miércoles, 1 de febrero de 2012

HÉCTOR NOAS: LO MEJOR ESTÁ POR LLEGAR.

(entrevista al destacado actor cubano)

Revista Literaria y Cultural SiC, No. 51, julio-agosto-septiembre 2011 Editorial Oriente

Por Carlos Barba
cineasta

¿Cómo comenzó ésta historia, en la vida, y el arte de Héctor Noas?, ¿dónde naciste?, ¿cómo te llega el ansia de la interpretación, de ser artista?

Todo empezó en Holguín donde nací. Curiosamente, y de forma inconsciente, desde pequeño mis juegos infantiles se inclinaban hacia la interpretación de personajes de las Aventuras que se emitían por televisión o en la radio (en esa época, la radio y sus programas seriados, tenían mucha audiencia en Cuba. Eran casi un elemento de compañía para todas las familias). Yo trataba de confeccionar las espadas, cascos y escudos de Los vikingos, la capa y el antifaz de El zorro, la ballesta de Guillermo Tell o el machete y sombrero de Los mambises. Solía jugar con mis amigos a repetir combates e historias imaginadas. Esto no sólo se limitaba a juegos colectivos. También en soledad, frente a un espejo, dialogaba con otro "oponente" que me daba réplicas, creo que esto pasa en casi todos los niños donde la imaginación es un arma para la evasión y el disfrute. En esa etapa tan maravillosa que es la infancia iba gestando en mí el deseo oculto de ser actor.
Tuve la suerte de criarme en una familia que a pesar de algunas circunstancias especiales, era unida, alegre, que disfrutaba de las reuniones alrededor de un buen lechón asado en púa, acompañarse de guitarras (o más bien "tres" guajiros) mientras la alegría de las controversias o canciones románticas llenaban los fines de semana familiares a orillas de un río, en la playa Pesquero Nuevo o en alguna casa en particular.
Mis abuelos fueron dos personas fundamentales en esta etapa. Mi abuela era una mujer muy deshinibida. Gustaba de cantar, recitar poesías y es una de las personas con mejor conversación que he conocido en mi vida. Leía mucho y hablaba de cualquier tema. Mi abuelo era el hombre más noble que te podías encontrar. Tenía el don de la improvisación poética. Cuando conocía a alguien, antes de despedirse ya esa persona se lleva consigo una poesía en décimas que él le había compuesto en unos minutos. A mi abuelo le gustaba escribir décimas para que yo recitara en los matutinos escolares o cuando llegara alguna visita a mi casa. Tanto él como mi abuela sentían orgullo de mostrar a su nieto como un niño con condiciones para el arte. De alguna forma, canalizaban a través de mí sus deseos de haber sido ellos mismos artistas reconocidos.
En las actividades de la cuadra, siempre se me pedía que cantara, recitara o hiciera junto a otros niños escenas humorísticas donde no faltaban los aplausos que alimentaban ese "ego" tan inherente a los actores.
Luego en la adolescencia vinieron las inhibiciones lógicas y no fue hasta que entré en la Academia Naval para estudiar Piloto de Altura de la Marina Mercante, que retomé el deseo de ser actor y me incorporé al grupo de teatro de la Academia Naval donde llegamos a tener el Primer Premio en el Festival de Aficionados de la Marina con la obra "El 23 se rompe el corojo", de Raúl Pomares.

Licenciado en Artes Escénicas con especialización en Actuación en el Instituto Superior de Arte de La Habana, (ISA), en 1988. Graduado con medalla de oro y diploma de honor. Perteneces a una generación de actores que hicieron y siguen haciendo historia en la Isla.

Ya graduado en la Academia Naval y a pesar de haber sido uno de los primeros expedientes (tanto que me seleccionaron para que leyera el discurso de los graduados de mi promoción) sentía una especie de frustración y mucha decepción al no ver que mis expectativas como ser humano iban a realizarse en esa carrera. La vida (o uno mismo) va acomodando las cosas. Herman Hesse decía algo así: "cuando alguien que de verdad quiere algo y lo encuentra, no es la casualidad la que se lo procura. Su propio deseo y su propia necesidad lo conducen a ello". Mientras esperaba para ser ubicado en uno de los barcos de la flota, por recomendación y embullo de algunos amigos que iban a participar, me encontré vestido con frac y chalina entre los cientos de figurantes que llenarían los salones del Palacio de los Capitanes Generales en la filmación de las escenas de la película Cecilia, que en esa locación estaba rodando Humberto Solás. Fue una experiencia inolvidable. Creo que toda La Habana pasó por allí. Era un sitio de moda. ¡Eran otros tiempos! y la ilusión de ponerse un traje de época, compartir con gente agradable, hacer relaciones y estar en una película de Humberto Solás se convertía en un deseo oculto, o no, para la mayoría de los jóvenes. Cuando terminó de grabarse esa parte de la película y ya no se necesitaba a esa enorme cantidad de extras pensé que todo había terminado, que como quien despierta de un sueño debía volver a la realidad y asumir que otro sería mi camino aunque no fuese el deseado. Me estaba apresurando en la derrota. A los pocos días me fueron a buscar a mi casa porque se iba a comenzar la filmar la escena de la tertulia de Isabel Ilincheta. Esta tertulia se haría con intelectuales auténticos. Iban a interpretar personajes de la época, personalidades como Pablo Armando Fernández, Miguel Barnet, Eliseo Diego, Enrique Pineda Barnet y muchos más igualmente notables...¡todo un lujo! y Humberto había pedido a dos o tres extras para que estuvieran acompañando a estos personajes y entre ellos estaría yo. Allí entre las conversaciones supe que en breve, Enrique Pineda Barnet impartiría un taller de actuación para trabajadores del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, ICAIC, y algunos extras que estuvieran interesados en desarrollar sus aptitudes. Por supuesto que no desaproveché esa ocasión y durante más de un año asistí con absoluto rigor a todas las clases que se daban, graduándome en ese taller a finales de 1982. Por obtener la nota más alta, además del diploma de graduado, Enrique Pineda me extendió cartas de recomendación para algunos directores de la televisión que podían estar interesados en utilizarme. Debo decir que de todos recibí una respuesta muy positiva en cuanto a deseo e intención de trabajar conmigo, pero también la negativa de poder hacerlo al existir algo burocrático y horrible que se llamaba "la norma" donde los actores se veían obligados a hacer hasta de figurantes en aras de poder cumplir determinado número de "actividades" y así cobrar un poco más de salario. Esto implicaba que nadie que no fuera del sector pudiese "quitarle" actividades a otros. Hubo una especie de luchas injustas entre los actores que hacían teatro, o radio o televisión y ni qué decir del cine. A esto se sumó el hecho de que si no estabas evaluado no podías decir ni "hola" pues ese "hola" se lo quitabas a alguno que no podría cumplir su "norma". Un desastre, que por suerte fue eliminado y ya sólo queda en el recuerdo de quienes sufrieron las consecuencias; pero en aquel momento para mí que quería ser actor, esto era un impedimento. Para poder evaluarme debía tener un curriculum y con esta normativa que me impedía decir "hola", jamás tendría nada que mostrar a un tribunal. A pesar de que el curso de actuación de Enrique Pineda fue algo que me descubrió cosas fundamentales y técnicas que a día de hoy llevo conmigo, mi única forma de ser actor (de forma reconocida) era estudiando en el Instituto Superior de Arte y esto (que no será contado en esta ocasión por la enorme cantidad de vicisitudes burocráticas que hube de atravesar hasta poder ingresar en el curso regular diurno del ISA en la especialización de Actuación) me permitiría no sólo decir un "hola" sino que me prepararía para algo más sólido como hombre dedicado a las artes escénicas.
No sé si mi generación hizo historia pero sí te puedo asegurar que fue una generación llena de ilusiones y también de sacrificios. Éramos muy ingenuos. Soñábamos con hacer una película como Fama, esperábamos con ansias renovadas cada año el Festival de Cine Latinoamericano, los ciclos de la Cinemateca y el nuevo cine soviético de los 80's que ya no veíamos tan aburrido. Uno entraba al ISA y respiraba los deseos de creación en cualquier área. Había mucha actividad en la escuela y teníamos excelentes profesores. Para mí, ser actor era (y sigue siendo) algo más que ser famoso.

