lunes, 15 de febrero de 2010

Isabel Santos: “La sinceridad lo es todo para un actor”

Por Mónica Montes Medina.

Se permuta, Miel para Ochún, Barrio Cuba, Clandestinos forman parte de la filmografía de una de las mejores y más exitosas actrices cubanas, Isabel Santos, quien en esta ocasión resulta la invitada del nuevo programa del cantautor Amaury Pérez Vidal “Con 2 que se quieran”, que se graba en los estudios del ICAIC de Prado y Trocadero.

“La novia de Cuba”, como la bautizara en el 2002 el director Humberto Solás, se nos ofrece en una dimensión profundamente racional. Se confirma, una vez más, como un mujer de carácter fuerte, incisiva, irónica, sonriente e imprevista.

El diálogo se desliza de forma muy natural, las respuestas dominan un híbrido de emociones que entremezclan júbilo, ansiedad, complacencia, y desconcierto cuando la artista platica sobre su niñez, sus inicios en la actuación, sus amores y sus proyectos.

Del cine habla con mucha pasión. Ha tenido el privilegio de trabajar bajo la guía de grandes directores y el recuerdo de cada uno merece una mención particular durante la charla: Juan Carlos Tabío, al que la entrevistada caracteriza como “un niño grande que se ríe mucho”; Fernando Pérez, con quien asegura haber llorado más y finalmente el gran Humberto Solás, al que define como “su gran amigo”.

La última etapa es de confesiones definitorias, donde se pincelan las nociones de identidad, persistencia y valentía, que genera, a medida, una frase incólume que queda sostenida en el aire: “Me niego a irme… mi decisión es quedarme.”

Sin lugar a dudas una velada exquisita a la cual tuvo acceso Cubadebate y a continuación, como cortesía del programa, reproduce algunos fragmentos de la conversación:

Amaury Pérez: Muy buenas noches. Estamos en “Con 2 que se quieran. Hoy tenemos como invitada a una persona que goza de todo mi cariño y de toda mi admiración, la gran actriz cubana, Isabel Santos.

Tenía miedo con esta entrevista porque siempre he pensado que las actrices mienten. ¿Me vas a hacer el favor de ser sincera conmigo?

Isabel Santos: Yo creo que en una entrevista la gente siempre tiene miedo, desde un político, un actor, un obrero. Yo creo que no eres tú, no estás cómodo, no estás en la sala de tu casa. Siempre uno está haciendo un personaje, estás haciendo la vida de muchas personas y a veces coges prestado de otras a la hora de hacer un personaje, pero a la hora de una entrevista la gente cree que te conoce y eso es lo único que te queda. Conocerte conocerte, yo creo que sólo los hijos, la familia, los más allegados. Hay algo que uno siempre se tiene que guardar.

Amaury Pérez: Yo de todas maneras no voy a cometer el pecado de confundir a Isabel con sus personajes. ¿Qué es para ti entonces la sinceridad?

Isabel Santos: Todo

Amaury Pérez: ¿Aún con los riesgos que eso trae?

Isabel Santos: Claro, porque tú no puedes ir como el mentiroso por la vida, ni con los amigos, ni con la familia, ni con los hijos, ni con el trabajo. El trabajo del actor lleva un desgarramiento muy fuerte, muy visceral; hoy te toca hacer una comedia, mañana un drama, la gente piensa que uno se despega de eso. Hay cosas que uno puede tener de la vida, toques, pero casi siempre yo voy a otras vidas, a vivencias de otra gente. Aunque sí soy alguien muy observador. Yo puedo estar en un velorio, por ejemplo, y no puedo distanciarme de lo que está pasando. Es como que estás guardando en un disco duro y en algún momento eso sale. Lo vas a necesitar. Pero la sinceridad en este trabajo lo es todo, el público además no te perdona, y yo me considero más una actriz de cine, que de los otros medios, esa pantalla es muy grande y ante esa no se puede mentir, hasta el sudor, si la piel enrojece, todo, y el público cubano, y el público en cualquier lugar del mundo, cuando va al cine quiere la verdad. Hay que tener una sinceridad absoluta.

Amaury Pérez: Hablemos de verdad. ¿Dónde tú naciste?

Isabel Santos: Yo nací en la ciudad de Camagüey

Amaury Pérez: ¿Y ahí te criaste?

Isabel Santos: No, yo no me críe ahí. A los 40 días de nacida, mis padres fueron a fundar unas cosas que se decían granjas del pueblo, ellos cerraron la casa y la perdieron. Yo le decía a mi mamá: ¡Pero tú estabas loca! ¿Cómo ibas a dejar una casa en el centro de la ciudad para irte para un batey? Y fueron de batey en batey, montaron ladrillo sobre ladrillo y a mí me tenían en una hamaca y todo el mundo que pasaba le daba a la soga de la hamaquita y una vez vino una vaca, se recostó a la pared y… por poco me mata. Ese cuento me lo hizo el otro día mi madre. Hasta que llegaron cerca del central, actualmente llamado Noel Fernández; antiguamente Senado, y a 2 kilómetros de ese pueblo, había un bateycito como de 10 casas y ahí viví yo hasta la adolescencia.

Amaury Pérez: ¿Quiénes vivían allí contigo?

Isabel Santos: Mi papá, mi mamá y mi hermano

Amaury Pérez: ¿Y por qué hay mucha gente que te dice la guajira de Jaragüey?

Isabel Santos: Chico, no sé, porque mi papá nació ahí

Amaury Pérez: Háblame de tu mamá

Isabel Santos: Mi mamá es lo más grande. Mi mamá es un ser adorable, que luchó muchísimo con nosotros, conmigo y con mi hermano, era un mujer que nos tenía que mantener ella sola. Yo me debo muchísimo a ella porque es una mujer que me enseñó muchísimo de la vida, s una mujer con mucha intuición, para todo. Ella dice, te va a suceder algo, esto, y entonces, mira que te sucede, entonces yo escucho mucho a mi madre.

Amaury Pérez: ¿Tú piensas que los padres siempre tienen la razón?

Isabel Santos: No, no siempre

Amaury Pérez: Pero se acercan

Isabel Santos: Sí

Amaury Pérez: ¿Cuando se entera tu familia que a Isabel le interesa la actuación?

Isabel Santos: Mira, yo creo que fui una niña con muchos sueños, quizás esa cosa de que había que acostarse temprano porque no había luz…

Amaury Pérez: ¿Por qué no había luz?

Isabel Santos: Mira imagínate, en un batey lo que había era planta eléctrica de petróleo y entonces había un viejito que la prendía, pero la planta era más tiempo el que estaba rota que el que estaba arreglada, entonces había un círculo social con un televisor donde daban “Los mambises”, ¿te acuerdas?, que daban dos aventuras y entonces cuando estaba bien aquel televisor el pueblo se acercaba a mirar las aventuras y el viejo que le gustaba dormir temprano y que arrancaba la planta… y después de las dos aventuras había que acostarse. Y el cine lo veía a través de cine móvil, del carrito del ICAIC...

Fuente: Cubadebate