martes, 18 de agosto de 2009

20 AÑOS DEL FILME “LA BELLA DEL ALHAMBRA” (1989-2009)

POR CARLOS BARBA
Transcripción del documental “Canción para Rachel” (2007).


Enrique Pineda Barnet
director de La bella del Alhambra

Mi origen artístico fue precisamente el negrito Mancuntíbiri. Cuando yo tenía 5 años, mi madre y yo nos habíamos divorciado de mi padre y nos fuimos a vivir en un hotelito del vedado, el hotel Palace, en la calle G y 25, que era en aquella época un hotelito para diplomáticos modestos, y como tenía cinco años me daba por cantar donde quiera y cantaba en el restaurancito del hotel, y una vez vino una señora que vivía en el hotel y me preguntó si yo quería cantar en un espectáculo de ella, y yo le dije que si, que estaba muy contento con la idea de cantar en alguna lugar, le pidió permiso a mi madre y finalmente lo que tenía ella para mi era un negrito Mancuntíbiri, es decir, era un negrito del teatro vernáculo cubano, pintado de negro, que era como se hacía en ese momento, en el caso de un rubio, blanco, etc, pintado de negro, esa era la gracia, un poco lo que antes hizo Al Jolson y bueno después históricamente fue el surgimiento de ese negrito pintado. Al pasar el tiempo y existir el ICAIC y demás, en 1959, si mal no recuerdo, antes de irme de maestro para la Sierra, o fue después, no recuerdo exactamente, se hizo un homenaje muy grande en el entonces teatro Auditórium, actual Amadeo Roldán, a los sobrevivientes del Alhambra, y allí me fui con Manuel Octavio Gómez, documentalista en esa época, y Manuel Octavio me dijo: Oye esto es fantástico para hacer un documental sobre los sobrevivientes del Alhambra, y yo le dije: Vamos a hacerlo y vamos a hacerlo juntos. Claro, ahí tuvimos ya discrepancias conceptuales, es decir, Manuel Octavio quería hacer un documental sobre los sobrevivientes del Alhambra, yo quería hacer una ficción, siempre me movía más realizar una ficción sobre uno de aquellos personajes. Llegué a mi apartamento, donde nos reuníamos muchos amigos, estaba mi pariente Miguel Barnet, en aquella época él empezaba a escribir, había hecho ya su Cimarrón, y entonces yo le cuento toda esta experiencia del Alhambra y lo que me había ocurrido unos días antes: Yo iba en una guagua por la calle 23 en dirección de 12 hacia la Avenida de los Presidentes, y la guagua iba repleta, como suelen estar las guaguas, de pronto siento una masa de carne fría que se me pega aquí en mi cuerpo, miro al lado y me encuentro con una señora voluminosa, descotada, una señora ya mayor, pero muy descotada, con un brazo inmenso, blanco, gordo, frío, de sudor frío y siento esa cosa que se me pega como una piel de rana, y me aparto un poco, vuelve a pegarse aquello y yo me vuelvo a separar y de repente siento una voz estridente dentro de la guagua: ¡Alguien se me está pegando y aquí se va a perder una bofetá!; yo me doy cuenta que es ella y que se está refiriendo a mi y me está acusando de pegarme y yo todo lo contrario, le estaba huyendo, pero ella me estaba castigando porque le huía, y bueno, siguió haciendo alusiones y ya me tenía bien mal y yo me separo completamente y la puedo ver mejor, era una mujer de pelo teñido de negro como un ala de cuervo sin otro brillo, piel muy blanca, cejas gordas pintadas con creyón, los labios muy rojos, y bueno, la señora se baja en la esquina de 23 y G, había un cafecito de venta de 3 centavos, y yo desde la guagua veía a esta señora abajo y la señora se me asoma desde la acera y mira hacia mi ventanilla, me señala ostentosamente y me dice: ¡No te me pegaste porque eres maricón!. Yo me quedo en una pieza, me puse rojo, me daba una vergüenza terrible porque todo el mundo en la guagua me miraba, se preguntarían qué había pasado con aquella señora, y yo me bajo a la parada siguiente, que era L y 23 y me pierdo, cogí terror con aquello. Unos días después estoy hojeando una revista Bohemia y me encuentro en una de sus páginas “Sobrevivientes del Alhambra”, y una foto de Amalia Sorg, la gran vedette del Alhambra y era la mujer de la guagua. Y yo me quedo espantado y me digo: Claro, tenía ese training y tenía ese tipo de personalidad de las vedettes y coristas del Alhambra que eran un poco agresivas, agresivas con el público, hacían mucho happening, se metían con la gente y a ella le dio la gana de meterse conmigo en esa guagua, pero a mi me hizo un schok tremendo. Bueno, con esta historia yo recuerdo que Miguel dijo: Yo voy a ir a ver a esa mujer, yo voy a ir a entrevistarla, y Miguel fue a entrevistarla, y bueno, con esa habilidad que tiene Miguel que acababa de hacer lo del Cimarrón, hizo entrevistas de Amalia Sorg y de ahí sale la novela Canción de Rachel. Años después Miguel me hablaba de su obra, que yo no la había hecho en el cine, etc, y yo le dije: Yo haría algo inspirado en Canción de Rachel, pero inspirado, porque yo siempre necesito tener un margen de mi creatividad, yo tengo un Alhambra en la cabeza y un personaje distinto en la cabeza, y bueno al final llegamos al acuerdo de hacer esta propuesta de película. Yo hice el guión, tuvimos así muchos encuentros y desencuentros, sobre todo, finalmente Miguel dijo: Pero yo tengo que estar en el guión, yo le dije: Ok, tú estás en el guión; yo me vine a mi casa, me puse a escribir, yo le leía por teléfono las secuencias para evitar que metiera mucho la mano, y entonces hice el guión.

