martes, 21 de junio de 2011

"Barrio Cuba", película de Humberto Solás

Ficha técnica:

Ficción / DVCAM-PRO, 35 mm/ ICAIC (Cuba), FINE Productions (España) / color / 106 min / 2005

Director: Humberto Solás
Director de producción: Aldo Benvenuto
Productor asistente: Francisco Álvarez
Director asistente: Sergio Benvenuto
Asistentes de dirección: Michel Trébol, Carlos Barba
Guión: Humberto Solás con la colaboración de Elia Solás y Sergio Benvenuto
Director de fotografía: Carlos Rafael Solís
Edición: Nino Martínez Sosa
Música: Esteban Puebla
Sonido directo: Raúl Amargot (Nikita)
Mezclas: Alberto Herena
Escenografía: Rafael Souchay
Maquillaje: Aymara Cisneros
Vestuario: Norma San Juan
Iluminación: Emilio Hernández

Productores asociados: Isabel Prendes, Leonardo Gómez Blanco, Lucía Janto
Productores ejecutivos: Camilo Vives, Jorge Gómez Calviño, Santi Camuñas

Intérpretes: Jorge Perugorría, Isabel Santos, Adela Legrá, Mario Limonta, Luisa María Jiménez, Rafael Lahera, Broselianda Hernández, Vando Martinelli, Coralia Veloz, Manuel Porto, Bárbaro Marín, Rubén Araújo, Enrique Molina, Elvira Cervera, Miriam Learra, Ángel Toraño, Ana Domínguez, Dania Morell, Luis Jorge Mujía, Sheila Roche, Colette Aguilar, Denis Díaz, Yeandro Tamayo, Vania Borges, Dianelis Brito, Nieves Riovalle, Javier Fidel Caballero, Alexander Legró, Daniel Antonio Quintans, Roland Somarriba, Roiland Somarriba, Hernan Xor, José Luis Navarro, Ismael Isaac Álvarez, René Salvador González, Rubén David González.

Sinopsis: Vivian quiere denodadamente concebir un hijo, a la vez que Santo refuta su deber paternal abandonando a su hijo al cuidado de la tía Amparo. El viejo Ignacio, en cambio, ansía en su declive el amor, mientras que Magali, joven y bella, fracasa en ello una y otra vez. La historia va de un barrio al otro, mostrando la separación de las familias, la intolerancia, la tristeza, el desamor, pero los personajes luchan, se rebelan contra un destino incierto, recuperan el amor y se empeñan en encontrar una salida o al menos lo intentan.

Fecha de estreno: 10 de diciembre de 2005, cine Chaplin, La Habana, Cuba.




Crónica de un espectador

Barrio Cuba

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT


Naturalista, realista, neorrealista, melodramático, por momentos
rayando lo operístico en su desbordamiento, buscando la emotividad
como el gran arrastre ante una audiencia a la que le estruja los
corazones y hasta hace llorar, Humberto Solás entrega con Barrio Cuba
la crónica sincera de una realidad que como artista no quiere dejar
pasar.

De esta manera sigue en buena medida los rumbos expresivos de Miel
para Ochún, filmada hace cuatro años y primera parte de lo que él
pretende sea una trilogía sobre su país y sus gentes. Pero si de
comparar se trata, desde ya hay que decirlo: Barrio Cuba supera a la
primera en varios rubros. Entre ellos, un guión más sólido y mejor
estructurado y del que emana un sostenido tono dramático muy afín con
esos personajes al borde del límite que integran sus historias. Un
dramatismo en el que por suerte las pocas pinceladas risueñas no están
"puestas" para relajar tensiones y ganar la risa fácil del espectador,
sino que surgen como desprendimientos veraces de los conflictos y
gracias al admirable desempeño de un cuadro de actores (¡todos!)
volando alto.

Barrio Cuba es una película dura (quizá demasiado dura), pero honesta
en torno a valores éticos y sociales relacionados con una difícil
etapa económica. Cuando se presentó recientemente en el Huelva, donde
fue premiada y aplaudida, unos pocos críticos, de manera equivocada,
hablaron de "mirada pesimista". Todo lo contrario. Si un valor tiene
el filme es que sabe retratar esa multiplicidad nuestra en conflicto,
no con los tonos sombríos de una angustia existencial, sino en lucha
perenne por salir adelante.

Es cierto que el filme repite temáticas recurrentes en el entramado
social y no en todos los casos originales en su planteos. Pero son
asuntos que obsesionan al director y no importa que tras Miel para
Ochún vuelva sobre algunos de ellos, siempre y cuando tenga algo que
aportar.

Todas las encrucijadas de las varias historias que integran su trama,
excepto una, son resueltas con verosimilitud. Y esa una hasta pudiera
acreditarse por el hecho de que conecta con el drama íntimo que
atraviesa el carpintero ya envejecido, pero de ningún modo retirado de
la lidia amorosa (grande Mario Limonta en la construcción del
personaje). Él, enamorado de una mujer mucho más joven (Luisa María
Jiménez) solo podrá poseerla por una noche y luego ella le dirá, con
toda franqueza, que la pasó bien, pero prefiere hombres jóvenes. Sin
embargo, al final y sin que esté justificado por la dramaturgia que se
tejía en torno al personaje, ella, enfermera, buena trabajadora y
hasta ejemplar, reprochadora de un novio bisnero y tarambana, acepta
casarse con un extranjero mucho mayor que el carpintero y cruzar
mares. Captable el guiño cáustico (viejo por viejo, aunque viejo con
billetes), pero el giro de la muchacha está violentado y hace pensar
que en su abarcadora mirada, los realizadores necesitaban de todas
maneras abrirle un espacio en el argumento al tema de las llamadas
jineteras.

Realizada dentro de los parámetros del llamado "cine pobre", del que
Humberto Solás es un abanderado, Barrio Cuba fue realizada en digital
y luego pasada a celuloide. Escaso presupuesto para una película bien
fotografiada, en la que sin embargo las escenas nocturnas, o de
predominantes tonos sombríos, carecen de la nitidez necesaria.

Película de desgarramientos y con excelentes diálogos, en la que los
actores lloran y hacen llorar (y en tal sentido la música juega el
papel de inflamar corazones que pretende el director), suerte de
arrebato sensible al que quizá algunos hubieran pedido un poco de
contención, pero que responde a un estilo y propósitos perfectamente
pensados, Barrio Cuba es un testimonio tan necesario como apreciado
por aquellos que también ven en el arte una respuesta inmediata y una
manera de construir algo bello desde lo problemático, y a partir de
una estética para discutir, pero que en la vieja disputa entre razones
y sentimientos, prefiere apuntar, y no yerra, al medio del pecho.

Fuente: Granma