¿Qué piensas de la academia?, muchos actores dicen que tanto para odiarla como para quererla, es necesaria.

Te confieso que cuando me gradué en el ISA, a pesar del diploma de honor y la medalla de oro y de tener una de las mejores profesoras de actuación capaz de dotarte de un arsenal para el trabajo como actor, (me refiero a María Elena Ortega quien se había graduado con honores en un prestigioso Instituto en Moscú), yo sentía que mi formación era incompleta. No sabía qué hacer con tanta información. Había en mí una especie de rigidez o dogmatismo a la hora de ver la actuación. Me sentía inseguro, descolocado y me preguntaba cada día: ¿Y ahora, qué?. Creo que la teoría es válida como método de análisis previo al momento de subirte al escenario o ponerte delante de una cámara. Cuando llega ese momento sólo debes poner toda tu atención en quien tienes delante. La atención a la contraparte es la base de la actuación y el descubrimiento de la acción interna y su importancia para desentrañar el subtexto y las diferentes perspectivas en la psiquis de un personaje, fue algo que sólo experimenté con el paso de los años y la práctica dentro de la profesión. Conozco a muchos actores y actrices que son excelentes teóricos. Son capaces de hacer análisis brillantes en un trabajo de mesa, pero luego no pueden transmitir un sentimiento o comunicar una idea mediante un personaje o lo que es peor, se vuelven poco creíbles. Yo tengo mucho que agradecer a la Academia. El método de análisis dramatúrgico que te permite conocer y manejar los objetivos, los conflictos, los sucesos fundamentales y demás elementos para elaborar una cadena de acción interna, sin que ésta interfiera en la frescura o la intuición, por lo menos a mí me ha servido de mucho, pero nunca se debe priorizar esto al trabajo de las emociones que son las verdaderas portadoras del mensaje.
No existe una regla exacta. La actuación no es matemática. Hablo de mi experiencia. Hay actores brillantes que nunca han estado en una academia pero de forma intuitiva aplican los conceptos que allí se dan. Hay algunos que una vez que trataron de aprender la teoría perdieron el encanto y otros que descubrieron un mundo fascinante al poder contar con un arma que canalice u oriente lo que desean hacer.

¿La primera vez que subiste a un escenario fue en teatro con "El 23 se rompe el corojo"? Hablemos de ésta puesta, y de lo que significa este medio para el actor. Muchos dicen que el teatro es la base, lo necesario, ¿qué piensas de esto?

La primera vez que me subí a un escenario, sería yo un niño y fue en un acto matutino en la escuela primaria. Creo en ese momento quería salir corriendo, pero una fuerza mayor me hizo abrir la boca y decir los versos. Mientras decía los versos iba contando mentalmente las estrofas que me faltaban para terminar. Los aplausos fueron un bálsamo. En otras ocasiones, me preparaba para hacerlo y a medida que se acercaba el momento, el miedo me invadía. Siempre pensaba: ¿por qué tengo que hacerlo?. No era lo mismo exponerte entre tu familia o conocidos que para un público heterogéneo. Una vez que empezaba, todo cambiaba. Sentía que tenía un poder sobre los demás que culminaba con los aplausos (curiosamente, hoy no tengo problemas para ponerme delante de cualquier público y hacer lo que sea, pero en el marco familiar o privado me siento incapaz de actuar)
"El 23 se rompe el corojo" con los aficionados de la Marina, fue mi primera participación en una obra como tal y marcó mi reencuentro con la actuación después de algunos años. También fue mi primera experiencia con un director, una determinada puesta en escena, funciones en diferentes sitios y público más diverso.
Se dice que el teatro es la esencia porque fue lo primero. También porque es el único medio donde eres responsable de lo que haces si tienes en cuenta que aunque el director te trabaje mucho en los ensayos, sólo tú puedes transmitir la idea sin la posibilidad de un corte u otro elemento que sustituya al actor, como sí puede hacer el cine o la televisión. Ahora bien, eso no quiere decir que sólo los actores de teatro son buenos actores. Hay excelentes actores de teatro que no saben o no pueden hacer cine y viceversa. Son medios diferentes con formas e intensidades propias. En la medida en que un actor sea capaz de adecuar o moldear su forma de hacer según el medio en que lo realiza, mayor será su acierto, pero no será mejor actor por eso, será simplemente más dúctil. Es como la música, no importa si la escuchas en cassette, en discos o en soportes digitales. Lo importante es escucharla y lo que ésta sea capaz de transmitirte en ese momento.
A mi el teatro me da una satisfacción especial y es el hecho de que parto prácticamente de cero y voy cada día añadiendo características, elementos, que me permiten ir creando esa alma diferente a la mía. Puedes ir probando cosas todos los días, incluso durante las funciones. Se establece una retroalimentación con el público que no tienes en otros medios y puedes sentir inmediatamente el resultado de lo que haces. Nada puede impedir hacer lo que sientas, durante la representación de la obra. El teatro es donde más agotado termino, donde más desnudo me siento, donde más satisfecho me encuentro porque he podido controlar el resultado de lo que he querido decir o hacer una vez que se sube el telón y donde cambia más mi estado anímico una vez terminado.

¿Cuáles son tus puestas más recordadas? y los grupos de teatro en dónde te has sentido más a gusto, ¿dónde se ha cumplido mejor el sueño de las tablas?.