Cuando llegó la hora de discutir los recursos, los medios de producción, me llama el jefe de producción de aquel momento en el ICAIC, el director de la empresa de producción, y él quería inducirme el casting de la protagonista, básicamente, y me propone a una actriz cantante española de mucho prestigio y de alta calidad, inclusive, coincidimos, fuimos juntos al Festival de Cine de Moscú en el año 1987, y allí él llevó a esa cantante actriz, la cantante actriz me coqueteaba como se hace siempre cuando una actriz quiere seducir al director, me daba sus mejores ángulos, me daba sus mejores sonrisas, me cantó desde la Guantanamera hasta la última canción, y yo la miraba y me decía: Si, es linda, es buena actriz, buena cantante, pero no es Rachel, no tiene nada que ver con esta Rachel, esta vedette del teatro vernáculo que dice: “¡Aquí se va a perder una bofetá!”, no era aquello. Entonces le digo a este señor: Mire yo no puedo hacer esta película con una actriz que no sea cubana o al menos caribeña. Seguimos entonces haciendo casting, quedaron cincuenta finalistas, donde estaban las actrices más importantes que había en ese momento de la edad del personaje, había bailarinas, cantantes, modelos, locutoras, había de todo, cincuenta mujeres seleccionadas, y yo no estaba seguro de que fuera Beatriz, la había conocido y la veía como una muchacha deportiva, muy contemporánea, no me daba para nada la imagen de aquella mujer de los años 20, 30, y entonces le hicimos las pruebas. Probamos la escena donde ella tiene la discusión con Federico, en el camerino, cuando éste le da la bofetada. Una escena fuerte, yo quería que terminara desgarrada, halando la cortina, una onda muy overacting del cine mudo, después le pedí que una vez que estuviera desgarrada en el piso que empezara a tratar de revivir y que llegara a treparse hasta alcanzar nuevamente el espejo del camerino y ahí se viera y que su imagen le devolviera su optimismo, le devolviera sus ganas de vivir, su sentido de autocomplacencia, de belleza, y Beatriz lo hizo y fue exactamente el gesto nada más que de mirarse, cuando ella se descubre en el espejo y empieza a sentirse bella, empieza a sentirse ella, ahí yo dije: Esta es Rachel.

Beatriz Valdés
actriz

Lo primero que filmamos fue la parte musical, imagínate lo que significa abordar una película siendo actriz y no bailarina, cantante, etc, de esa manera, así que empezamos con el “tápame” que fue lo primero que hicimos y que fue casi un por ciento enorme de improvisación, de pronto apareció una escalera detrás y nunca olvidaré el final de la pieza que yo espontáneamente di tres vueltas y caigo chás, en la escalera, totalmente espontáneo, y quedó y fue una sensación tan mágica porque fue la primera vez que el staff vislumbró lo que podía ser la película. Ya te digo, fue un momento mágico lo que ocurrió ahí y la primera sorprendida fui yo, obviamente; cuando dijeron: Corten, todos los que estaban en ese teatro aplaudieron con la emoción que fue definitivamente la proyección de cómo aplaudió después el público, a lo largo de todos estos años, la película.

