domingo, 2 de agosto de 2009

HUMBERTO SOLÁS

Por CARLOS BARBA

Entrevista íntegra a Humberto Solás para el documental “Memorias de Lucía”
Miramar, La Habana, diciembre de 2002.

Si, la idea de Lucía surgió de manera muy extraña. Yo venía caminando del Parque Central a mi casa, yo vivía en la calle Aguiar, entre Tejadillo y Chacón, y en el camino, por la calle Obispo, en el año 66, sobrevino a mi mente esta película de tres cuentos, con tres personajes femeninos de manera muy borrosa. Sabía que el primer cuento iba a ser al final o al inicio de la última guerra independentista, que después iba a haber un cuento en la época de Machado y un cuento contemporáneo. Llegué a mi casa y me senté en un sillón que daba a un patio muy hermoso con enredaderas de jazmines y de buganvilias. Era una hora muy bonita, era como la caída de la tarde, no había nadie en casa, cosa extraña porque era la casa de la familia y siempre estaba llena de personas, y en el sillón, meciéndome en el sillón, se me fue esbozando con más claridad la película, fue como un milagro, una revelación. Claro que después vino la etapa del argumento, del guión, de un primer tratamiento del guión. Los dos primeros cuentos fueron los que perseveraron más hasta llegar a la identidad final de la película, el tercer cuento era muy diferente, era una historia muy diferente y fue el que yo tuve que reinventar, pero con el decursar de los días, en este caso, de los meses. Tengo recuerdos imprecisos, lo que si recuerdo bien el momento que surge, es como el momento que tú no olvidas de un primer amor, esas cosas importantes que quedan marcadas que tú recuerdas hasta la temperatura, si había frío, si había calor, generalmente lo que hay es calor, pero bueno…, tengo un recuerdo casi sensorial de aquel momento, después se dispersa en una nube, hasta llegar a un guión muy perentorio, a un guión que no estaba consolidado lo cual me convenía mucho a los efectos de cómo yo quería hacer la película, que era un estilo muy libre, transformando el guión constantemente durante la puesta en escena. Y el guión era eso, una guía temática, con una estructura; yo diría que muchas cosas sobrevivieron tal cual estaban en el guión, pero realmente aún en las que sobrevivieron hay profundas transformaciones en los diálogos. Yo venía de hacer Manuela… Yo sí tenía el casting en la mente ya, como se dice ahora, casting, antes se decía reparto. Sabía que Raquel Revuelta iba a ser la protagonista del primer cuento, Eslinda Núñez la del segundo y Adela Legrá la del tercero. No antes que se me ocurriera la idea, o sea, tan pronto se me ocurre la idea también voy viendo los rostros de las actrices, no tanto de los actores, sino de las actrices. Y es una cosa muy curiosa, si es cierto que existe el destino y podemos desarrollar una voluntad determinista, yo creo que tanto ellas como yo nacimos para hacer esa película, porque las actrices y el director, todos estábamos en edad exacta para los cuatro roles que teníamos que desempeñar. Otro tanto podría decir de los actores, de Eduardo Moure, que es el protagonista del primer cuento, de Ramón Brito, que es el protagonista del segundo y de Adolfo Llauradó protagonista del tercero. Creo que también ellos nacieron de cierta forma, entre otras muchas visiones del destino, pero parece que había algo de fundamental en que hiciéramos esta película.

Lo digo sin vanidad de ningún tipo, es que realmente hicieron un pase por la televisión de la película hará un mes y yo llevaba casi veinte años sin ver la película, solamente había visto algún que otro fragmento en alguna universidad, en medio de una charla; yo siempre exhibo lo mismo en las charlas para hacer una cosa sucinta y muy fuerte, exhibo de la batalla del primer cuento al final, la discusión de los amigos en el bar en el segundo cuento, ya casi en el epílogo y una secuencia que me gusta mucho del tercer cuento, la escena de la salina, cuando corren todas las mujeres y Tomás corre detrás y entra la Guantanamera de la mejor manera, etc; es decir, en estos años he visto fragmentos, pero estando sentado en esta sala oigo la música de Leo Brouwer y pienso que es un disco que alguien está poniendo, voy al televisor y me encuentro que está comenzando el tercer cuento y me pareció que tenía mucha lozanía, que mantenía su modernidad, que no había envejecido, cosa que me agradó mucho porque las películas envejecen igual que los seres humanos, y me dije: Ahorita van a ser cuarenta años que se hizo, si se mantiene con frescura, con lozanía, con una capacidad de seducir al propio director de la película que es el más acérrimo crítico de su propia obra, pues parece que está bien, que es un buen trabajo, y que quizás quede en la memoria colectiva, más allá de la vida y muerte de los que la hemos hecho.

