martes, 21 de julio de 2009

ESLINDA NÚÑEZ

Por CARLOS BARBA

Entrevista íntegra a Eslinda Núñez para el documental “Memorias de Lucía”.
Hotel Nacional de Cuba, La Habana, diciembre de 2002.


Yo llegué a Lucía de una forma muy normal, en muchas ocasiones Humberto Solás me había hablado de la posibilidad de que yo trabajara con él en algunas de sus películas. Compartía con Humberto, con mi esposo Manolo (Manuel Herrera), con una serie de amigos muchos sueños, como tú los tienes ahora, sueños de gente joven, sueños de gente creativa con deseos de hacer cosas. Siempre me interesó mucho el mundo de los personajes de Solás, pero nunca llegaba ese personaje. Pasaron dos o tres historias y yo veía que no me llamaba hasta que un día me dijo: «Tengo el guión para que trabajes conmigo, me parece que es un personaje que tú lo puedes hacer muy bien, que tú lo puedes dar muy bien y estoy decidido a que lo hagas.» Lo leí y era una historia tremendamente hermosa, con un personaje muy bien diseñado, requería mucho de una actriz porque era un trabajo muy interno y me encantó la idea de poder hacerlo. Cuando comencé me sentí un poco preocupada, porque me parecía que era demasiada responsabilidad, tenía miedo no dar con lo que Humberto quería, con lo que Humberto soñaba, con lo que Humberto pedía. Y por agradecimiento, por amistad, por los sueños de un artista pensaba que quizás yo no hubiera podido alcanzar todo eso que el personaje requería. Tuve miedo al hacer el personaje, pero a la vez que ya entré en él, me lancé, y bueno, siempre tuve mis dudas, pero ahí está el personaje y cada día que pasa la gente me dice que le gusta más y realmente me sorprende, porque en su época, quizás no fue uno de los cuentos que más gustara y hoy en día agradezco las palabras que me dicen muchas personas, palabras de elogio hacia el cuento, hacia el personaje, cosas muy lindas, inesperadas, realmente. En este festival la cantidad de gentes que me han hablado de ese personaje, del cuento y de la película completa ha sido increíble. Yo estoy muy agradecida a la suerte y a la decisión de Humberto de haber trabajado conmigo.

En esa época todo el grupo creativo que se movía alrededor de Humberto estaba muy a la búsqueda de esos nuevos actores que iban a trabajar en el cuento y en toda la película. Yo recuerdo que visitamos unidades donde estaban muchachos pasando el servicio militar, de ahí salió Rogelio Blaín. Visitamos muchos lugares, viendo actores, viendo aficionados, buscando una serie de personajes, yo tuve la suerte de que me invitaron en algunas ocasiones y pude ver algunas pruebas. A partir del comienzo de nuestro trabajo, ya se creó entre nosotros una relación muy estrecha, porque Humberto nos daba mucha libertad, mucha seguridad, nos pedía que improvisáramos sobre el texto que él había escrito, no todos los realizadores dejan que los actores hagan eso y entonces para nosotros fue muy agradable, por supuesto, uno siempre tiene sus preocupaciones, sus dudas, pero salían, las improvisaciones salían, eran muy ricas y nos sentíamos que estábamos haciendo algo muy interesante, lo que no sabíamos hasta qué punto eso iba a trascender, para nosotros fue una sorpresa.

Antes de llegar a Lucía había hecho una película con el director francés Armand Gatti: El otro Cristóbal. Una metáfora un poco loca, poética, una película muy interesante, experimental y extraña, realmente. Y bueno, casi con Lucía hice Memorias del Subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea, que también fue una linda experiencia; pero bueno, yo guardo de Lucía mis mejores recuerdos, mis mejores emociones como actriz. Creo mucho en Humberto, me gusta mucho trabajar con él porque es un director que exige lo máximo del actor, por momentos uno piensa que ha dado todo en una escena y ya te sientes que has conseguido lo que querías, lo que el director pensaba y de buenas a primera Humberto se vira para donde estamos y nos dice: No, tienes que volver, tienes que reflexionar, ve a ver desde otro punto de vista, entonces te pone en una disyuntiva que te hace volver a empezar y volver a buscar y él me decía: Tú puedes y al final es cierto que tenía algo más que dar.

Recuerdo muchos momentos difíciles, porque Lucía para mí, a pesar de que fue un gusto tremendo hacerla, no fue una película fácil. Trabajar con Humberto, a pesar que te digo que me gusta tanto, no es fácil. Recuerdo también el primer día de filmación. A Humberto en aquel momento le gustaba comenzar por las escenas más difíciles, y ese día me tocó la de la muerte de Aldo, sin yo conocer a Aldo prácticamente, sin haber hecho ninguna escena en conjunto, sin sentir por ese hombre todavía el amor, o sea, haber ido desarrollando todo aquello. Entonces fue un golpe tremendo para mí, pero Humberto quería buscar justamente una reacción inversa, golpearme de esa forma. Recuerdo que la muerte de Aldo me sobrecogió mucho, yo no sabía cómo enfrentarla, sin embargo, él encontró recursos para que yo diera lo que él quería en ese momento y creo que funcionó. Hace poco me estuvieron hablando de esa escena, justamente, una amiga que me dijo que esa escena siempre la ha sobrecogido y que la recuerda como un gran momento del cine cubano, y yo le dije: Bueno, eso fue gracias a la maestría de Humberto Solás porque yo no sabía cómo enfrentar esa escena, salió y ahí está.

Mira no es fácil predecir que puede pasar en el futuro. Yo confío, añoro y tengo esperanzas de que vuelva a ocurrir una película como Lucía; y sobre todo Humberto Solás es un autor muy inspirado, pienso que en cualquier momento se nos aparece con un guión con toda una serie de características que lo hagan quizás no exactamente como Lucía, pero si una película muy importante, como muchas de las que él ha realizado en otras ocasiones. ¿Por qué tenemos que pedirle siempre al cine cubano que vuelva a hacer otra película como Lucía?, esa es una pregunta que a cada rato me la han hecho. Yo pienso que sí es bueno pensar en una película redonda, mágica, en una película donde haya una búsqueda, una intención, una película lograda. Por eso pienso que en cualquier momento se nos puede aparecer Humberto Solás u otro autor con una buena película. Hay que tener esperanzas.

Lucía fue para mi un recuerdo muy entrañable y tiene una significación muy especial. Por Lucía yo me di a conocer, no solamente en Cuba, sino en muchas partes del mundo, es un personaje del cual tengo un recuerdo imborrable. Pienso que la película jugó su papel, mucha gente decía que el cine cubano se había vestido de largo. Fue un momento importante, un momento que recuerdo con mucha alegría, con mucho entusiasmo, porque realmente teníamos muchas esperanzas en esa película y ella sobrepasó nuestras esperanzas. A treinta y cinco años, es mucho tiempo, pero lo más lindo que tiene es que todavía se vuelve a ver y se mantiene fresca, se mantiene vital, se mantiene nueva, aún para nosotros que la conocemos tanto. Esperemos que vuelvan una y mil Lucías.

Eslinda Núñez y Carlos Barba durante el rodaje de Memorias de Lucía