jueves, 22 de abril de 2010

Sin miedo en Día de Muertos

Por Rafael Grillo

La teoría del Periodismo de Viajes enseña a diferenciar entre la mirada del “turista” y la del “viajero”. Al primero le interesa la foto al pie del monumento, el paisaje de postal, el traje y el baile típico, la bebida y comida típica. Todo lo típico, el país de folclor…
Mientras que el segundo aspira a cargar en su morral las esencias del país que visita, atrapar con el lente el retrato del alma de sus habitantes, escudriñar en los orígenes de las tradiciones, correlacionar los mitos históricos y culturales con los hábitos que identifican a un pueblo y lo distinguen del otro.
Esta definición del viajero le encaja muy bien al cubano Carlos Barba, ahora por los rumbos de México. Alejado de las recurrencias de su anterior filmografía, marcada por la influencia de Humberto Solás (colaboró con él en Barrio Cuba, le dedicó Memorias de Lucía, Gibara, ciudad abierta, entre otros) y la historiografía-homenaje a todo el cine cubano (Mujer que espera, Papeles principales, Canción para Rachel); en su último documental, Día de muertos, con la producción de Tele Sur Campeche, apela al ejercicio de investigación antropológica, que ausculta bajo la piel del rito con el que un pueblo se singulariza de todos los demás.
Parece siniestro, pero a los habitantes de Pomuch le parece muy normal. ¿Miedo? “No, me da sentimiento”, dice ante la cámara una anciana que acaba de extraer del nicho funerario los restos de sus antepasados, y que comienza pausada, exhaustivamente, a limpiar hueso por hueso del cadáver entero, para colocarlos al final sobre una caja pulcra, recubierta con una tela blanca y bordada con hilos de color.
Ellos, en el día que la cristiandad llama de los Fieles Difuntos, el 2 de Noviembre, ni siquiera hacen como sus compatriotas mexicanos, que en su peculiar Día de Muertos pasean a la “Catrina” y elaboran suntuosos altares. Humildemente, estos descendientes de los mayas, tanto viejos como jóvenes, persisten en la ancestral costumbre del “cambio de paños”, y en cocinar bajo la tierra su plato a base de pollo y maíz.
Alrededor de este acto heredado, se posan los prejuicios de los extraños y flotan historias de aparecidos… Carlos Barba evita la pose sensacionalista, la escatología y el horror, para envolvernos, por el contrario, en un registro fílmico reposado, sencillo y naturalista.

Foto: Abel Álvarez: La actriz Ivonne Carrillo y el director Carlos Barba durante el rodaje del documental.