Enrique Pineda Barnet
Director

Le dije al jefe de producción: Mi actriz es Beatriz Valdés, no es otra, no puede ser otra, y entonces él me dijo lapidariamente: Si no es la actriz que te estoy proponiendo, española, cantante y famosa, no vas a tener coproducción con España, y por lo tanto no vas a tener un solo centavo de moneda dura, no vas a tener divisas para hacer la película y yo no te voy a dar ni un metro de madera, ni una yarda de tela ni un pomito de maquillaje, así que no vas a tener recursos ninguno. Yo me quedé muy sobrecogido con esto, entro al salón donde estaba mi staff, que estaban reunidos todos, acabábamos de hacer un análisis dramático y les cuento lo que pasa, y le digo: Bueno ¿qué hacemos?, ¿hacemos la película o no?, y todo ese grupo, en masa, dijeron: Hacemos la película. Yo tengo aquí que mencionarlos a todos porque realmente fueron maravillosos, desde Raúl Rodríguez Cabrera en la dirección de fotografía, hasta Derubin Jácome y Diana Fernández en los diseños de escenografía y vestuario, Gonzalo y Mario Romeu con la música, Gustavo Herrera con la coreografía, Tuti Abello con la edición, Raúl García con el sonido, Tania Carvajal como directora asistente y así unos y otros y otros fueron tan solidarios, tan esforzados, pusieron tanto sus energías que conseguimos las varas de tela y la madera, que no quería darnos el jefe de producción, en las casas de las tías, en los viejos escaparates, en los baúles, en los armarios, de mi casa sacamos los tejidos, los encajes, las telas, los rasos, las vajillas, las joyas de mi mamá, y así comenzó esa producción. Tuvimos un productor extraordinario, Humberto Hernández, un productor no solo de una gran honradez y de una gran inteligencia, sino además un tipo con un sentido artístico de colaboración, donde entendió muy bien que un productor era un colaborador muy importante para la creatividad.

Raúl Rodríguez Cabrera
director de fotografía

En esa época, me imagino, no recuerdo muy bien, pero yo ya tendría diez u once largometrajes como director de fotografía, y me pareció siempre que La bella del Alhambra era una película complicada en muchos aspectos como la puesta en escena, los recursos que la película conllevaba y te digo que me asustó enfrentarme a ese proyecto en aquel momento cuando yo no tenía ninguna experiencia de ese tipo en el mundo del cine musical, yo estaba bastante verde en ese aspecto todavía, siempre yo había hecho películas de presupuestos bajos y nunca había hecho un musical con las características de La bella del Alhambra, que era una obra muy ambiciosa, exigía mucho rigor técnico, artístico y una gran experiencia en el manejo de las luces y de la puesta en escena en general.

Gonzalo Romeu
orquestación, arreglos y dirección musical

Probablemente el reto más importante de la música de esta película consistía, entre otros importantes, en cómo elaborar, cómo idear un tema que representara toda la cubanía implícita en el guión del film. Era un tema que tenía que representar un cierto dramatismo para corresponderse con el melodrama de la historia, y a la vez ser verdaderamente representativo de la música cubana; para que sea representativo de la música cubana el tema principal de una película musical había que recurrir, por lógica natural, al son.

Jorge (Tuti) Abello
editor

La bella del Alhambra fue una experiencia que me marcó. Fue muy importante para mi, a partir de que era la primera experiencia haciendo cine con Enrique Pineda. Era un cineasta que siempre había admirado y que me había sentido muy bien viendo su obra y de pronto me llamó un día diciéndome: Vamos a hacer una película musical. El cine cubano no hace muchos musicales, yo nunca había editado ninguno, pero bueno, empezamos a trabajar juntos. Recuerdo que mi primera secuencia fue “el baile de las libélulas”, ese día yo llegué, Enrique no estaba y empecé a trabajar, yo venía de experiencias anteriores en el noticiero ICAIC y documentales, había hecho muchas secuencias de corte rápido y traté de infundirle eso, un poco, a La bella…, empezando a hacer lo que me dio la gana y recuerdo que cuando Enrique vino no sabía cómo decirme que lo que había hecho era un disparate, que había que empezar de nuevo. Esa secuencia se tuvo que rehacer, arreglar todo lo que yo había hecho y empezarla a hacer de nuevo porque la película tenía un guión muy bien estructurado, con coreografías muy bien marcadas, y yo me sentía muy libre al principio, de hecho yo creo que Enrique quería trabajar conmigo por eso, porque yo era una persona que venía con ansias de hacer un cine más libre, no tan encasillado en esquemas, pero que va, cuando empecé a hacer La bella del Alhambra yo me encontré con una película muy bien estructurada desde el principio hasta el final y tuve que regirme por el guión.

Enrique Pineda Barnet
director

Beatriz era una muchacha que conocía guitarra, tenía un sentido musical muy definido, muy claro, pero estaba en la onda de Nueva Trova, cantando sus canciones de esta manera contemporánea, etc, y hubo que buscarle su tesitura, hubo que colocarle su voz y eso lo hizo Zenaida Romeu, hizo una colocación de la voz de Beatriz para que cantara todos esos géneros, porque canta desde el Pregón, ese pregón que dice así: “Tamalitos traigo aquí…”, hasta cantar: “Dicen que tus caricias no han de ser mías…”, es decir que tuvo una gama y una tesitura muy amplia cantando todos los géneros de la música cubana.

Si Beatriz fue un suceso, fenomenal, extraordinaria realmente, es cierto que un Carlos Cruz era algo fantástico en ese Adolfito, que es un personaje de mucho color, de mucho sentimiento, de mucha profundidad, teníamos a una Isabel Moreno, que era un reto encantador, una Verónica Lynn haciendo una madre, una Amargen tremenda, un Omar Valdés que lamentablemente falleció en un accidente, y teníamos unos galanes encantadores: un primer galán, Jorgito Martínez, delicioso, muy en época, con la candidez del muchachito aristócrata de la época y el otro galán de un porte tal como César Évora, y aparecían otros galanes como Héctor Noas, que hacía un galán medio clandestino, pero que también le daba un toque de pimienta al asunto.

