verónica. Estaba muy seria y entonces en los ensayos decía: Eso no se hacía así, y la directora preocupada me miraba y yo le digo: No, yo estoy buscando en Verónica muchas cosas, aunque me veas callada soy una esponja en estos momentos, sobre todo porque es una gran actriz, una mujer superinteligente que domina muy bien el medio. Bueno, empezamos al revés filmando el final. Yo, a la hora de ensayar, como te dije, nunca te suelto lo que tengo dentro, te marco, y eso le molesta a algunos directores, porque la gente se está desgañitando y está entregando cosas y yo en los ensayos soy el ser más frío y más parco del mundo. Pero ya he trababajo a lo bestia, me he metido una noche entera trabajando aquí en mi casa, sola, con tres cajas de cigarros y un termo de café, trabajando a lo animal de verdad, y entonces yo tenía mi personaje ya, pero cuando llegamos al final Verónica le dice a la directora: Esa es Luz Marina. El último día sucedió una cosa muy bonita, ella estaba en un cuarto y yo fui y le dije: Verónica, gracias por prestarme tu Luz Marina. Ella me dijo: No, yo no te la he prestado, a mí me ha gustado mucho lo que has hecho, tú hiciste tu Luz Marina y yo hice la mía, y tenía toda la razón, pero era un poco agradecerle a aquella mujer que lo había hecho tantas veces en el teatro, que me hubiera apoyado, y por su delicadeza después de hablar bien de mi trabajo, de ese personaje que ella se lo conoce mejor que yo.

La televisión, ¿qué ha significado para tí?
La televisión, con la rapidez que tiene, a veces no te deja hacer las cosas como uno quisiera, a pesar de que yo siempre he sido muy exigente con mi trabajo, con los resultados. La TV es un medio que uno tiene que hacer, es la que te da para llenar la olla de frijoles, pero a pesar de toda esa maquinaria, hay que hacerla bien, lo que pasa es que hay mucha gente que va allí a decir letra. Es un medio que a mí me gusta, después del cine es en lo que más he trabajado.

Tuviste mucho éxito con Justina, en la telenovela Pasión y Prejuicio, y no era un protagónico. Sin embargo, comparando este personaje con el que hiciste en otra telenovela, Entre mamparas, que eras la figura principal..., ¿cuál te aportó más?

Lo que pasa es que el personaje de Justina es la típica mala de las telenovelas. Yo me divertí muchísimo, fue un personaje muy bien escrito y con muchos matices. Hasta llegaron a tirarme piedras y latas en la calle, la gente odiaba a Justina, mi hijo se fajaba en la primaria por las cosas que le decían de mí. Por otro lado, Entre mamparas, es una novela que creo le faltaron cosas. A veces las telenovelas no reúnen los códigos necesarios y entonces no son bien aceptadas por el público. Nada, a veces son trabajos que uno hace y no quedas todo lo contento que quisieras. Sí me sentía bien con la directora y el elenco era muy bueno, yo pienso que la cosa estaba en la dramaturgia, de poner la telenovela en dos partes, pienso que ahí caía un poco la historia.

Isabel, antes de Miel para Oshún, ¿ qué tiempo estuviste sin hacer nada?
Yo me paso mucho tiempo sin hacer nada. A veces por proyectos que no caen, o porque lo que me proponen no me interesa, o porque la gente piensa que cuando no te den un protagónico le vas a decir que no, error garrafal. Pasa el tiempo y en el cine hay directores que se amarran contigo, otros que no. Pasaste por una película y ya después no le interesas más. Antes de Miel para Oshún lo último que yo hago es Aire frío para la televisión cubana. Bueno, en el momento en que Humberto Solás me llama para la película yo estaba pasando por un problema personal muy jodido, estaba pesando 48 kilos, te podrás imaginar y yo recuerdo que ese fue un día feliz para mí porque era un sueño trabajar con Humberto, un hombre al que siempre había admirado, que lo veo como el nombre grande en la marquesina del cine cubano, un hombre con mucho paladar. Ya te digo, en ese avión en que íbamos para Río de Janeiro a inicios de los ochenta, él me dijo: a mi tú me gustas mucho como actriz, el día que aparezca un personaje vas a trabajar conmigo.
Después hice el casting para la Sofía de El siglo de las luces y él tuvo la delicadeza de ir hasta mi casa a decirme cosas hermosísimas sobre la prueba que yo había hecho. Después pasó el tiempo y Humberto dejó de filmar y yo me decía que nunca iba a poder trabajar con él, porque se va la juventud y hay directores que te piensan de un manera y ya no eras la misma o no tienen el personaje para la madurez que vas adquiriendo. Bueno, ese día llegó Humberto aquí, con Sergio Benvenuto, primer asistente de la película y me dijo: este guión es para tí, y yo sin leerlo le dije: Sí, lo voy a hacer, pero empecé a llorar, era como una tabla de salvación en lo mal que yo me podía sentir. Luego me voy para México y después me avisan que va a empezar la película. Regreso a La Habana y se inician los trabajos de mesa, a armar el muñeco, como digo yo. Humberto sabe muy bien dirigir a los actores, llega al set sabiendo lo que quiere y cuando pasa algo es de la gente que es capaz de aprovecharlo todo, por ejemplo, el plano del tren fue casualidad, ya lo habíamos hecho y lo repetimos porque apareció el tren y nos servimos de eso para la toma, te podrás imaginar cuánto vale alquilar un tren...

