sábado, 10 de julio de 2010

Jacqueline Arenal, la otra Sofía

Entrevista íntegra realizada a la actriz cubana para el documental “La otra Sofía”, de Carlos Barba. Bogotá, mayo 2006.

Enterada de que se estaban realizando unas pruebas en el ICAIC para El siglo de las luces, -en ese momento estudiaba la carrera de actuación en primer año-, y también sabía que le habían hecho pruebas a mucha gente, sobre todo a actrices muy conocidas, eran jóvenes, pero muy conocidas ya en ese tiempo, de pronto comenzó a formar parte de ese casting alumnas de mi especialidad y del Instituto (Superior de Arte, ISA) y justamente por estar enferma no asistí a clases y no participé. Pasó el tiempo e incluso empezó a correr, como siempre, los rumores de que el personaje se le había dado a tal actriz, había como dos que casi casi eso estaba definido para ellas. Un día llego al Instituto, y me encontré, al que después supe era el director de fotografía de esta película, Livio Delgado, y él me dijo: “¿Tú eres alumna de ballet?”, pues yo más o menos tenía la cosa típica del ballet porque acababa de terminar la carrera de ballet y la escuela de ballet estaba cerca de ahí. Entonces le dije que no, que estudiaba actuación, y me dijo:”¿Qué raro no te hicieron el casting para esta película?”, y bueno, le conté todo esto que te he contado, y finalmente le habló de mi a Humberto Solás, le dijo que había una alumna a la que no se le hizo prueba y me citaron a mi casa, pues estaban definiendo ese casting, era el último día, y quisieron que yo asistiera al otro día. En ese momento estaba haciendo una serie de televisión (De tu sueño a mi sueño), además de dando clases en el ISA; me entregaron la escena a las 9 de la noche, y la prueba era a las 9 de la mañana, algo así, entonces la leí mucho, en otras entrevistas he dicho, que por suerte tenía de verdad un background bastante cercano de El siglo de las luces porque justamente lo estábamos estudiando dentro de las clases de literatura. Tenía dos escenas de la película, una del principio y una del final, y así llegué, hice ese casting, que todavía quedamos como unas diez actrices; pensé que como siempre eso sería largo, que habría que esperar a ver qué pasaba, pero me pidieron que esperara afuera un rato, pasaron tres actrices más después de mi, y como a las dos horas me llamaron a la oficina y me dieron el personaje. Fue de una vez, ese día por suerte, no fue largo…Obviamente no lo podía creer. Me fui a hacer una prueba a las 9 de la mañana y a las tres de la tarde regresé a mi casa con unos guiones en las manos, para ser de pronto, ya, la elegida de unas de las películas que más se apreciaban en ese momento para cualquier actriz o actor, porque era Carpentier, porque era Humberto y porque verdaderamente era un personaje maravilloso. Y así llegué a El siglo de las luces. A partir de entonces, de que fui elegida, no sabía cómo acercarme realmente al personaje, si volver a leer la novela, si hacerlo a través del guión, realmente estaba muy despistada en ese momento, no sabía qué hacer y empecé a construir un diario, en el que la verdad era mi propia vida, pero empecé como a jugar que yo firmaba Sofía. Y poco a poco, como en juego, se fueron entremezclando mi realidad y la realidad que iba leyendo, a veces escribía dentro de ese diario o realmente provocaba en mi vida situaciones parecidas a las del personaje y obviamente fue un juego que me ayudó mucho a imaginar cómo sería yo, de pronto, haciendo el personaje. Ese fue el primer acercamiento y la manera en que llegué a la Sofía.