Mis trabajos en teatro más recordados son "El Publico", "Calígula", "Morir de noche", "El Rey Lear" ,"Arte" y "Misery". Todas con el grupo de Teatro El Público que dirige Carlos Díaz excepto "Misery" que la hice en España. Indiscutiblemente donde mejor me siento es con El Público, aunque en Cuba no he probado aún con otras compañías. Habrá que esperar al futuro para hacer comparaciones más objetivas. He hecho muchas obras buenas, pero la mayoría he debido de asumirlas con pocos ensayos. Para esta labor ha sido fundamental el entrenamiento que tanto la radio como la televisión me han dado. Estos medios, por sus características propias te preparan para rápidamente asumir roles distintos.
Fue una lástima que de "El Rey Lear" sólo se hicieran 5 funciones. Era una obra inmensa, con una producción impresionante y donde yo me he sentido más a gusto haciendo una caracterización muy alejada de mi persona (la del Conde Gloucester). "Misery" fue algo que me tocó en suerte. La hice con una compañía española y al lado de una excelente actriz (Beatriz Carvajal). Éramos sólo dos actores en escena y el éxito fue maravilloso.

Dirigiste las puestas "La espera" y "Martí y la esclavitud", ¿actuaste también?, ¿por qué nunca más probaste esta faceta de director que en una etapa temprana de tu carrera te interesó?

"La Espera" es una obra de Gloria Parrado que yo había hecho en el curso de actuación del ICAIC con Enrique Pineda Barnet y que luego usé para mi examen de ingreso en el ISA. Es una obra corta de dos personajes, muy interesante. Ya en el segundo año de la carrera, cuando nos tocó hacer teatro cubano, la retomé pero haciendo yo el otro personaje. Me acompañó en esta ocasión Polito Ibáñez que era de mi grupo y queríamos hacer algo bueno juntos. Creo que lo logramos por lo que nos dijeron y por la nota obtenida. "Martí y la Esclavitud" fue un espectáculo que si bien empecé a organizar como parte de una asignatura, fue un resultado bastante colectivo. No pensamos en un inicio que fuese a gustar tanto, pero lo cierto es que nos dio muchas alegrías a todos. Creo que tanto la dirección como la enseñanza son dos actividades que respeto mucho. Me siento con deseos de hacerlas pero aún no se han convertido en una necesidad. Quizás por ese mismo respeto, o porque la actuación me ha colmado en muchas ocasiones, he puesto en segundo plano de preferencias ambas cosas. No lo descarto, por supuesto y te confieso que temo probar en serio y luego sea la actuación la que ocupe ese segundo plano.

Comenzaste a hacer televisión y cine muy rápidamente, una época fructífera, donde había mucho que hacer, los gloriosos ochenta. Conversemos primero de la etapa televisiva, pues Héctor Noas, no es de los actores que hizo muchas telenovelas, por ejemplo, y sí seriales muy diferentes. Comencemos por los trabajos que recuerdes con mayor satisfacción.

Bueno, realmente no eran tantas la posibilidades que tenía de hacer televisión. En gran medida había una plantilla enorme de actores y actrices que ya tenían ganado un espacio en la televisión, o sea que era difícil la competencia. Tuve la suerte de que un amigo que quería hacer el examen de ingreso en el ISA me pidió trabajara con él en una escena de "Requiem por Yarini". Esta escena se la iba a montar uno de los grandes de la televisión en aquel momento: Carlos Piñeiro. Ahí surgió el vínculo y Carlos me propuso hiciera un teatro bajo su dirección. La obra en cuestión era "Muchas felicidades". Una obra bastante coral pero interesante. Esto fue mientras yo estudiaba en el ISA. Luego vinieron otros trabajos pero que en gran medida me dejaban más sensación de frustración que alegría. Tanto así era que valoré seriamente dejar la actuación. Yo pensaba "si esto es lo que voy a poder hacer, prefiero dejarlo", a pesar de todas las dificultades que había tenido que atravesar para poder estudiar, para mí no hay peor sentimiento que la frustración. Yo había visto Algo más que soñar y estaba seguro que eso era lo que yo quería hacer, por lo tanto a alguien que era capaz de lograr un resultado así es a quien debía acudir, y supe que Eduardo Moya, quien era este director, estaba preparando un nuevo proyecto. Enrique Pineda tuvo la atención de llamarlo y contarle sobre ese joven actor graduado de su curso de actuación y ahora egresado del ISA para que al menos me viera y si le interesaba hacerme algunas pruebas. Lo demás ya se sabe: me hizo el casting y gustó lo que hice. Recuerdo muy gratamente además de El Polaco, al Mercurio de Shiralad, al Violador de Día y noche, al profesor de historia de Blanco y negro ¡No!. Las cosas sobre Martí con Tomás Piard, algunos Teatro ICRT con María de Los Ángeles Núñez y últimamente con la posibilidad de los llamados Teleplays, he tenido la suerte de estar en algunos que me han marcado como son El hombre de Venus de Charlie Medina, ¿La vida en rosa?, de Ernesto Daranas y Puertas, de Magda González Grau. Han sido muchas las cosas que he hecho en la televisión en Cuba.

Pues vamos a detenernos en esos dos seriales De tu sueño a mi sueño, en el personaje espléndido de El Polaco, y en otro, El Mudo de "Su propia guerra", para Día y noche.

Lo que tuve a favor en De tu sueño a mi sueño es que era un actor desconocido y eso ayudó en la credibilidad del personaje. De haber sido una cara conocida, aún con el mismo acierto en el trabajo, no se hubieran dado los equívocos de que hubo personas que pensaban que yo no era un actor cubano. Era el mejor elogio que recibía. Esa serie borraba prácticamente mis anteriores trabajos y me colocaba en una posición ventajosa a la hora de elegir personajes en el futuro. Hasta hoy me persigue gratamente ese personaje y por el que muchos me identifican en Cuba: El Polaco de De tu sueño a mi sueño. A partir de esa serie se me abrió el camino.

Con el personaje de El Mudo de "Su propia guerra" tuve la suerte que al no tener que hablar, no tenía que memorizar textos y por esa razón pude hacerlo. Era una etapa donde estaba haciendo varias cosas a la vez y lo que quería era alejarme de la imagen de El Polaco para evitar el encasillamiento. Lo mejor en estos casos es hacer personajes característicos. Siempre son agradecidos y a El Mudo le vi esa posibilidad. Hacerlo, me permitió entrar en contacto con Abel Ponce quien me estuvo observando y en una de las filmaciones me llamó para decirme que estaba pensando hacer otro Día y noche de dos capítulos sobre una historia que le fascinaba. Me confesó que habían actores llamándole para el personaje protagónico pero que sólo me veía a mi: se trataba de "El Violador". Muy buena historia. Fue muy paciente y me ayudó mucho pues yo contaba con muy poco tiempo para irme a grabar a Matanzas. Por las características de este personaje, que vivía desdoblándose en diferentes personajes como forma de su modus operandis, hubo días que tuve que hacer cuatro caracterizaciones prácticamente seguidas. Es un trabajo que quiero mucho y que me ayudó enormemente.