Y lo cierto es que las tres Lucías y quiero enfocar este tema porque se que tú estás haciéndole entrevistas a las tres damas y compañeras, damas por la película y compañeras por la vida cotidiana. Y digo damas porque realmente son tres figuras antológicas y tres imágenes antológicas yo creo que en el cine latinoamericano, más que el cubano. Son tres rostros extraordinarios, con una arquitectura providencial, estaban, repito, en la edad justa de cada uno de los tres personajes, son rostros emblemáticos, representan muchos valores y muchas matizaciones de la nacionalidad, tenían la capacidad de transmitir a través de su gestualidad y de la propia construcción de su arquitectura facial, tenían la capacidad de transmitir matices muy sutiles de la cubanía, eran perfectas para ese rol. Si tuviera que hacer Lucía de nuevo, claro que no la haría, pero pensemos, que alguien me obliga o yo mismo enloquezco y me obligo a hacer Lucía de nuevo, yo no tendría en este momento esos tres paradigmas faciales, ni tuviera tampoco, esas tres voluntades y calidades de actriz. Nada, es que todo propició para que se hiciera esa película con las personas idóneas, en este caso no hablo de mi, estoy hablando de las actrices.

Raquel representa ese camafeo, esa imagen que podemos tener todos en el subconsciente de la belle époque de finales del siglo XIX, belle époque para Europa, momentos trágicos para Cuba, que es la guerra de independencia. Eslinda representa valores de sutileza, es un rostro como evanescente, que no se acaba de perfilar, si está muy bien perfilado arquitectónicamente, pero lo que ella transmite tiene una capacidad fulgurante. Todo lo contrario de Raquel, que es un rostro perfectamente estructurado, dramático, operístico, lleno de evocaciones inclusive en el cine anterior latinoamericano y en cierto cine europeo, sobre todo del Mediterráneo, además son los valores que representa genéticos y culturales de ese personaje. Y el rostro de Adela es una maravilla de mestizaje, es la apoteosis de la cubanía, tú descubres en ella rasgos negroides, rasgos blancoides, descubres en ella ecos de los primigenios nativos de la isla, es un rostro de india, es un rostro de mulata, es una maravilla. Por eso la foto de ella ha recorrido mucho el mundo, porque ella con el sombrero y la toalla, que yo recojo después en Miel para Oshún en la secuencia final, pasados muchos años a posteriori, es un rostro que es un emblema de la cubanía.
Raquel es la autoridad, es la pasión, representa la idea de las pasiones, de las pasiones desbordadas, hay mucho de ello en su propia personalidad, a pesar de que es una mujer hierática, aparentemente fría; pero es como una caldera en plena ebullición y su maravillosa máscara logra ocultar esas inquietudes subterráneas que aparecen en Lucía. Creo que es un mérito de ella en la película, aunque ella había hecho cosas maravillosas en teatro y cine anteriormente, lo que pasa es que el cine es lo que queda perpetuamente. En esta película hace gala de sus dicotomías, de sus ambigüedades, de una aparente serenidad que es un volcán. Es muy expresiva y es muy refinado ese trabajo que ella hace, a veces hasta de catarsis, pero de catarsis de gran actriz de método, de trabajo Stalisnaski, etc, no la catarsis por la catarsis, no la catarsis animal y extraordinaria de Adela Legrá, que es una catarsis llena de luminosidad, de artisticidad, pero sin la técnica de Raquel, sin la técnica de la actriz, pero con una sinceridad tan aplastante que después se unifican en términos de capacidad y calidad, por una extraña ecuación matemática.
Eslinda era justamente la proyección de lo sutil, de lo confuso, repito, de lo fulgurante, de lo evanescente, de lo inapresable. Eslinda es como críptica, misteriosa. Tú sabes que hay muchas lecturas detrás de esos ojos, hay muchas cosas no confesadas, hay muchas emociones latentes y no es que Eslinda sea así, pero seguramente siempre los actores, quiéranlo o no, expresan rasgos de su propia personalidad.

Lo cierto es que tuve tres rostros maravillosos, más que tres rostros maravillosos, tres inteligencias y tres capacidades artísticas como yo creo que difícilmente se va a repetir en el cine cubano, sino es que pensamos en una Isabel Santos, en una Idalia Anreus que hace un personaje inolvidable en Lucía, que ojalá estuviese viva y este documental que tú estás haciendo pudieras tenerla a ella también como una de las cuatro Lucías, porque de cierta forma es una de las protagonistas de la película. A pesar de que ella hizo cosas muy buenas con el también ya desaparecido Manuel Octavio Gómez, no se si porque es mi película yo donde más vibro con esa actriz, con Idalia Anreus es en Lucía, que transmite otros códigos, otras emociones, otras esencias muy diferentes a las otras tres. Yo creo en ese conjunto de ellas tres con Idalia, mira, para qué decir: Flora Lauten que interviene en el segundo cuento, creo que podrías hacer un segundo documental sobre las actrices secundarias porque realmente fueron tan bien escogidas por la historia, por las circunstancias que me tocó vivir, más allá de mi voluntad, que son todas tan representativas de aspectos de la nacionalidad, son lecturas históricas, son códigos, es decir, todas estas actrices, tanto las protagonistas como las secundarias, a veces hasta los extras tienen esa virtud en la película. Es una película que yo estoy muy orgulloso de haberla hecho porque tiene infinidad de metáforas, de lecturas, que es lo interesante en una obra artística. En fin si pensamos en esta época habría que pensar en una Isabel Santos, para igualar esa maravilla, hay otras actrices seguramente, Beatriz Valdés una actriz con muchos recursos, Thais Valdés, no quiero ser injusto y olvidar, pero estoy pensando en figuras emblemáticas del cine cubano contemporáneo, Alina Rodríguez, un rostro absolutamente e irracionalmente ya popular, como la plasmación de lo popular. Ahora, si analizamos estos rostros que yo he mencionado, ninguno de ellos a pesar de la maravilla que representan, hubieran podido ser las protagonistas de Lucía, más allá de igualdad de capacidad artística y de igualdad de recursos para transmitir una sensibilidad y una emoción.