Me imagino, no estamos en los tiempos de Clandestinos, que ahí si pasaba a menudo un tren de carga...
Verdad que sí, fíjate que yo decía: Dios nos puso el tren, pero como eso, Humberto le sacó partido a muchas situaciones durante la filmación. Otras de las cosas suyas es que sabe, aprende a conocerte. Hicimos él y yo un tipo de relación especial, nada más me miraba y ya yo sabía lo que me venía a pedir, yo sabía lo que quería, yo sabía si me estaba pidiendo más o me estaba pidiendo menos, qué le podría gustar de mis propuestas. Es una gente de un buen gusto impresionante, con quien disfruté es mes y pico de filmación, seis semanas, aprendí muchísimas cosas, conocí a un ser humano entrañable. Humberto sería uno de los directores que no me importaría para qué personaje me llame.
Yo he tenido muy buenas relaciones con los directores con que he trabajado, recuerdo que Juan Carlos Tabío me trataba como esa niña que desconoce el cine. También aprendí muchísimo de Fernando Pérez, con Jesús Díaz, con Chijona en Adorables mentiras, que es un tipo súper quisquilloso, que le gusta ensayar, ensayar, ensayar y discutíamos mucho por eso. Con toda la gente que yo he trabajado, incluyendo actores, me he sentido bien, una se queda con muchas cosas, a mí me gusta seguir manteniendo ese vínculo después, aunque no sigas trabajando con ellos. Siempre me ha gustado tener buenos actores a mi lado y buenas personas, además. Porque yo creo que las bilis, los venenos, esas cosas se ven en la pantalla. Y aunque he hecho trabajos en mi vida en momentos en que he estado muy en baja, siempre he tratado de decir: hasta aquí llegué yo y aquí empieza este personaje, porque lo que sí he aprendido es que en esa gran pantalla lo más imperceptible, lo pequeño se ve.

Para una actriz que no le gusta hacer ensayos, imagino que eso te obligue a trabajar el doble, ¿es así?
Así msimo, tienes que ir con mucha seguridad, y no siempre tienes el día con la confianza que necesitas para eso, te puedes equivocar, y te das cuenta quizás que necesitabas más, o ensayo, o de tí, o que pifiaste, eso también me ha pasado, por confiar tanto en esa intuición mía.

Y Miel para Oshún, que es tu primera road movie, ¿Cómo te sentiste grabando casi de modo progresivo por toda la isla? Humberto aprovechó el cansancio real de ustedes, aparte de que su estilo es reescribir las escenas en el momento del rodaje. Háblame un poco de esto.
Mira, yo me adecuo muy fácil a la situación. Es mi primera experiencia haciendo cine por toda la isla. Yo lo msimo trabajo con un guión cerrado, inamovible, que el director no quiere que cambien nada, que con uno abierto, flexible. Yo trato de ser dúctil y mientras pasa el tiempo mucho más. A mí me gusta que me dirijan, necesito un ojo que me esté mirando, que me diga esto está mal, esto bien. Cuando te encuentras a una gente que sí sabe dirigir eres una persona feliz, y no importa el estilo o la forma de hacer, porque te están pidiendo constantemente cosas y estás trabajando a gusto. Ahora bien si tú te metes tanto tiempo sentada en tu casa de ama de casa, como estoy yo ahora, y te cae un proyecto, tienes muchas ganas de trabajar, tienes muchas ganas de probarte.
Déjame decirte que no veo mis películas, una sola vez y ya, para quedarme con el dulce recuerdo de aquel proyecto. Porque entonces, encuentro tal defecto, no me encuentro bien y para eso no las veo y ahí están, las tengo todas aquí en mi casa, pero guardaditas. Ahora Miel para Oshún la he visto unas tres veces, con esa película me sucede algo especial, tiene que ver mucho con mi realidad, en parte, es como si estuviera viviendo lo mismo o fuera a vivir lo mismo. Y entonces no sabes cómo distanciarte, es como si tú estuvieras haciendo una película que sabes que eso que está pasando te puede suceder a tí en diez años. Entonces ese guión es mucho más fuerte para tí. Por eso esa película es especial, es muy complicado hablar de la vida de uno, esa es una cosa con las que uno se queda, pero sí te puedo decir eso, yo decía: Esto me va a pasar. En Bahía de Mata, Baracoa, ya al final de la película, yo sentí cosas raras, era como si me dieran en la frente, una cosa muy fuerte, por lo que estaba sucediendo allí, pero también por lo que me estaba pasando, no al personaje Pilar sino a mí, a Isabel. Era una liga que a la vez tenía que saber distanciar y no dejarme arrastrar por toda esa mar de emociones a no ser lo necesario, lo que Hmberto me había pedido. Además Carlos, esa gente de allí, del pueblo, que tú recoges muy bien en tu documental Ecos de un final, nos metió muy adentro de nuestros personajes que me hacía pensar que el cine no ha perdido esa magia que a veces no se puede explicar. Cómo esa gente se creyeron todo aquello y cómo siguen contando lo que allí aconteció como si fuera una verdad y sin embargo había cámaras, sonido, actores...A mí me hubiera gustado haber hecho el estreno allí, en Baracoa, pero bueno, empezamos por Camaguey y terminamos allá.