Hay dos obras sui generis, a mi modo de ver, dentro de las habitualmente llamadas Aventuras: Shiralad, que fue algo diferente dentro de la TV Cubana, y dos telenovelas tan interesantes como El año que viene y Entre mamparas. Me gustaría te refirieras a estos tres trabajos.

Hay quien dice que a veces los astros se ponen en una alineación específica para favorecerte. Creo que eso me ha pasado varias veces y es justo agradecer si así ha sido. Cuando oí hablar de Shiralad por primera vez era un proyecto que ya estaba casi a punto de arrancar. Se hablaba del elenco, todos actores ya muy reconocidos y a mí sólo me quedaba suspirar porque al no serlo se reducían las posibilidades de que alguien me llamara. Pues entre que hubo un retraso, lo suficiente como para que algunos de los actores ya no estuvieran disponibles o quien sabe por qué razón, lo cierto es que un día me llamó José Luis Jiménez, el director de Shiralad y me propuso hacer el Mercurio. Era realmente un reto. Nunca se había hecho algo así en la televisión y encima comenzaba el terrible "período especial" que convertiría cualquier proyecto en una verdadera tortura para todos. Sólo el talento de los que estuvieron y el tesón de José Luis de no claudicar y convertir en arte todos los escollos, logró ese milagro que es sin dudas Shiralad. Es una serie que ha resistido el paso del tiempo y que la televisión cubana puede mostrar con orgullo en cualquier latitud. Como actor soy muy riguroso, casi obsesivo, mi sentido de la perfección no me deja en paz si sé que tengo algo valioso delante. Trabajé mucho con José Luis sobre el personaje y de cómo hacer creíble algo tan increíble como un androide. Me ayudó mucho mi trabajo en la radio que había pulido mi dicción, pues ese androide debía expresarse de forma perfecta, sin titubeos. Ese personaje me enseñó a relajarme y a soportar altas temperaturas con trajes imposibles de llevar sin que se me notara el sudor. Llegué a controlar hasta ese aspecto. Fue un entrenamiento excelente para la concentración y la relajación de la mente.

El año que viene fue otro regalo que agradezco principalmente a Luisa María Jiménez. Un día me llamó Héctor Quintero y me contó que iba a hacer una serie donde un personaje que era importante en la historia, moría en el primer capítulo y luego sólo saldría en 7 capítulos a manera de retrospectivas, donde apenas hablaba. Si tienes en cuenta que la serie pasaba de los 100 capítulos, no era como para alegrarse mucho, por muy importante que fuese el significado de ese personaje. El problema estaba en que Luisa, quien sí era una de las protagonistas femeninas, le había pedido que fuese yo ese personaje. Luisa es una actriz que se entrega como pocas y necesita tener una contraparte que a ella le aporte. Héctor tenía un dilema. Quería complacer a Luisa pero sabía que con esa escasa participación lo más seguro es que yo no aceptara. Tuvo una feliz idea. Yo haría ese personaje y luego sustituiría en la adultez al personaje protagónico que era mi hijo. Ya eso para mí era un privilegio: poder hacer el padre y luego el hijo adulto. Así pude trabajar con Luisa en la primera parte y con esa otra delicia de actriz que es Alina Rodríguez, en los últimos 10 capítulos de la serie que no era otra cosa que "Contigo pan y cebolla", de forma novelada.

Entre Mamparas es otro ejemplo de que lo que está para ti, nadie te lo quita. El asistente de dirección de la serie le había propuesto a Consuelo Elba que yo hiciera un personaje determinado. Era un personaje interesante, casi una caracterización, pero yo estaba bastante complicado con el teatro, y algún proyecto en una co-producción en cine. La serie no arrancaba por diferentes motivos y tuve que dejarlo. Pasó el tiempo y cuando se fue a realizar el proyecto, la actriz que estaba destinada para la protagonista ya no podía hacerlo. Consuelo Elba tuvo la suerte de que en esos momentos regresaba de Colombia Isabel Santos quien aceptó el personaje. Empezaron a ensayar y habías cosas que no engranaban bien. Isabel, a quien yo admiraba por encima de todo, le pidió a Consuelo que me llamaran a mí para el protagónico. Ante semejante oferta yo no podía hacer menos que entregarme a esa historia y dar gracias a Isabel porque su deseo fuese trabajar conmigo. Para mí era la realización de un sueño. La química fue mutua desde el primer ensayo. Fue un trabajo intenso. Entre Mamparas fue una serie muy interesante. Todavía no entiendo cómo repiten tantas cosas y esa nunca más se ha vuelto a poner en la televisión.

¿Cuál es tu primera película? ¿Te interesó el cine desde siempre, desde la época en que lo conociste de cerca en Cecilia o lo veías como una posibilidad más dentro de la actuación?

Bueno, al contrario de la mayoría de los actores en Cuba que empezaban por el teatro, luego la televisión y finalmente si era posible, el cine, yo comencé por el cine. Ya estando en el curso de actuación del ICAIC en 1982, Jorge Luis Sánchez quien estaba conmigo en ese curso, me pidió le protagonizara un corto de ficción llamado La dimensión de un instante. Luego, estando también en ese curso, Miguel Torres me llamó para su cortometraje Crónica de una infamia donde yo era el líder estudiantil. Pero no fue hasta 1983, ya graduado de ese curso y habiendo hecho el examen de ingreso en el ISA, que Enrique Pineda Barnet quien ya me conocía perfectamente como actor me probó (a sugerencia de Miguel Cossío quien era autor de la novela "Brumario" de donde se inspiraba el guión de la película Tiempo de amar) en el personaje de Sergio, el intelectual.
Por supuesto que el cine es un medio que todos o casi todos queremos hacer. Es el arte que perdura, donde tienes más tiempo para trabajar un personaje después del teatro y donde una vez que logras mejorar todo, ya queda de por vida. Eso es lo bueno y lo malo del cine, que una vez hecho no puedes arreglarlo, por eso tienes que tratar de estar a la altura en todas las tomas que se hagan.

Ecos, de Tomás Piard, el primer largometraje realizado por un cine club...

Estaba estudiando en el ISA y se había estrenado Tiempo de amar. Un día me llamó Tomás Piard pues César Évora con quien sí Tomás había trabajado antes, le habló de mí como actor para ese proyecto que resultó ser el primer largometraje de ficción del Cine Aficionado Cubano. Era un largometraje donde no había diálogos. La fuerza estaba en la imagen, en la historia y en la música. Para los actores significaba un reto pues debíamos dar sin el uso de la palabra todo el mundo interno y los conflictos que se planteaban. Piard me propuso el personaje de el Sacerdote. Era un personaje muy interesante. Un hombre que a pesar de su fe, sufría en silencio por amor. Tenía un par de escenas pero las recuerdo muy gratamente. Piard es un director que habla mucho con los actores y a mi eso me parece fundamental. Traté de hacer un trabajo lo más sincero posible desde la sobriedad. A Piard le gustó mucho y a partir de ahí se estableció un vínculo profesional y humano muy lindo.