Isabel Moreno
actriz

Yo entré a la película tarde, porque el que estaba en ella era Gaspar González, mi esposo, el que hace el actor del Alhambra, el que hace Azuquita, el papá Montero; entonces yo me acuerdo que un día me encuentro con Enrique y le digo: Ven acá Enrique, ¿y ahí no hay ninguna vieja que le hace la vida imposible a la protagonista?, y Enrique se me queda mirando y me dice: Si tú supieras que hay un personaje así pero ya yo se lo di a otra actriz, y dije: Bueno, que malo, me quedé fuera, que vamos a hacer… Y una semana después recibo una llamada de Enrique y me dice: Mira, tú y yo somos amigos, yo no te puedo decir mentiras, la actriz a quien yo le ofrecí ese personaje me lo rechazó porque era muy chiquito, y yo le dije rápidamente: Si tú quieres yo lo hago. Así entré a la película.

Verónica Lynn
actriz

Cuando Enriquito me habla de este personaje me gustó muchísimo, me gustó muchísimo el libreto, me parece que es una etapa de la vida nuestra, cultural, de Cuba, muy importante, hay generaciones que hablan del Alhambra, pero no saben qué era el Alhambra, no conocieron el Alhambra, yo creo que eso es algo que en la película es maravilloso, para mi, y te lo digo honestamente y no porque yo haya participado, es decir, yo podría no haber participado en ella, es una de las películas cubanas que más me gustan, porque la recreación de esa época está tan bien dada; cuando yo la veo, y la he visto muchas veces, yo siento no sólo la atmósfera, sino hasta el olor, siento el perfume del polvo de arroz, esos perfumes de esa época…

Jorge Martínez
actor

Eusebio, a pesar de que era un personaje pequeño dentro de la película, tiene mucha importancia, ya que es quien rompe con la inocencia de Rachel; es quien por primera vez la hace a ella dar un paso en la vida que nunca imaginó, ella iba a dejar todo, ella iba a dejar su amor por el teatro por el amor de este hombre que la ilusionó y que además él también estaba ilusionado con esa relación y sin embargo se suicida y eso da pie a una de las escenas más lindas que tiene La Bella del Alhambra, que es cuando ella está en el camerino recogiendo sus cosas, va a dejar el teatro, va a dejar ese mundo, y de pronto llega Adolfito y le da la mala noticia de que Eusebio murió, una escena muy bien hecha por imagen, la música, el tratamiento dramatúrgico que tiene, me parece una escena inmensa dentro de la película, que tiene muchos buenos momentos.

Beatriz Valdés
actriz

Creo que el primer lugar lo merece Isabel Moreno. A los ocho años yo llegué a Teatro Estudio y crecí en los pasillos de ese teatro. Desde ese momento, y todo el tiempo después, todo lo que hizo Isabel para mi fue algo absolutamente extraordinario, lo que significa que yo crecí con la referencia de Isabel Moreno en el escenario, su majestuosidad, su grandeza; ella es una mujer alta, físicamente, pero es una mujer enorme en el escenario, es una mujer contundente, implacable en el escenario. Por primera vez yo estaba trabajando con la actriz que había admirado siempre. Por otro lado está Omar Valdés, a Omar también lo vi en Teatro Estudio y crecí viéndolo en tan extraordinarios personajes que hizo en el cine y me tocó trabajar con él en una relación muy particular, es el hombre que se casa con Rachel, que le da el sustento económico que le permite a Rachel triunfar, según los cánones de la época; las escenas que estaban impresas de amor, de relación cotidiana, carnal, estaban repletas del amor y la ternura de Omar. Trabajar con César Évora que era de mi generación, pero con mucha más experiencia en el cine, igual fue una experiencia hermosísima porque me permitió imprimirle ese condimento sensual y de piel y ese discurso erótico-sensual de ese personaje, pero sobre todo ir a la representación del amor real de ella como mujer, y trabajar con César fue maravilloso porque hubo una energía ahí que engranó con la mía de una manera tan fluida y tan espontánea que lo recordaré siempre como un compañero maravilloso con el que lamentablemente no he podido disfrutar otra vez. Tengo que mencionarte a Verónica Lynn, que fue una actriz que crecí viéndola también, en la televisión sobre todo, y trabajar con ella como hija, además desde el desencuentro de la relación que tenía este personaje con su madre, aún cuando estuvieran aquellos ingredientes de las expectativas enormes que tienen las madres con los hijos, que ahí está muy bien contado en la película esa relación madre e hija, el rechazo de su hija con las exigencias de su madre y esa vida que tenía la madre con su amante, la verdad fue muy intensa esa comunicación con Verónica. Pero hay un personaje que, definitivamente, tiene como la corona de mi memoria y es mi experiencia de haber trabajado con Carlos Cruz, un actor extraordinario, con unas herramientas histriónicas maravillosas, él logró infundirle a este personaje una cuota de ternura, de sensibilidad, de un contraste maravilloso entre debilidad y al mismo tiempo la fortaleza moral, ética, y la grandiosidad amorosa que contenía ese personaje. No hubiera sido posible Rachel, sin Adolfito.

