lunes, 2 de agosto de 2010

ADELA LEGRÁ: ELLA ES LA APOTEOSIS DE LA CUBANÍA

En Memorias de Lucía (2003), el hermoso documental de Carlos Barba dedicado a ese clásico insuperado del cine cubano, y al talento de su director Humberto Solás, y de las tres actrices que se convirtieron en iconos de la feminidad cubana, a la hora de hablar sobre esa guajira guantanamera que siempre ha sido, y seguirá siendo, para su bien, Adela Legrá, dice Humberto:
“Adela es una maravilla. Es una belleza de mestizaje, es la apoteosis de la cubanía. Tú descubres en ella rasgos negroides, rasgos blancoides, ecos de los primigenios nativos de la Isla. Es un rostro de india, es un rostro de mulata, en fin, por eso su foto en Lucía, con el sombrero y la toalla, que luego yo rescato en Miel para Oshún, muchos años a posteriori, ha recorrido el mundo como un emblema de la cubanía. Adela no tiene la técnica de la actriz, pero sí posee una sinceridad tan aplastante, que la unifica en términos de capacidad y calidad, por una extraña ecuación, con las otras dos actrices de Lucía”.

Respecto a la tremenda experiencia que significó protagonizar aquella película antológica asegura la propia Adela Legrá: “Cuando hice Lucía, estaba un poco más preparada pues ya había hecho Manuela, aunque había cosas que todavía no entendía, pero bueno, al final me la tuve que tragar. De todas formas aún así, habían secuencias que no me gustaban, y que fueron las últimas que se filmaron. Nunca imaginé que Lucía iba a tener la trascendencia que tuvo: una película que se convertiría en material de estudio en las escuelas de cine. Un clásico del cine cubano. Por mi mente pasó, que yo, una infeliz campesina pudiera lograr cosas, como resultó en la película. La secuencia en la salina es la que más me gusta. Siento que dimos nuestras vidas, nuestras fuerzas porque saliera aquello. En toda la película se trabajó con amor, pero pienso que esta parte es especial, o al menos yo lo siento así. Aquellas mujeres corriendo detrás de nosotros y después entra la música de la Guantanamera, fue un momento muy logrado, que recuerdo con cariño. Lucía vive en mi, esa es la conclusión que he llegado durante estos treinta y cinco años, porque fue una experiencia vivida intensamente. Esa Lucía va a estar aquí siempre, en mi corazón, es que yo soy Lucía”.

Adela era activista de la Federación de Mujeres Cubanas cuando Humberto la encontró y le ofreció el protagónico del filme que significaría el debut de ambos en el cine: el mediometraje Manuela (1966), una de las primeras obras que apuntaló la calidad del cine de ficción realizado en la Isla. La belleza de su rostro, la sinceridad neorrealista que le imprimió a todas sus actuaciones, luego del éxito internacional de Manuela y Lucía, le valieron aparecer, en papeles más o menos significativos, en Rancheador (1976), El brigadista (1977), Aquella larga noche (1979), Polvo rojo (1981), Vals de la Habana Vieja (1988) y Nada (2001).
Adela es de las pocas actrices cubanas que ha tenido en el cine la oportunidad de interpretar el mismo personaje en dos películas separadas por más de treinta años. Aunque difieran en su nombre, Lucía y Carmen (la madre de Miel para Oshún) son dos mujeres muy parecidas y no solo en el nivel aparencial, pues a las dos las interpreta la misma Adela Legrá. Ambos personajes portan en sus respectivos filmes los vívidos retratos de la identidad y la historia nacional, a lo largo de los últimos cuarenta años. Y lo mejor de todo es que Adela expresa, transmite conceptos tan sutiles, como si no le costara ningún esfuerzo, de manera franca, fluída, con su hablar desinhibido de guantanamera repoya.

Joel del Río, crítico de cine
Palabras al catálogo del 3er Festival Internacional del Cine Pobre de Gibara, Holguín, Cuba, abril de 2005