Luego repites con el mismo Piard en Boceto.

Precisamente porque la relación humana y profesional fue muy fluida, Tomás me mostró un guión que estaba escribiendo y que para él era muy importante por lo que de vivencial tenía. Era la historia de unos amigos que tienen que separarse, sobre sus miedos, amores, sentido de la fidelidad y también sobre la importancia de un escritor que perpetúa la memoria. Fue un trabajo hermoso, lleno de emociones y donde entre los actores se estableció una complicidad enorme. Es una película llena de códigos, con diferentes niveles de lectura y a mi modo de ver hermosa.

Hablemos de algunos filmes al azar, (los que realizaste junto a Enrique Pineda Barnet lo dejaremos para más adelante).

a) Fiesta, de Augusto Coopola, ¿de qué se trata?

Fiesta fue un proyecto de co-producción entre EEUU y los Estudios Cinematográficos del ICRT. Augusto Coppola estaba como productor y director general, aunque realmente algunos realizadores cubanos eran los encargados de dirigir directamente algunas partes de la misma. Era una película sobre Ernest Hemingway. Dentro de la película se reconstruían algunas de las historias del escritor que habían sido llevadas al cine. Dentro de estas historias estaba "Tener y no tener". Estuvimos filmando una semana en Batabanó. Realmente nos divertimos mucho porque el elenco no tenía precio. Sé que al final hubo desacuerdo entre ambas partes y el proyecto, a pesar de que las historias estaban grabadas y editadas con mucho nivel, quedó paralizado. Podía haber sido algo muy bueno realmente.

b) Melodrama, polémico mediometraje de ficción de Rolando Díaz, que inicialmente formaba parte, junto a Madagascar (Fernando Pérez) y Quiéreme y verás (Daniel Díaz Torres), del proyecto "Pronóstico del tiempo". Pero que finalmente quedaron como cintas independientes.

Efectivamente, Melodrama formaba parte de una trilogía y a mi modo de ver la que más hacía referencia a las otras dos historias. Fue un trabajo muy agradable. Con Rolando Díaz se establece una relación de trabajo muy cómoda. El guión era muy simpático y a mí me daba la posibilidad de hacer una caracterización diferente. Detrás de ese hombre serio, metódico y estable, había un ser pervertido, lujurioso y manipulador. La película a pesar de que se puso una sola vez y a las 11 de la mañana durante el Festival de Cine Latinoamericano de La Habana de ese año, obtuvo el Premio de la Popularidad. Después, nunca se estrenó.

c) La pared, Alejandro Gil.

Mientras grabábamos ¿La vida en rosa?, de Ernesto Daranas, Alejandro Gil me habló sobre un guión que estaba escribiendo. Era la historia de un hombre que espantado de todo y de todos, ante la creciente pérdida de valores humanos y lo que para él eran traiciones imperdonables, se encerraba en un sitio con amenaza de derrumbe. Un equipo de médicos haría lo imposible por convencerle de que debía abandonar su postura en aras de salvarse y marcharse de ahí. Es una historia que me resultó muy atractiva. Cuando me leí el guión, a pesar de algunas zonas oscuras, supe que lo haría de cualquier forma. Ensayamos toda la película menos una escena: la del reencuentro con su madre. Es una escena sin diálogos. En ella, mi personaje está ya casi sin fuerzas, sumido en una profunda depresión y le traen a su madre como último recurso para rescatarlo del desastre. Se preparó todo, se ensayó el recorrido que haría la madre (Eslinda Núñez) para que no hubiese problemas. La relación y lo que hicimos los actores se hizo en toma única. Para mí es la mejor escena de la película y casi antológica dentro del cine cubano. Hay que reconocer que la música de Juan Antonio Leyva y Magda Rosa Galván fue excelente en toda la película, específicamente en esa escena se lucieron. Establecieron entre dos instrumentos el diálogo que los personajes no podían tener. Es un trabajo del que me siento muy orgulloso aunque para muchos sea una película oscura y cerrada, pero, es que de eso se trataba.

d) Los dioses rotos, que te ha dado tantas satisfacciones, de Ernesto Daranas.

Ernesto Daranas es el guionista de El hombre de Venus y trabajó codo a codo con Charlie Medina durante todo el proceso. Ahí comenzó el vínculo. Luego cuando tuvo la posibilidad como director de hacer su ópera prima en televisión me llamó y el resultado fue ¿La Vida...? Este trabajo mostró a alguien con nuevas ideas, con una forma de hacer diferente y con muy buen gusto estético a la hora de mostrar la realidad cubana. ¿La vida en rosa? fue multipremiada y lógicamente el próximo paso era que Daranas pudiera hacer su primer trabajo en cine. Me enseñó el guión de Los dioses rotos y me habló de un personaje que estaba escribiendo pensando en que yo lo hiciera. Era un personaje que estaba en toda la película, se relacionaba con la mayoría de los conflictos aunque su conflicto personal, el principal, estaba oculto. Esto era muy interesante porque en gran medida me permitía como actor trabajar la "doble perspectiva" de un personaje. Todo hubiese estado bien si no hubiera existido el personaje de Rosendo dentro de la historia. Cuando me leí el guión, desee con todas mis fuerzas que nadie pudiera hacerlo porque ese personaje tenía que llegar a mi vida y a mi carrera como actor. Soy blanco, con ojos azules, me había dado a conocer con un personaje que era un extranjero. La mayoría de mis trabajos en Cuba me habían dado prestigio como actor pero también configurado una imagen de "hombre que poco tiene que ver con lo que pasa en la calle" y meterme en la piel de un proxeneta y santero que tiene que lidiar e imponerse de cualquier forma en un marco oscuro, era un caramelo demasiado apetecible como para no desearlo. Daranas siempre me ha respetado y ha creído en mí. Sé que de no ser él, difícilmente hubiera podido hacer el personaje de Rosendo, simplemente porque no me hubieran visto como tal. Ya sabemos los esquemas que existen. Cuando llegó la hora de que se hiciera factible llevar adelante el proyecto, Daranas me preguntó cuál personaje quería hacer y no lo dudé. Yo estaba en Madrid y arreglé todo para estar allí con tiempo suficiente para empezar. Debo confesar que es uno de los personajes que menos esfuerzos me ha costado. Cuando está bien escrito, tienes las cosas claras, hay buen entendimiento con el director y el resto de actores y encima te ponen en el marco adecuado, sólo tienes que relajarte y disfrutar con ese regalo que te han puesto delante. Los dioses rotos sólo me ha dado alegrías y supuso para los demás una nueva faceta en mi como actor.

e) Kleines Tropicana, de Daniel Díaz Torres.