Raúl Rodríguez Cabrera
director de fotografía

Si la tuviera que volver a filmar le haría otras cosas distintas a las que se hicieron en aquel momento pero yo, en líneas generales, me siento bastante satisfecho con el trabajo, creo que para la forma en que trabajamos y para la limitación de recursos que tuvimos en aquella época, la película resultó bastante bien.

Jorge (Tuti) Abello
editor

Para mi La bella del Alhambra fue una sorpresa, ha sido una película que me da mucho orgullo haber hecho, es una película que todas las personas que la han visto la recuerdan con agrado, para mi es un honor haber trabajado en ella y haber marcado una distancia con otro cine y con otros cineastas.

Gonzalo Romeu
orquestación, arreglos y dirección musical

El otro aspecto del asunto era cómo representar musicalmente una especie de constante que estaba dada en el guión que era la presencia permanente de una especie de petición implícita en todo: “quiéreme mucho”; yo creo que todo el mundo quiere que lo quieran mucho, pero en esta película aparecía el asunto de que “me quieran” constantemente, es una película donde se habla de la necesidad de amor y de la frustración permanente que representa esto para la vida de la protagonista. Obviamente para los cubanos “Quiéreme mucho” no es solo una frase, es también una música, una música de una canción, de una criolla compuesta por Gonzalo Roig, ya ni recuerdo, allá en aquella época.

Enrique Pineda Barnet
director

Teníamos una dificultad: Isabel Moreno, que interpreta a La Mexicana, emocionalmente no quiso cantar en la película, se sentía un poco impedida de poder cantar, por razones muy personales, muy emocionales y entonces ella misma me pidió: Si puedes doblarme, yo lo agradezco. Pero ocurre que Isabel como tiene una personalidad muy peculiar, tiene un timbre de voz muy peculiar también, lo más difícil de imitar es un timbre de voz, y empecé a buscar en los registros de todos los cantantes que uno pudiera conocer, y de repente oigo que Omara Portuondo tiene un poco esa voz, como decía mi abuelo, de cazuelita rajada, que es esa vibración que está en las cuerdas vocales y le pedimos a Omara, sin muchas esperanzas, que si podía doblar la voz cantada de Isabel Moreno y Omara con una humildad, con una modestia absoluta dijo que si, que con mucho gusto.

Isabel Moreno
actriz

Me acuerdo del día de la grabación del “Quiéreme mucho”, fue una experiencia, podría decir, de algo religioso. Omara se identificó conmigo, yo le dije cómo era el personaje, y ella se empezó a identificar con todo eso…

Enrique Pineda Barnet
director

Isabel le explica a Omara que ese “Quiéreme mucho” no es una canción del romance común, sino que estaba planteado como el amor de la cantante, la intérprete, la artista con su público, que se está despidiendo de ella y que de alguna manera es como un himno nacional. Le dice Omara a Isabel: ¿Tú me puedes cantar un poquito, aquí, bajito?, e Isabel le canta un fragmento: “Quiéreme mucho, dulce amor mío…”, en su tonito. Le dice Omara, vamos al estudio.

Isabel Moreno
actriz

Entramos a la cabina de grabación, estábamos frente a frente, empezó a sonar el background y ella empezó a cantar y yo a la vez a doblarla a ella interpretando la canción, dándole a ella la emoción que yo quería que tuviera.

Enrique Pineda Barnet
director

Hay un lado muerto del micrófono y hay un lado vivo del micrófono, se pone el lado vivo hacia Omara, se agarran ambas los brazos, como haciendo la sillita de mambrú, se miran fijamente y a la señal, con el play back, cantan las dos a la vez, lo que está recogiendo el micrófono es la voz de Omara, pero están las vibraciones de ambas y las dos se sentían que estaban vibrando en una sola emoción y terminan abrazadas, llorando, en toma única.

Isabel Moreno
actriz

Fue realmente algo tan extraño pues hubo un momento en que ya no se sabía quién cantaba y quién actuaba, eso fue algo hermoso, terminamos las dos llorando, muy emocionadas y bueno ahí está el “Quiéreme mucho” de Omara y mío, un pedacito de cada una que creo fue algo bien lindo en la película.

Enrique Pineda Barnet
director

Ese es el “Quiéreme mucho” que oímos en la película, que está en el disco de La Bella… y que luego mi gran amigo, mi compañero, Fernando Pérez, lo usó emocionalmente también, en su película Madagascar y luego lo volvió a usar en Suite Habana.