Yo nunca miro al pasado, la gente habla de la época de oro del cine cubano: Memorias... Lucía, La primera carga al machete, fue ese momento, es un momento irrepetible, dimos todo lo que teníamos que dar. Cuba, como cualquier otro país se define por décadas, son retos nuevos. Hemos pasado años sin hacer cine, obligados por las circunstancias económicas o por las incomprensiones de los que deciden. En fin, hemos sufrido, hemos tenido momentos más felices o menos, yo no miro con nostalgia, yo miro a Lucía con mucho orgullo.
No con un orgullo vanidoso, sino con un orgullo de bien, de satisfacción. Si nunca más regreso a hacer una película con la misma calidad, pero ya la hice, finalmente. Y para mí, personalmente fue un hito, un hito personal. Y claro que quiero hacer otras películas, lo que pasa que yo no soy una persona que me repita, el mimetismo de autor, el narcisismo, la tautología de autor no me interesa y yo luego de Lucía hice Un día de noviembre que desconcertó a todo el mundo porque no tenía nada que ver y Cantata de Chile tampoco tenía nada que ver, y Cecilia se entronizaba un poco con el primer cuento, pero Cecilia era como auto-sacramental, los diálogos eran recitativos, es decir, no tenía nada que ver, ni El Siglo de las Luces ni Un hombre de éxito y sobre todo Miel para Oshún, en fin...
De todas maneras y entroncando el tema con el propósito del documental, estas actrices me han acompañado a lo largo de mi vida, con Eslinda he hecho varias películas, con Raquel también y con Adela y quiero seguir haciendo películas con ellas. Para Eslinda tengo en un futuro cercano una versión de La Gaviota adaptada a Cuba, a finales también del siglo XIX, con Raquel algo muy grande que tendría que escribir, porque cuando se piensa en Raquel se piensa en algo grande, mira, no en balde me enviaron este libro de poemas titulado Palabras en fila, en clase y en recreo, de un señor que se llama Juan Cueto, un cubano que vive fuera de Cuba, y mira que dedicatoria más linda: “ A Humberto Solás, por la poesía en tus películas y por haber preservado para la posteridad a la excelsa Raquel Revuelta. Con admiración y afecto, Juan Cueto”. Quiere decir que Raquel está como en esa especie de estrato de los dioses y para ella hay que escribir algo muy especial, tomando en consideración además su temperamento, su edad, su inolvidable, a pesar de los años, belleza que sigue siendo un testimonio. Y con Adela Legrá, seguramente en mi próxima película Gente de pueblo va a ser una de las protagonistas.

Ahora pensando en esta entrevista, hay cosas que nunca había dicho de Lucía, los años pasan y uno se va acordando de otras cosas (…)

Lucía es un concierto barroco. Tiene una estructura de concierto barroco, aunque no es la clásica. Es un movimiento forte el primero, después viene un adagio que es el segundo cuento y el tercero es como un allegro ma non troppo, porque es un cuento lleno de contradicciones, la gente lo quiere ver como una comedia y realmente es una tragicomedia, porque se está negociando el futuro de las relaciones entre hombre-mujer, las perspectivas de producción en el país, los desgarramientos que provocan las rupturas, los cambios en la psicología colectiva, es una pedrada contra el machismo y finalmente está hecha con mucho cariño, porque el machismo sobrevive y va a sobrevivir durante muchos años, no de la misma manera pero es parte de nuestra idiosincrasia y hay que verlo amorosamente, a despecho de que muchos analistas consideren que básicamente es un acontecimiento negativo, de todas maneras el machismo ha ayudado a perfilar y consolidar la nación cubana y es parte del coraje, el hembrismo, etc, son manifestaciones que no podemos rechazar absolutamente porque seríamos ciegos, quisiéramos ser daneses o suecos y eso realmente es una forma de alienación muy bien perfilada.

Entonces resumiendo, no hay ninguna nostalgia, lo que hay es un orgullo sano por haber hecho esa película, porque haya significado una ventana para la cultura cinematográfica cubana a nivel universal y que yo haya sido el autor de esa obra, y el deseo de hacer cosas muy diferentes y si algún día logro una calidad parecida, bienvenido sea, fantástico, no lo espero, pero si ocurre uno no puede prejuiciarse, uno no puede saber que es lo que va a ocurrir en el futuro.