El siglo de las luces implicó muchas experiencias para mi, sabemos lo que significa para cualquiera viajar, y más a los veinte años. También por lo que uno imaginaba o leído, de una ciudad como París, repleta de cultura y de una sensación muy especial, que constituyó para mi una experiencia maravillosa. Creo que, además, hay una inspiración grande también que está relacionada en la novela con Francia, porque los escenarios de esas ciudades, de Burdeos, donde rodamos parte de la película, en París igual, siguen siendo muy parecidos al color y al estilo y al aire que tienen los escenarios dentro de la película. Yo tenía entonces un juego, que empezó con ese diario, donde de verdad esto era una ilusión tan grande que no se podía creer. No pude percibir, en el momento que hice la película, la oportunidad, por llamarlo de alguna manera, como la percibo hoy, pero me alegro, pues la percibí con muchísima más inocencia, y aprehendí, cada cosa que pasaba, cada cosa que sucedía, con una inocencia que no me permitía ver las cosas matemáticamente y decir: "Qué bueno estar en una gran película, con un gran director", pues eso yo lo veía pero lo disfrutaba como un juego. Eso pasó durante el viaje también, cuando llegué a París, donde me parecía que ya había estado, y creo que había estado, un poco, en ese sueño, porque entre que fui elegida y que realmente viajamos para hacer la película, pasaron alrededor de seis meses, o sea, hubo todo un tiempo de generar grandes ilusiones, grandes sueños, y un gran juego, un juego profundo de emociones y de sensaciones, pero así viví la película. En esa medida, viajar, que digo que para todo el mundo me imagino es una experiencia extraordinaria, más a esa edad, pero más para un cubano, se convirtió en una algo muy especial que pude relacionar con la película y con mi vida, obviamente hubo un paso grandísimo, se abrió el mundo, se abrió otro mundo muy diferente, y que para mi, por suerte, fue muy agradable, aunque la verdad me sentía todavía un poco, como sola, como cuando te sueltan y aprendes a caminar. Pero el viaje, insisto siempre, que fue algo, como tú dices, donde se me pegaron muchas cosas, muchas sensaciones, muchos colores, muchas experiencias que todavía conservo, y que en gran medida creo que también el personaje sentía. Tuve la suerte de tener un juego encantado, donde mis circunstancias estaban bien relacionadas con lo que le estaba pasando al personaje, a los asombros a los que se había abocado Sofía y en esa medida lo aproveché mucho, me fue de mucho provecho, aunque no tenía la sensación consciente de aprovecharme de eso, pude reproducir mucho esas sensaciones durante la película.

La relación con los actores fue buenísima, cierto que Esteban estaba interpretado por un actor ruso, Rustam Urazaev, Víctor Hugues por Francois Dunoyer, Carlos por Frèdèric Pierrot, y yo por la parte de Cuba, era un poco el centro de los personajes de la película y verdaderamente al principio, siempre he dicho, que era una gran torre de Babel pues sabrá Dios cómo nos comunicábamos en realidad. Había algo muy técnico, y que ayudaba mucho a la hora de realizar las escenas y era que cada uno tenía su guión y en el fondo, aunque estuviera oyendo hablar ruso o francés, había leído la escena y sabía de qué estábamos hablando, eso es por la parte técnica, por otro lado creo que como todo estorbo que se convierte en una virtud, se abrió un mundo de comunicación entre nosotros que no dependía de las palabras, las palabras que suelen ser a veces tan engañosas y que uno usa para quedar bien. Entonces se abrió un mundo en el que de verdad había que comprenderse y transmitirse cosas no a través de la palabra. Pues la vida de una película no es sólo la escena que se está interpretando, sino un mundo de relaciones que se establecen humanamente. Pero realmente creo que esa torre de Babel se desbarató en la medida en que nosotros logramos tener una relación real, de trabajo y muy productiva y muy amable entre todos. Tengo un gran recuerdo de ese trabajo, donde trabajaba con gente muy diversa, de países muy diversos, y sin embargo me parecían personas conocidas y posibles. Lo que en principio parecía ser algo muy difícil, se convirtió, quizás, hasta en una virtud y en una posibilidad diferente de comunicación. No tengo un solo recuerdo en el que diga: “Dios mío, por no hablar el mismo idioma no nos estamos pudiendo comunicar o entender”; además eran actores maravillosos y profesionalmente fue una relación muy enriquecedora para mi.