Beatriz Valdés
actriz

Era muy importante el anillo de La bella…, porque era el regalo que le hacía Adolfito a Rachel, en un momento en que ella está profundamente triste, y la manera que él encuentra para sacarla de su tristeza es regalándole una joya que para Enrique tenía que ser muy precisa, muy contundente. Un día yo estaba en la casa de mi suegra y veo encima del refrigerador, te lo juro que vi un amasijo, aquello era como una pelota de hilos metálicos. Yo agarré aquella cosa y cuando lo voltee y lo vi, descubrí un anillo que le salía de dentro como hilos de plata. Cuando tuve en mis manos aquella cosa imperfecta, destruida, yo dije: Este es el anillo. Se lo llevé a un joyero, que era el padre de una gran amiga de muchos años, y le dije: Necesito que me reconstruyas esto. Algo que él tuvo que descifrar porque estaba completamente desarmado. Cuando estuvo listo, se lo llevé a Enrique y me dijo: Este es. Y es este anillo que traigo conmigo hace 18 años, que según Adolfito, la parte superior significa felicidad y la parte inferior tristeza.

Isabel Moreno
actriz

Recuerdo la noche que estuvimos en el hotel reunidos: Gaspar (González), Enrique (Pineda Barnet), Gustavo (Herrera), Beatriz (Valdés) y yo, a lo mejor había alguien más que no recuerdo, y estábamos tratando de armar “Magdalena de Maupin”, porque nada más que había una hoja y media escrita, y la música y no se qué, pero no teníamos la obra de teatro, y entonces había que empezar a inventar, a ver de qué se trataba aquello, lo único que sabíamos era que Rachel se vestía de hombre. Aquello fue algo tan hermoso porque fue un acto de creación de todo el mundo…

Beatriz Valdés
actriz

Y para mi como actriz “Magdalena de Maupin” era un desafío enorme porque significaba que yo tenía que descubrirme, descubrir mi cuerpo, en principio, según como estaba establecido en la escena ante un teatro lleno. La toma no podía ser de ninguna manera creíble, con el teatro vacío, y yo por supuesto estaba reacia a hacerlo como era mejor, o sea, con mucha gente observando. Enrique me planteó varias alternativas, una de ellas era dibujarme en una malla color carne mis pechos. Con el tiempo me di cuenta de que fue una herramienta muy eficaz para lograr que yo renunciara a ella. Yo la acepté, en principio, debajo de mi ropa estaba la famosa malla, y yo dije que estaba bien, el plano era muy general, habían ciertas circunstancias que beneficiaban esa posibilidad, pero él me conocía tan bien, él sabía el botón que tenía que tocar en mi para detonar mi espontaneidad y mi osadía, porque realmente fue un acto de liberación lo que ocurrió ahí, y ya una vez que fuimos a filmar, yo me deshice de la malla, me puse mi vestuario, y con el teatro en pleno me abrí la ropa y apareció lo que tenía que aparecer. A lo mejor ellos no se lo esperaban pero yo creo que Enrique sabía que eso era lo que iba a ocurrir, y eso dice mucho de lo que es un gran director.

Raúl Rodríguez Cabrera
director de fotografía

Hay cosas que pasan que son muy interesantes, por ejemplo, yo recuerdo que hay una secuencia en que Adolfito, Carlos Cruz, y Rachel, Beatriz Valdés, tienen un encuentro en los Aires Libres del Parque de la Fraternidad, es una secuencia tristona, es una secuencia nostálgica, porque hacía tiempo que ellos no se veían y de pronto Adolfito está trabajando como camarero y Rachel está en la opulencia en ese momento, y esa secuencia a mi me costó mucho trabajo porque había que iluminar áreas muy grandes, donde se veía la Fuente de la India de fondo, se veía una buena parte de esa zona del parque, y hay un momento en que ellos tienen un diálogo en el bar, en lo que es la barra de ese lugar, que cuando yo veo los copiones positivos me doy cuenta que el laboratorio ha echado a perder la secuencia del encuentro de ellos ahí, hubo un paro del revelado y el material como que se manchó; ellos en el laboratorio se defendieron y me dijeron que no, que eso era un problema que tenía solución. Después yo viajo a España a hacer las copias en Dolby, y descubro que el negativo de la película está manchado, o sea, que me habían mentido en el laboratorio, el material estaba realmente arruinado, y ya era imposible hacer un retake, no podía hacer nada, pero ¿qué pasa?, ahora cuando yo veo de nuevo la película y veo esa secuencia yo siento que estas manchas que hay en el revelado del material le aportan dramatismo a la película, hay un momento como que el color se pierde en el encuentro de Adolfito con Rachel que es fantástico el resultado, se crea como algo muy subjetivo entre ellos ahí que en buena medida está apoyado por el defecto de la película.