Cuando me leí Kleines Tropicana no paraba de sonreír. Eran tan imaginativo como sorprendente. Mi personaje era pequeño aunque importante ya que desataba toda la historia. Creo que Daniel Díaz me lo propuso independientemente de que le gustara como actor, porque el personaje de El Polaco era ya un aval para hacer de un espía alemán enigmático. Yo lo disfruté mucho. Me encantaría hacer más comedia. Pienso que el talón de Aquiles de las comedias en Cuba, independiente de las historias, es la falta de ritmo al hacerlas. Los cubanos somos ágiles de mente, risueños y pasionales, nos movemos mucho, pero a la hora de hacer una comedia nos queremos poner trascendentales o remarcar demasiado algunas pausas.

f) Algunas coproducciones, más o menos, vistas en nuestro país: Tierra Índigo (que pasó como serial), Sabor Latino, Mambí, Un rey en La Habana

Si, Tierra Índigo siempre fue concebida como serial. Nunca la he visto y sé que tuvo muchísimo éxito en Francia cuando la pasaron por televisión. Parece que se sigue poniendo pues me ha llegado a veces a través de AISGE pagos por derechos de imagen. El director Jean Sagols me quería para un personaje bastante importante pero luego al entrar otros países en la co-producción hubo que ceder algunos protagónicos y entre ellos, el mío. Él habló conmigo, fue muy atento y me pidió que hiciera el personaje del Gobernador de Cayenna, que aunque tenía pocas secuencias necesitaba a un actor con mis características pues mi personaje tenía una escena importante con Mireille Darc. Para mí eso fue un atractivo añadido. De pequeño había visto muchas de sus películas. Mireille Darc había sido un sex symbol importante en Francia en los 70', así que acepté porque además todo se rodaría muy cerca de Varadero con lo cual además del trabajo estaríamos disfrutando de una maravillosa playa.

Sabor Latino fue otra de las co-producciones que hice y la primera con España. Mi personaje era el Mayor Folham, un militar de las fuerzas armadas norteamericanas que estaba participando en la mediación con determinada guerrilla centroamericana, por lo tanto hablaba con acento. Era el malo de la película en esa primera parte. Bueno, luego no hubo ningún otro malo porque todos regresaban a Madrid incluida la gran actriz Blanca Guerra quien era la jefa de los guerrilleros y la película se convertía en una comedia romántica con triángulo amoroso. 
 


Mambí, mi segunda co-producción con España fue un proyecto que me atrajo mucho desde el principio porque ofrecía una lectura interesante sobre lo que fue la guerra y sus consecuencias. Para ello, la historia se basaba en una relación amorosa. Una vez más era el malo, pero también valiente y con lealtad hacia lo que creía. Lo mejor es que el personaje después de hacer de las suyas desaparecía de la película y reaparecía mucho tiempo después en su fase decadente y a punto de ser ejecutado. Esto le daba una despedida muy interesante sacándole el lado humano. Ya me encontraba en Madrid cuando se estrenó la película en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. En el concurso de actuación de ese año me dieron el Premio al mejor actor de reparto en cine, pues antes se aprovechaba el marco del Festival de La Habana para otorgar los "Caricatos de Actuación", lo cual fue estimulante desde la distancia.


Un rey en La Habana fue una simple colaboración especial. El personaje no tenía ninguna dificultad.

Enrique Pineda Barnet, el querido cineasta y amigo, avisó en sus películas Tiempo de amar y La Bella del Alhambra, que Héctor Noas estaría formando parte de sus películas posteriores. En la primera, con el personaje de Sergio y en la segunda como Suárez, lo que el propio director define como "galán medio clandestino". Hablemos de esta iniciación con Enriquito, hasta llegar a ser hoy día su actor fetiche.

Enrique no ha sido solamente mi primer maestro de actuación sino quien creyó en mi como ser humano y artista en una época muy difícil. Ha sido un ejemplo en muchos aspectos. Es quien más me ha apoyado y quien más duro ha sido en las críticas hacia mí durante mi formación como actor. Siempre me insistió en la necesidad de la "entrega" y en la importancia de la fe y sentido de la verdad en cada cosa que hiciera. No fue fácil al comienzo. Un ave antes de nacer y volar tiene que romper un mundo, la protección que le ofrece su cascarón. En los primeros encuentros del taller, yo era incapaz de transmitir un sentimiento a través de un ejercicio determinado. A pesar de que yo sentía un mundo por dentro no era capaz de sacarlo afuera, de expresarlo. Quizás, por conocerme como ser humano, el ver mi tesón, mi disciplina, mi sentido de la superación y mis progresos, o tal vez por ese ojo clínico que lo acompaña para detectar dónde hay una verdad, es que ha confiado en mí como actor.

First es un cortometraje, a decir de Enrique, realizado con "toda la intensidad y el amor de la culpa y la reinvindicación", grabado en 1997, uno de los primeros cortometrajes digitales en Cuba.

First es una pequeña joya, un reto que se convirtió en regalo. Enrique lo había escrito estando fuera de Cuba, motivado por el dolor que supone la división entre los cubanos de dentro y de fuera. Las culpas y responsabilidades de un lado u otro, aunque no se queda en esta lectura solamente. Toca una problemática bastante universal y la polisemia es amplia en ese sentido. Cuando lo leí me impactó la forma en que Enrique con una absoluta síntesis metía el dedo en la herida de un problema cercano a todos. Ahora se habla mucho de unirse, de olvidar el odio, etcétera, pero desde hace muchísimos años Enrique con esa honestidad que lo caracteriza ha luchado y ha hecho acciones para que esto suceda, para que haya un acercamiento y un entendimiento entre las dos orillas. Desde el primer momento él tenía claro que quería filmar ese texto aunque no sería fácil por razones de viabilidad. La creación del Taller "Arca, Nariz y Alhambre" facilitó todo. Justamente cuando se dio la posibilidad de hacerlo yo estaba enfrascado en dos proyectos más. Uno en el teatro y otro en televisión. Se me presentó un dilema terrible: no sabía cómo iba a poder hacerlo, no tenía tiempo físico, pero tenía claro que había que llevarlo adelante. Hicimos un fortísimo y riguroso trabajo de mesa. No habría tiempo en filmación para tratar de entender determinadas cosas. Era esencial que yo tuviera bien claro el subtexto, la acción interna que tenía cada palabra. Cada sílaba significaba un mundo, una idea, un sentimiento y encima, por momentos haría dos personajes que son las partes de un todo. Se planificó para grabar el cortometraje durante dos madrugadas en el escenario de la Sala Covarrubias del Teatro Nacional. No sé si fue el agotamiento o el tener las cosas claras o simplemente porque no podía fallarle a la persona a la que más respeto y quiero en la profesión, pero todo fluyó de forma maravillosa. Hoy cuando vuelvo a ver First siento un orgullo inmenso de lo que se logró y agradezco a Enrique su confianza en mí.