La escena más difícil...
La escena del carro, cuando nos rompimos en la carretera y estábamos borrachos. Una escena que Humberto cortó mucho porque se convirtió en un suceso muy largo. Yo creo que se lograron momentos muy buenos y Solás dejó los mejores. Era una escena súper difícil y muy bonita.

¿Mucha Improvisación?

No te creas...

En el momento de las croquetas, las risas...

Todo eso estaba en el guión, lo que te parece una improvisación, o sea, tú estás en la escena y el otro actor entra en una cuerda que tú sabes que te puede ayudar, estás siguiendo el guión pero estás dejándote llevar también por algo que tú sabes que se está logrando como pocas veces. Y Mario Limonta es un tipo excelente y muy simpático. De momento se armó un ataque de risa, a pesar de que él y Jorge Perugorría sabían que yo tenía que empezar a llorar. Quizás empezábamos a improvisar y era risa, risa y risa, pero era como para dar tiempo a lo que venía detrás, sin embargo pudimos lograr esa risa, empezar a cantar, llegar al llanto y decir todo un monólogo que yo tenía que se quedó en el final. Creo que se puede improvisar hasta un punto, la improvisación es peligrosísima.

El personaje que no has podido hacer y siempre quisiste...
Cuando estaba jovencita yo..., ay creo que me estoy poniendo vieja porque a cada rato suelto lo de "cuando era jovencita", bueno, cuando tenía años de menos, uno soñaba con hacer papeles porque uno ambicionaba cosas en el teatro, cosas muy clásicas que no pude hacer en la escuela de arte, yo estuve con un sueño por un tiempo, después que vas madurando tú dices: El personaje que venga. Porque uno necesita un buen personaje, un buen guión y buen director. Ya esa etapa de soñar que quiero ser lady Macbeth no tiene en estos momentos ningún peso para mi.

El cine para ti...

Es sagrado. Como no tengo oportunidad de hacerlo todos los días, pues me parece siempre que va a ser la última cada vez que hago una película y pienso: Después de esto seguro que no filmo nada más. Y entonces le suelto las vísceras. Una vez que termino la película y voy a los festivales, entro a la proyección, pero sí me pasa una cosa rara, cuando veo mis películas me da una emoción tremenda, es como la emoción del día que fui madre, y mira que mi hijo para mi es lo más grande del mundo, pero me da algo parecido. No sé, verme en pantalla, ver ese personaje caminando, además soy muy miedosa cuando me veo, sobre todo cuando tengo desnudos voy bajando y me escurro en la luneta. Siempre que termina una premiere a la que asisto me voy a una velocidad... Igual cuando me dan un premio, yo veo que la gente lo recibe con una alegría, con una euforia, y a mí me da otro sentimiento, me quedo muda, a veces la gente dice que yo soy pesada, pero es una timidez en esos momentos que no puedo controlar. Debe ser que el cine para mí es mucho más que festivales, encuentros sociales, es algo a lo que he entregado muchísimo y por tanto mi vida está ligada a ese arte por lazos muy fuertes.

¿Qué es lo que puede quitarle el sueño a Isabel Santos?

Estar sin actuar. Estoy luchando contra el tiempo y te digo esto porque hay menos proyectos, tienes que estar más tiempo sentada esperando ese trabajo que llegue y eso, un poco, al actor lo desgasta mucho, porque quieres quemar etapas. También esperar el proyecto que me atraiga, porque mañana mismo yo podría estar haciendo capa y espada, pero no es lo que me interesa. Ni es tampoco el proyecto que me dé más o menos dinero, aunque el dinero lo tengo que tener para comer, pero no es lo que me quita el sueño. Lo que me quita el sueño, que a veces me levanto a las cuatro de la madrugada, es saber que no tengo un buen proyecto en la mano.