Obviamente conocía a Humberto Solás por todas las referencias que tenemos todo el público cubano de su cinematografía y me gustaba mucho, era un sueño tan imposible, que nunca pensé que pudiera ser posible. Pero por suerte, rápidamente, esa distancia que establecen los sueños desapareció y se convirtió en una relación muy concreta, desde el día del casting, a mi me parecía que lo conocía, no había ese temor cuando uno admira tanto a alguien que lo aleja. Y él se acercó muy bien, me dijo cosas muy concretas, creo que nos convencimos de que iba a ser posible tener una relación de trabajo, con todo lo que eso implicaría durante un año, una película durísima, de seis horas, donde yo estaba haciendo mi primer trabajo en el cine, pues creo que antes había hecho uno, en Plaff, que era prácticamente un figurante, una extra, y El siglo… era mi primer trabajo en el cine protagonizando una película de seis horas, de una inmensa importancia para el organismo que la estaba produciendo, para toda la gente que estaban implicadas, o sea, que sí era durísimo, y sin la relación que en el fondo se estableció con Humberto eso no habría sido posible, hablo de qué, de una persona que desde el principio te dice: “Estoy seguro que eres tú”, con todo el riesgo que eso le podría implicar, ya desde ese momento uno agradece mucho y siente seguridad. Ahí partió nuestra relación, que se llenó después de cosas, de afinidades, de complicidades, hasta de secretos. A veces no sabía, cuando me preguntaban en las entrevistas al principio,-y como yo veía que los actores siempre hablaban de las relaciones con los directores o contaban anécdotas sobre qué notas le daban los directores-, pues con Humberto se convirtió en un mundo de asociaciones, y la relación humana que surgió entre nosotros, que fue muy intensa, muy intensa durante el proceso de la película, se convirtió también en las notas que Humberto Solás me quería dar, o hacia dónde quería guiar el personaje. Él respetó mucho mis intuiciones, porque eran puras intuiciones lo que tenía con respecto al personaje y a la película, pero siempre hago el cuento de que, por ejemplo, me dijo: “Léete Madame Bovary”, cuando le pregunto para qué, dice: “Todo ese mundo de sensaciones que te debe haber causado quiero que lo hagas, en una escena”, así fue nuestra relación de trabajo. Creo que realmente lo que nos salvó es que tenía una actriz absolutamente inexperta, aunque él dijo una frase muy bonita, sobre todo muy bonita para mi, porque me estaba ayudando mucho con respecto a la gente, antes de que saliera la película pues le dijeron: “¿Usted no tiene mucho susto de poner a una actriz que no tiene experiencia?” y Humberto contestó en un periódico: “Yo me considero un hombre con mucha experiencia, con actores sin experiencia”; entonces eso ayudaba a que venciera el miedo y esa era la sensación que yo tenía con él, sin que me dijera: tranquila, no hay problemas, incluso le notaba a veces la intranquilidad, pero era como decir: "yo estoy intranquilo, pero estoy contigo, y creo que eres tú". Hay múltiples anécdotas de lo intensa que fue la relación, tanto que yo le concedí a Humberto y él a mi, mucha confianza, extremas confianzas, de que nos podíamos decir lo que fuera, una vez yo le dije: “ Si es necesario para llorar, que usted me de un bofetón, hágalo”, o sea, a ese punto donde uno solo lo haría cuando tiene mucha confianza, en que lo que hay detrás no es una cosa oscura. Fue tan intensa la relación, que nosotros seguimos manteniendo una relación muy agradable cada vez que nos vemos, pero creo que fue tan intensa que duró en esa intensidad, el tiempo justo en que trabajamos juntos. A mi me sirvió de mucho y creo que a él también, y en el fondo estoy, primero muy agradecida de esa posibilidad, eso sin dudas es así, no es lo mismo que no hubiera sido yo a que fui yo la persona que pudo hacer ese personaje y esa película, y eso fue decisión de Humberto Solás. Y en segundo lugar, poder establecer una relación de confianza, yo no sentía que nada de lo que pasara, por loco que pareciera, debía desconfiar de él, sino que él estaba apostando por mi y todos estábamos apostando por él.

Poder rodar en Burdeos, en Paris, en Yalta, en el Mar Negro donde se hizo todo lo que era los barcos, rodar en La Habana...; algo muy interesante es que esta película tiene escenarios con luces muy diversas. Ahora a lo largo del tiempo cuando la vuelvo a ver es de las cosas que más disfruto. El montón de sensaciones que da por imágenes el hecho de que haya escenarios con luces diferentes, naturalmente. Algo importante es que se creó, con algún amigo, con Humberto, con Magaly Pompa, que es la maquillista de esta película, una sensación familiar, una cosa de verdad como de familia, porque había que crear una familia donde uno no la tenía, donde estaba uno de viaje, y yo por lo menos lo necesitaba mucho, todavía estaba en un estado de dependencia muy fuerte de mi familia, entonces fueron muy interesantes esas relaciones humanas, que no fueron absolutamente con todo el mundo, pero sí con algunas personas, también con Frèdèric, que fue un gran amigo y un gran apoyo en todo lo que significó Francia, que es el actor que interpreta a Carlos. Yo era dependiente de las relaciones con estas personas, de todo lo que surgía y todo eso uno lo transmite. Mi vida se fundió, pero de una manera muy natural sin que uno dijera, el personaje se me metió dentro y ese tipo de cosas que a veces los actores decimos. Verdaderamente mi vida ahí hizo una fusión de manera natural con muchas de las experiencias por las que estaba pasando el personaje. Yo me acerqué intuitivamente y con muchas emociones a Sofía y de una manera muy coherente que disfrutaba mucho. Yo no me preguntaba muchas veces qué estará pasando, qué hacer, aunque sí tenía nervios. Mi experiencia del rodaje es positiva. Si tuve tormentos como uno los tiene en la vida, pero no sentía mucho la presión de la responsabilidad mientras estuve rodando, es más, fue más fuerte después que vi la película, que en el propio momento. Retomando lo del Mar Negro, son unos estudios, Yalta Films, que solo se dedican a dar servicios de ese tipo de barcos de época, y no están construidos modernamente, sino que están reconstruidos y conservados de épocas distantes. Estar dentro de aquellos barcos, ver delfines que nos acompañaban, era un juego de grandes fantasías y eso se siente en la película. No parece una película del momento en el que se filmó, ni fue una película para el momento en el que se hizo, y creo que aún todavía no lo es. El rodaje fue una fantasía vuelta realidad maravillosa y que llegó a mi vida en un momento por suerte, donde no hubo que esperar ni por la experiencia, ni por los grandes conocimientos, fue una experiencia que pude vivir en el justo momento, que muchas veces estas cosas pasan en este trabajo que no se unen, entonces uno o se tiene que inventar la fantasía que ya perdió, la inocencia que ya perdió, o por el contrario le tiene que poner una gran dosis de experiencias no vividas. En mi caso me pude acercar con mucha organicidad, mucha coherencia y el rodaje me regaló experiencias trascendentales.