La anunciación, antes "Te espero en la eternidad", un guión también acariciado dentro del taller de creatividad artística Arca, Nariz, Alhambre y que por fin vio la luz en digital, a finales de los 2000. Un sueño de Enrique Pineda hecho realidad.

La anunciación tiene su génesis en First. De hecho hay textos de First dentro de la película. Es el mismo conflicto desarrollado de forma más explícita y menos metafórico. Como ya dije anteriormente, Enrique ha sufrido y sufre en carne propia el dolor de la separación-división de la familia, de la cultura, de los valores humanos, de la nación cubana en sí. Nada mejor que hablar de esto que conoce tan bien. Pasaron varios años para poder realizarse. Es de admirar el tesón que tiene cuando cree realmente en algo. Tuvimos muchas dificultades para grabar en condiciones bastante hostiles sobre todo de sonido y espacio para mover cámaras o luces. Enrique pudo contar con los actores que deseaba y fue un privilegio tenerlos de compañeros. Hay mucho de vivencias personales en la película. Es una obra diferente, sin estridencias ni chabacanerías. A mi personalmente me emociona mucho el final de la película y ese mensaje escuchado en la voz de Enrique de "amémonos por encima de las diferencias pues no hay mayor amparo que nosotros mismos". Ese consejo es el grito desesperado de quien quiere dejar con nobleza un testamento enriquecedor.
En la película, mi conflicto fundamental, independientemente de lo que significa el reencuentro con mi hermana, es la frustración de no haber logrado los sueños por los que había entregado mi juventud y los mejores años de mi vida. Todo esto agravado ante la impotencia de tener un hijo del que quiero se sienta orgulloso de mi. Fue una suerte contar con un niño tan especial como Robertico Díaz. Despertó en mi una auténtica ternura y necesidad de protección a pesar de ser un niño muy feliz y realizado en lo que quiere. Había una escena, casi al final de la película donde le hablo con sinceridad sobre nuestra relación y lo que significa él para mi. Es una escena escrita con grandeza y sencillez. Era como la carta que José Martí le escribió a su hijo: "Hijo, espantado del mundo me refugio en ti...". Sólo tuve que mirarlo y ya.

Y llegamos a Verde verde, también de Enrique Pineda Barnet, una película que no ha salido aún, esperamos su estreno este 2011, pero que ya se le augura polémica, un vuelco necesario al cine cubano, como diría un actor de ese filme: "al cine cubano le hace falta una conmoción".

Alarmado ante la creciente ola de asesinatos con carácter marcadamente homofóbico, Enrique Pineda me comentó que quería escribir una historia sobre este tema. Fue una historia que a medida que pasaba el tiempo y las revisiones que el propio Pineda hacía, iba enriqueciéndose con muchos matices a pesar de que la idea original y el desenlace de la historia se mantenían intactos. Siempre supe que era una historia muy buena, muy difícil de contar pero muy necesaria. A pesar del desarrollo de la humanidad y de los logros que han alcanzado algunas sociedades, donde incluso el matrimonio o la unión legal entre dos personas del mismo sexo es algo normal, el tema del machismo y su expresión más radical que es la homofobia siguen propiciando numerosas víctimas. La película, a mi modo de ver, va mucho más allá que una crítica a la homofobia. La película plantea la necesidad de que la humanidad comprenda lo importante que es cambiar la mentalidad sobre el respeto a la esencia de un individuo. La homofobia ya se sabe que es una especie de odio provocado por la inseguridad hacia lo desconocido. El miedo a no asumir determinados aspectos de la personalidad puede llevar a la autodestrucción o el crimen.
No quiero, o no puedo hablar mucho sobre la película aún. El proceso de trabajo fue intenso. Una película donde sólo dos actores llevan el peso del conflicto requiere de una meticulosidad excesiva. El rodaje fue agotador porque se supone que todo sucede durante una noche. Una noche donde hay que mantener la coherencia pero a la vez el desarrollo dramático y la progresión de los estados anímicos hasta el desenlace. Sentí durante el rodaje a Pineda en su máxima lucidez creativa. Es un proyecto donde todos sentimos que estábamos violentándonos para lograr algo verdadero y necesario. Cuando ví el primer corte de la película me quedé muy impresionado. Tiene toda la fuerza y el riesgo que imprimen los jóvenes en una obra. Enrique asumió que tenía que llevar las cosas a término en determinados momentos y así nos lo hizo ver. Estoy muy satisfecho con lo que hasta ahora se ha logrado. Habrá que ver el resultado final una vez terminado el proceso de postproducción y lo más importante: la reacción del público. Con este trabajo siento que he ganado mucho como actor y lo que es mejor, como ser humano. Estoy muy satisfecho.

Tu labor internacional. Trabajar fuera de Cuba y con éxito, ha sido también muy gratificante en tu carrera, aunque uno siempre quiere hacer más, llegar más, ¿qué trabajos recuerdas fuera de la Isla con especial cariño?, ¿cuán complicado es insertarse dentro del medio cinematográfico-televisivo, en Europa?, zona en la que te encuentras y que te ha acogido, viviendo a media mitad entre La Habana y Madrid.