Enrique Pineda Barnet
director

El 31 de diciembre de 1989, esperando el año 90, a las 12 de la noche, se estrenó en los cines La Bella del Alhambra. Esto fue una conmoción, realmente, porque los cines se repletaron totalmente y ocurrió un hecho estadísticamente absurdo: en las dos primeras semanas la película recaudó 2 millones de espectadores.

Beatriz Valdés
actriz

La gente rompió la puerta del cine Yara, una puerta de cristal enorme, de un cristal grueso y aquello fue un evento extraordinario porque todo el mundo quería ver la película y recuerdo que la vi con el corazón abierto y con toda la disposición plena de amar la película, y la buena noticia fue que cuando terminó la proyección el público se levantó y aplaudió hasta el cansancio.

Jorge Martínez
actor

Nunca fui a verla con público, no me gustaba que la gente saliera y me viera, lo veía muy difícil para mi enfrentar eso, pero si pasaba mucho por los cines y veía las colas, las colas, en aquella época, 18 años atrás, y después yo llegaba a la casa, me acostaba y pensaba: Que bueno, poder haber sido testigo, presenciar el éxito con el público y haber participado en una película que yo se que va a estar en la historia del cine cubano para siempre.

Enrique Pineda Barnet
director

La gente recibió el subtexto o la fábula de que la película era una especie de biografía de la República. Nos ganamos todos los premios del Festival Caracol de la UNEAC, de todas las especialidades: la película, guión, fotografía, edición, diseño, de actuación, Beatriz se convirtió en una diva extraordinaria, ganamos el Girasol de Opina, que era la opinión popular, era uno de los premios más codiciados de aquel momento, y luego llegó el Festival de Cine Latinoamericano de La Habana. Beatriz es invitada para anunciar el premio a las mejores películas del Festival (La Bella del Alhambra no estuvo en esa lista), pero a ella tampoco le otorgan el premio de actuación femenina.

11 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano: Cine, televisión, vídeo 1989.


Pastor Vega
director

Finalmente los premios que todos esperamos, las tres mejores películas de este Festival, para comunicarnos la decisión del jurado, una actriz llena de gracia, fantasía y emoción, su último trabajo rescata y enriquece nuestras mejores tradiciones artísticas, nuestro rostro, nuestra indentidad, La Bella del Alhambra: Beatriz Valdés.(Ovación prolongada del público)

Enrique Pineda Barnet
director

La gente comenzó a vociferar dentro del cine, la gente del Festival, los participantes del Festival, toda la gente en el teatro Kart Marx comenzaron a gritar: ¡Justicia!, Justicia!, ¡El premio es tuyo!, ¡El premio es tuyo!, yo tengo el vídeo, es impresionante cómo esto ocurre, y la gente de la televisión no le quitaban la cámara de arriba a Beatriz y Beatriz tragando en seco aquella situación porque era muy emocionante pero al mismo tiempo un momento duro, era una especie de frustración y bueno, aquello se volvió realmente una apoteosis, como diez minutos aplaudiéndola y gritándole que el premio de actuación femenina era de ella y no de otra actriz, hasta que Beatriz muy emocionada dijo: “Todos ustedes son mis corales, cada uno”. Y los aplausos fueron aún más estruendosos. Beatriz ya en esos momentos era un personaje sumamente popular, se convirtió en una estrella, indiscutible, la crítica a favor, el público a favor, las estadísticas de taquilla a favor, la exquisitez de una crítica más profesional, más rigurosa, todo a favor, y si había tenido todos los premios del Festival Caracol, era un poco defraudante que no tuviera un premio significativo en el Festival de La Habana. Y bueno, llego a mi casa, voy a entrar en mi casa y me encuentro en un escalón un premio Coral, idéntico a los del Festival, y que dice: “Premio del Pueblo a La Bella del Alhambra”. Hasta hoy no he podido saber quién lo hizo, quién tuvo el gesto, quién lo sintetizó, pero realmente mi premio más grande fue este trofeo.

Beatriz Valdés
actriz

Ha pasado el tiempo y yo no puedo evitar conmoverme porque son incontables las experiencias maravillosas que yo he vivido con esta película, no solamente en Cuba, en muchos países, en España, Estados Unidos, Venezuela…Hace 18 años yo vi mi sueño cumplido, un sueño que apareció mientras caminaba a mi escuela de música y caminaba casi treinta cuadras a pie y hablaba con una mariposa imaginaria y recuerdo que en esa caminata yo visualizaba un escenario vacío, un teatro enorme, repleto de gentes, que aplaudían en cámara lenta, y yo caminaba lentamente por uno de los pasillos desde el público, llegaba al escenario y bajaba la cabeza y sentía casi temor, y eso fue lo que yo viví con La Bella del Alhambra, eso exactamente.