En principio parecería que esta experiencia me quedaba grande para el momento en el que estaba empezando a estudiar actuación, por todo lo que implicaba ser una persona muy joven, con un personaje muy grande, yo creo que si significó un antes y un después porque le aportó a mi vida, incluso más que a mi carrera, cosas muy definitivas, que pude aprender en el momento en que la estaba pasando, no así como tantas experiencias de mi vida que han venido a darme frutos muchos años después, porque me quedaban grandes o chiquitas, o por lo que sea, El siglo de las luces me dejó actuar, me dejó jugar, me dejó viajar, me dejó tener éxitos sin esfuerzos excesivos, que no fueran los esfuerzos que implicaba la propia experiencia de estar haciendo el personaje y tratar de hacerlo lo mejor posible, y esto escasamente se puede volver a repetir una experiencia de este tipo y más relacionada con el trabajo, la magnitud de todo lo que significó para mi, profesionalmente y humanamente, marca un antes y un después.

La película me ha dejado como legado un buen recuerdo, con conclusiones que me han ayudado muchas veces a vivir y a vivir de otra manera. Lo que me preocupó mucho a lo largo de los años en los que la he seguido viendo, porque la han puesto en varias ocasiones o la he visto porque la tengo grabada, era que tenía mucha inseguridad con el resultado del trabajo, o sea, si de verdad estaba bien o no estaba bien en el personaje. Y eso varió, a veces pensé que no, a veces que si, a veces se me quedaba por debajo. Con el paso de los años me he ido reconciliando con eso, en definitiva lo que quisiera a lo largo del tiempo, a veces, conservar algunas de las cosas que hice en esa película, con economía de muchos recursos expresivos, y sin proponerme tanta teoría, aunque no desecho para nada la teoría, creo que lo mismo que para aprenderla o negarla, hace mucha falta, pero quiero decir que me gustaría actuar ahora como en algunas escenas de El siglo de las luces y sobre todo poder hacerlo como lo hice en ese momento, sin la noción de que estaba actuando, sin la gran noción de que estaba actuando, sino de verdad jugando mucho a actuar. Eso es lo que siento a lo largo de los años, se convirtió en un proyecto de trabajo y de vida del que tengo muy buen recuerdo y con el que me siento muy reconciliada, a lo largo de los años y probablemente cada vez más. No es ni siquiera que encuentre maravillosamente bien mi trabajo, pero si lo siento como un trabajo auténtico, que se salva, sobrevive, sobrevive a todo lo que se enfrentó, a una actriz demasiado joven, a un personaje demasiado grande; me gusta, a lo largo de los años es una experiencia que agradezco y con la que me siento reconciliada, esa es la palabra.

LA OTRA SOFÍA

Documental, 20 min, 2006
Productora: MAREAFILMES
Guión y dirección: Carlos Barba
Fotografía y sonido directo: Enrique Carriazo
Edición: Ramón Ramos
Música (para El siglo de las luces): José María Vitier
Producido por: Carlos Barba, Ramón Ramos, Luciano Castillo

Sinopsis: La protagonista femenina del filme El siglo de las luces, Jacqueline Arenal, cuenta cómo llegó al personaje y su experiencia dentro de este proyecto del director Humberto Solás, donde tenía que figurar en escenas con actores rusos y franceses, entre otros detalles interesantes.



Diseño cartel: Conrado R. Maletá