Bueno, lo del éxito fuera de Cuba es algo relativo. Yo no lo veo así. Es cierto que llegué a España gracias a una gira de mi grupo de teatro El Público y con dos obras importantes. Me refiero a "Calígula" de Camus y "El Público" de Lorca y que unos días antes de regresar a La Habana me llamaron para contratarme en una serie de televisión española en un personaje protagónico. Se trataba de la serie Calle Nueva. Esto me abrió las puertas y las ofertas de trabajo empezaron a surgir. Debido al volumen de trabajo en esa serie, no pude aceptar la mayoría. Sí acepté protagonizar en teatro una obra muy buena de Stephen King. Se trataba de "Misery" que ya era muy conocida por la película. Estuve 6 meses girando por toda España con los teatros repletos y muy buenas críticas. Tuvimos que parar la obra porque tanto la actriz como yo estábamos demasiado agobiados con el trabajo en la televisión.
Nosotros en Cuba no estamos acostumbrados a la labor de un representante. Siempre fui responsable de encausar mi carrera por donde más o menos me interesaba sin importarme el tema económico. Sólo me preocupaba hacer personajes, pero aquí las cosas son diferentes. No es justo culpar a otras personas pero lo cierto es que una vez terminada la serie, me seguían llamando para otros proyectos que a mi me resultaban muy interesantes pero que a la persona encargada de guiarme (quizás más interesada en el aspecto económico) me aconsejaba rechazar. Creo que fue un error porque para lograr hacerse un espacio en un sitio que no es el tuyo lo importante es mantener una continuidad. Luego me tuve que regresar a Cuba un tiempo por un tema familiar y al retornar a Madrid fue como empezar de cero. He tenido la suerte de vivir de la profesión en España, de tener proyectos importantes en Cuba que me han permitido mantener mi espacio profesional allí, sin embargo ha coincidido en más de una ocasión, que me han llamado desde Madrid para algo con muchas perspectivas estando filmando en La Habana y eso ha significado también perder una oportunidad irrepetible.
Es difícil insertarse cuando hay situaciones que ya no dependen de ti o de tu talento. En mi opinión, España debe de avanzar mucho aún en la integración. Se habla constantemente de la España plural, del respeto por la diferencia de culturas dentro de la misma península, etc, pero lo cierto es que en la profesión a los actores se les impone tener que hablar como si todos hubieran nacido en Valladolid que es lo que por norma se entiende como "acento neutro". Yo entiendo que los actores deben de ser capaces de modificar parte de su esencia en aras de lograr un personaje determinado, pero verse obligados a renunciar a algo tan importante como es la autenticidad, me parece que a lo único que conlleva es a romper con esa unidad que se pretende. De manera bastante general aquí en España los actores canarios, gallegos, andaluces, catalanes y por supuesto los latinoamericanos si quieren hacer carrera en la península tienen que modificar su manera de hablar o esperar a que exista en una serie o en una película un personaje que requiera de esos acentos para poder expresarse cómodamente. Yo, de lo que menos he hecho ha sido de cubano pues tengo cierta facilidad para cambiar el acento y me han tocado personajes de colombianos, mexicanos, árabes, rusos, etc. Sabiendo que la vida en España es cada vez más multicultural y que la diferencia de acentos en la calle es enorme no veo porqué haya que justificar la presencia de un acento en los medios. Es absurdo, es falso. No permite aprovechar el potencial que ofrece la diversidad, por lo tanto no enriquecen ni ayudan al desarrollo y la integración.
Recuerdo con especial cariño esa serie Calle Nueva que me dio a conocer y en la que estuve un año y medio. También fue interesante la serie que realizada en formato de cine y sobre la vida del poeta Miguel Hernández hizo televisión española. Fue un paso adelante hacer la película El hombre de arena pues llegar a hacer cine en España es bastante complicado si no eres conocido por haber trabajado en ese medio y es que hasta ahora ninguna de las películas importantes que he hecho en Cuba se han visto aún aquí.

¿Qué fue la serie Valientes?

Yo pienso que el antecedente de la serie Valientes estaba en ese clásico de la radio novela que es Los tres Villalobos. Concretamente, tres hermanos que son separados en la infancia porque su padre se ha suicidado al ser engañado y arruinado por su mejor amigo, regresan amparados en una falsa identidad para vengar la muerte de su padre, destruir a ese malvado y de paso recuperar lo perdido. Todo se complica cuando esos tres hermanos se enamoran de las tres hijas de ese señor. Es una historia que se ha hecho con éxito en muchos países variando las circunstancias, las épocas, los nombres, pero manteniendo ese conflicto principal. Tuve la suerte de que me llamaran para hacer el casting del personaje del malvado que, a mi modo de ver, era el mejor. Éste me ofrecía la oportunidad de mostrar no sólo ese lado negativo sino todo el amor que sentía por sus hijas. La cadena CUATRO estaba preparando la versión española de esta serie que, por primera vez, se haría en formato 16:9. La versión argentina había tenido todo el éxito posible multiplicando los índices de audiencia de la televisora que la emitía. A los pocos días me llamaron para confirmar que querían contar conmigo. Como trabajé el acento, no hubo que justificar de dónde era el personaje. En principio la serie iba a durar un año y a pesar del nivel que logró, tuvimos la fatal coincidencia de salir al aire cuando comenzaron las negociaciones para la fusión entre los canales CUATRO y Telecinco. En el horario en que se transmitía, no resultaba factible su continuidad y fue cancelada a los tres meses. Este es uno de los lados oscuros de la profesión. Tristemente, pasa muy a menudo. Una serie que se hacía con un inmenso esfuerzo por parte de la producción, la dirección, el equipo de técnicos y actores no tuvimos la oportunidad de avanzar más en un proyecto que había demostrado su eficacia anteriormente. Fue una pena porque tenía muy buen nivel.

La pregunta final, que muchas veces se repite, pero es inevitable: ¿Cuáles son los planes futuros de Héctor Noas?

Por lo general a los actores nos cuesta hablar de planes o proyectos inmediatos mientras estos no sean una realidad. Quienes nos siguen se hacen ilusiones o creamos expectativas que quizás por alguna razón no llegan a cumplirse y eso no es bueno. Además cuando contamos un proyecto determinado implicamos en la información a terceras personas que quizás desean no comentar nada hasta tanto no se esté realizando. Sí puedo decir que en este momento estoy en las conversaciones, bastante adelantadas, para sacar adelante un proyecto de teatro aquí en Madrid. Es una obra de tres personajes solamente; una comedia muy divertida, que espero tenga una buena andadura por la península y luego llevarla a Cuba. Después de hacer la obra "Arte" de Yasmina Reza con Carlos Díaz me he quedado con deseos de seguir disfrutando de ese tipo de experiencia. También es posible que antes de fin de año esté de regreso a la Habana rodando una nueva película. Sólo puedo decir que es una historia deliciosa, llena de imaginación, en tono de comedia, con muy buenos personajes y que seguramente disfrutaré muchísimo haciéndola. Por lo demás, espero el momento del estreno de la película Verde verde que ya me tiene contando las horas hasta que eso suceda.

Cuando miro hacia atrás no puedo dejar de sentir satisfacción. Fui un niño que imaginaba personajes en sus juegos y creaba historias sin saber que eso podía ser mi forma de ver o comprender el mundo. Siempre acaricié la secreta ilusión de ser actor, de sentirme libre mediante los personajes, de alzarme por encima de las carencias o las realidades mediante algo que considero un poder de transformación. Si pienso en los esfuerzos, sacrificios, años invertidos, pérdidas en el camino y sobre todo en la renuncia a determinadas cosas, la nostalgia me invade. En los años en que los jóvenes estaban disfrutando de cierta lógica relajación, yo estaba inmerso en la tarea de llegar a ser un actor, un buen actor. Las circunstancias de la realidad hicieron que tuviese que invertir el triple de las energías necesarias. No sé si es en premio a la constancia y el rigor que siempre me han caracterizado pero he sido afortunado en logros y metas alcanzadas. Si tuviese que empezar de nuevo, creo que haría lo mismo aunque desde otra óptica. Trato de aprender de lo errores para no volver a cometerlos pero siempre tengo un sueño que alcanzar en el horizonte. Hay quien dice que a los sueños hay que ponerles fecha para convertirlos en meta y yo he experimentado esa sensación de alcanzarla. Lo que pasa es que el horizonte no termina nunca y por eso tengo la certeza de que lo mejor está por llegar.