Enrique Pineda Barnet
director

Apenas dos meses después de lo ocurrido en el Festival de Cine de La Habana, la película concursa en España, en el premio de la Real Academia de Ciencias Cinematográficas de Madrid, y La Bella del Alhambra obtiene el primer premio Goya que recibió una película latinoamericana, o sea, una película cubana en Europa ya consagrándose.

Verónica Lynn
actriz

Uno sintió como un sabor amargo en la boca cuando ve que en el Coral, en el Festival de Cine Latinoamericano, en Cuba, no se le da nada, me parece que hubo ahí un sabor amargo de injusticia, pero cuando se gana en el Goya sentí una alegría tan grande, porque uno sabe que puso su granito de arena ahí y el ego de una siempre está presente, es decir, todo artista es vanidoso, en el mejor sentido de la palabra, y para mi el Goya fue algo maravilloso, para el cine cubano.

Jorge Martínez
actor

Siempre he dicho que una película como La Bella del Alhambra sólo la podría hacer alguien que tuviera esa sensibilidad, que tuviera ese conocimiento del ser humano, de la música, de la danza, del arte en general, y ese alguien es Enrique Pineda Barnet.

Isabel Moreno
actriz

Yo nunca en mi vida había trabajado en un proyecto donde se respirara tal grado de entrega y de amor empezando por el director, los actores, técnicos; cuando nos quedábamos ensayando en el teatro los números musicales que se iban a hacer al día siguiente, nadie se iba, era increíble, habían trabajado doce, quince horas y ahí se quedaban para ver lo que se iba a hacer al día siguiente. Era un equipo lindo, que de verdad todos nos sentíamos muy involucrados en esa película.

Gonzalo Romeu
orquestación, arreglos y dirección musical

Fue una experiencia profesional incalculable y de todo esto guardo un recuerdo muy entrañable, tuve la oportunidad de trabajar en el medio cinematográfico en una producción que, a mi modo de ver, es excepcional en el cine cubano; a pesar de que tenemos una música tan melodiosa, tan demandada, tan popular, tan conocida, a pesar de que nuestro país se conoce tanto por sus músicos, yo creo que el cine cubano no se propuso en ningún momento hacer algo con su música, más de lo que aparece reflejado en La Bella del Alhambra.

Jorge Abello
editor

Es una película que yo quisiera volver a hacer, para volver a pasar momentos muy bonitos todos juntos, como lo fue desde la filmación hasta la mezcla, que la terminamos de hacer en Madrid, es un momento inolvidable en mi vida, como cineasta y como amigo. Gracias Enrique.

Raúl Rodríguez Cabrera
director de fotografía

Lo que me queda es la imagen de una película muy querida, posiblemente una de las películas más queridas que he hecho y una de las películas que se puede seguir viendo todavía varias veces, porque esta es una de las experiencias más interesantes de los proyectos que he realizado como director de fotografía y es que el público esa película la vio como promedio cinco, seis y siete veces y nunca se cansaron; y me llegaron, inclusive, opiniones de mucha gente y de muchos profesionales importantes de distintas partes del mundo que siempre encontraron, dentro de esta película, un hito importante en el cine cubano de la época.

Beatriz Valdés
actriz

Si no fuera Beatriz, me gustaría ser yo misma, en La Habana. Sería Beatriz, en La Habana. Hay que vivir, como lo dice Rachel: “Vivir, lo que se llama vivir…”, bueno, todavía yo no estoy preparada para la muerte, obviamente, igual que Rachel.















Enrique Pineda Barnet y Carlos Barba durante el rodaje de Canción para Rachel


FICHA TÉCNICA

Titulo Original: Canción para Rachel
Dirección: Carlos Barba
País(es): Cuba
Idioma Original: Español
Categoría: Documental
Tipo: Color
Duración: 80 min.
Año de producción: 2007


Productora: MAREAFILMES
Guión: Carlos Barba
Producción: Ramón Ramos, Carlos Barba, Luciano Castillo
Fotografía: Ramón Ramos, Eduardo Corría, Juan Carlos Pérez, Marcel Ferrer, José Ramón Pérez, Carlos Ortiz
Edición: Ramón Ramos
Música: Gonzalo Romeo, Mario Romeo, para el filme La Bella del Alhambra
Sonido: Ramón Ramos, Eduardo Corría, Juan Carlos Pérez, Marcel Ferrer, José Ramón Pérez, Carlos Ortiz
Intérpretes: Enrique Pineda Barnet, Beatriz Valdés, Isabel Moreno, Verónica Lynn, Jorge Martínez, Raúl Rodríguez, Gonzalo Romeo, Jorge Abello.

Sinopsis:
Acercamiento al filme La Bella del Alhambra. De la mano del director Enrique Pineda Barnet, así como de actores y técnicos que intervinieron en ese filme 18 años atrás, descubrimos las interioridades del mejor musical del cine cubano.
Este documental obtuvo el Gran Premio Indio Cubanacán en el Festival de Cine de Invierno, Santa Clara, Cuba, noviembre de 2007.