jueves, 30 de julio de 2009

ADELA LEGRÁ


Por CARLOS BARBA

Entrevista íntegra para el documental “Memorias de Lucía”
Gibara, Holguín, abril de 2003.

Cuando hice Lucía, estaba un poco más preparada pues ya había hecho Manuela, aunque había cosas que todavía no entendía, pero bueno, al final me las tuve que tragar. De todas formas, aún así, había secuencias que no me gustaban, y que fueron las últimas que se filmaron. Tal es la escena de la luna de miel, donde tenía que besarme con Adolfo Llauradó, imagínate que yo a Aldolfo en Manuela casi le trozaba la mano, él le decía a Humberto que mis manos parecían garfios. Manuela tenía besos que nunca se pudieron filmar, pero ya en Lucía yo estaba un poquito más convencida de lo que era el cine, en Manuela yo no tenía conciencia de nada.

Repetir la experiencia con Adolfo en Lucía, otra vez de pareja, me ayudó mucho, Humberto me ayudó más todavía. La confianza que ellos me tenían también influyó en mi trabajo. Ya ahí en esa película comprendí lo que me gustaba hacer: la actuación, terminando Lucía, yo estaba convencida de que ese era el camino que quería para mi.

La muerte de Aldolfo la sentí en el alma, que sencillo, que gente tan increíble y buen actor. Mira yo tengo grandes amigos, yo quiero a Tomás Piard cantidad, aunque es más joven que nosotros, pero Humberto Solás y Adolfo Llauradó los quiero como hermanos, y Salvador Wood, que es como si fuera mi padre, yo adoro a Salvador, y Humberto y Adolfo son para mi, te repito, como hermanos. Yo digo que ya me quedan tres, Humberto, Salvador y Tomás, que este último casi nunca lo veo, se me perdió el teléfono de su casa y él no tiene ni la dirección mía. Adolfo fue para mi un todo, así podría resumirlo, fue además un profesor y cuando hablo de él siempre me emociono, me enseño los ejercicios yoga, el hábito de leer libros. Nunca fue una gente, podríamos decir, avariciosa, en el sentido de que si él sabía algo, lo compartía con el que lo necesitaba, a la vez que no tenía nada de él, me refiero a lo material, eso para él era secundario. Desde que yo llegué al ICAIC para las pruebas de Manuela, él le dijo a Humberto: Esta es la mujer que necesitas.
Para la foto de Lucía, la famosa foto de Lucía, estábamos en la Salina de Nuevitas, Camaguey, yo estaba toda pelada, con unas botas de agua, te puedes imaginar con aquel sol a las doce del día, en aquella salina. Humberto quería que yo estuviese agitada, todo el mundo del equipo estaba que quería matarme porque allí no había dónde meterse, allí no había una sombra, no había nada. Humberto me dijo: Tienes que correr!, y yo que no se poner los pies en el piso, no puedo ni andar en chancletas por el patio porque no me pueden caer ni tierrecitas, ni nada, porque me pongo mal, histérica, entonces le digo: Ah tú quieres que yo corra?, eso es fácil. Me quité las botonas aquellas, me eché agua de sal en los pies para que me ardiera más todavía y empecé a correr por aquellos trillitos donde habían caracoles, sal viva, vidrios, dicen que de mi lo que veían era un puntico chiquitico, todo el mundo comentaba: Esa se va para su casa, se va para La Habana. Mandan un jeep detrás de mi con un asistente de iluminación, que no me acuerdo de su nombre, solo del apodo, que no lo digo porque no es nada halagüeño; cuando ese compañero llegó yo estaba desmayada con la cabeza metida en el agua, si él no llega me hubiera ahogado. Cuando me llevan donde está Humberto, yo tenía el pelo lleno de agua de sal y me colocan una toalla para secarme, y un sombrero para protegerme del sol; dice Humberto que cuando me vio parecía un toro fajador, que los ojos echaban candela, me vienen a retocar el maquillaje y Humberto ya furioso también dice: Déjenla así!, y ahí da la orden de rodar cámara: esa es la famosa foto de Lucía con el sombrero y la toalla y la famosa mirada que yo le doy a Humberto, porque debo decir que no era para el actor, sino para el director que me lo quería comer vivo.

Yo recuerdo que en el doblaje de Lucía, Claribel mi hija estaba con un ataque de asma en el hospital, estaba en el hospital militar, grave; yo estaba en el doblaje, pero pendiente al teléfono que podían decirme que se salvó, que se murió, si había reaccionado al medicamento o no, y suena el teléfono y era para decirme que la muchachita estaba fuera de peligro, que ya me la podía llevar, pero no me decían nada porque no me salía el doblaje de la parte de la salina, donde yo estoy llorando encima de la montaña de sal diciéndole barbaridades a Adolfo Llauradó, a mi eso no me salía, no estaba concentrada y no coordinaba mi voz con la imagen en la pantalla, estuve en ese loop el día completo y nada, ya te digo estaba más pendiente al teléfono que a la película y en ese momento tú sabes lo que Humberto me dijo?: “¿Oye qué pasa si te digo que tu hija se murió?”, ya todo estaba listo porque él me conoce y sabía que yo iba a reaccionar de una manera estrepitosa, imagínate que salió el doblaje de un tirón, dije todo lo que tenía que decir, me metí tan en el personaje que fue una sola toma y todo sincronizado.Después Humberto me abrazó, me dijo que ya la niña estaba bien, que al otro día me la podía llevar a la casa y que me mandaba inmediatamente en un carro para el hospital. Me dice: "Adela si no lo hago así no sale, porque tú estás en el hospital, tú no estás aquí", y era verdad.

Precisamente, la secuencia de la salina es la que más me gusta. Siento que dimos nuestras vidas, nuestras fuerzas porque saliera aquello. En toda la película se trabajó con amor, pero pienso que esta parte es especial, o al menos yo lo siento así. Aquellas mujeres corriendo detrás de nosotros y después entra la música de la Guantanamera, fue un momento muy logrado que recuerdo con cariño.

Nunca imaginé que Lucía iba a tener la trascendencia que tuvo: una película material de estudio en las escuelas de cine. Un clásico del cine cubano. Por mi mente nunca pasó, que yo, una infeliz campesina pudiera lograr cosas, como resultó en la película, no creo que sea tan buena actriz, solo que Humberto sabe cómo sacar lo máximo del actor.

Lucía vive en mí, esa es la conclusión a la que he llegado durante estos treinta y cinco años, porque fue una experiencia vivida intensamente. Esa Lucía va a estar aquí siempre, en mi corazón, es que yo soy Lucía y me enorgullece saber que el mío, fue de los cuentos que más ha gustado.