martes, 27 de marzo de 2012

Libro sobre Raquel Revuelta: celebración día Internacional del Teatro

MEMORIAS DE LUCIA

Para Raquel Revuelta

ARTICULO DE CARLOS BARBA, EN CINE CUBANO

Cuando filmaba mi documental Memorias de Lucía (2003), tal vez concentrado en mi segunda obra, y enamorado, desde niño, de este clásico de Humberto Solás, no caía en la cuenta del testimonio que guardaba para la posteridad. Treinta y cinco años después las actrices protagónicas: Raquel Revuelta, Eslinda Núñez y Adela Legrá, junto a Humberto, recordarían importantes momentos vividos en los años 67 y 68 durante el rodaje y estreno de Lucía (1968).
La realidad es dura, a veces, y nos cuesta creer que la primera Lucía ya no esté con nosotros. Aún así, el legado de Raquel, como el del resto del equipo que conformó Lucía será imborrable para la cultura cinematográfica en Iberoamérica. Acercarse a un clásico puede parecer fácil, pero no lo es. Estas tres mujeres son personalidades singularmente diferentes una de la otra y fue una emotiva experiencia descubrir esto, a la par del director que daba su visión sobre estas actrices que lo han acompañado a lo largo de su vida. Entonces, aquí está, pues, un retrato vivo y el encuentro apasionado con uno de los momentos de esplendor de nuestro cine.

Extractos de la entrevista de Carlos Barba a Raquel, para el documental Memorias de Lucía

La historia empieza porque un día Humberto me llama, me invita a almorzar y me dice que si yo aceptaría ese papel. Yo había leído el guión y me gustaba mucho, pero nunca pensé que yo lo iba a hacer. Le dije que sí, que cómo no y ahí empezó la historia. Entonces comencé a estudiar cómo sería esa mujer en esa época y me pareció que yo conocía ese personaje en mi época: una solterona, con todos los prejuicios, la timidez, todos los problemas que tenía esa mujer... Me fascinó el personaje, yo lo amé.

Trabajar con Humberto además fue para mi maravilloso porque nos entendimos perfectamente bien siempre. Y en Lucía pasaron cosas, tú me preguntabas que si yo tejía, sí, yo tejía, pero en esa película había que tejer mucho porque fue bastante difícil y con mucha gente y entonces yo tengo un problema con las conversaciones antes de actuar, yo no puedo estar hablando de cualquier cosa y pensando en el personaje y trabajando, no puedo, simplemente no puedo. Entonces tejía largas telas y después desbarataba y volvía a tejer: Penélope.

La película toda fue un rodaje interesante. Te puedo decir que empezamos por la escena donde yo le pido la gardenia a mi mamá, por ahí empezó la película. Yo tenía el antecedente de por qué ella decía eso, pero no estaba bien metida todavía en el papel y me dije: Bueno, aquí lo único que tengo que hacer es creer en lo que tengo que hacer, y hacerlo sin pensar en más nada y ese bocadillo era muy difícil porque de verdad, que una mujer llorando y pidiendo una gardenia, estaba difícil.

El último día de filmación fue muy impresionante. Fue un día muy extraño, llovía, paraba de llover, las auras volaban bajo, había todo un ambiente como de muerte, era una cosa rarísima. La viejita que me dice que él está en el parque, apareció allí sentada y toda aquella procesión, era raro, era un día extraño y la verdad es que hace poco estuve en Trinidad y vi la calle por donde yo bajé a matar al soldado, y francamente, no sé cómo no me maté, porque está llena de chinas pelonas y yo que venía por ahí, nada, a matarlo, más nada.

Fue una película que me gustó mucho hacerla, nunca pensé que sería tan importante como lo fue después. Es realmente bella y además contó con un gran equipo, había mucho amor haciendo esa película en las tres partes.

Cuando veo Lucía me gustaría volverla a hacer, porque hay cosas que hoy yo no las haría así y sé que Humberto estaría de acuerdo. Pero me siento contenta con ella, un trabajo que quedó ahí, para siempre. Tengo un sobrino que me dice: «Tú, cuando te mueras, Lucía nada más, eso es lo que queda de ti», y yo le digo: No, también quedan alumnos, no es así tan simple.

A RAQUEL REVUELTA, EN EL DÍA DEL TEATRO...

Hoy en el día del teatro recuerdo tanto a Raquel Revuelta, pues aunque nos "distanciaban" las edades, sí la admiré desde niño. En mi casa, mi madre y abuela le elogiaron siempre su Doña Bárbara, que yo no pude disfrutar, pero la descubrí en la Lucía de Humberto Solás, y luego en otras películas del cine cubano que protagonizó: Cuba baila, de Julio G. Espinosa, Aquella larga noche, Enrique Pineda Barnet, Cecilia y Un hombre de éxito, de Humberto... Raquel y yo tuvimos un encuentro muy raro y fugaz cuando me presenté a las pruebas del ISA en el año 1996, en La Habana; regresé al Oriente cubano sin la carta de triunfo y más tarde inicié la carrera de Letras en la Universidad de Oriente. Cuando me gradué y se vislumbró ante mi el camino del cine, volví a estar frente a la "doña" en su casa de la calle 23, en el edificio Hermanas Girald, en 2002. Ya no pretendía estar frente a las cámaras, sino detrás, y la gran actriz se prestaría a formar parte de mi documental Memorias de Lucía. Tantas historias, ciertas o falsas que se contaban de ella, pero su temperamento, su virtuosismo, su energía, era lo que trascendía y todo me rondaba en la cabeza. Al terminar la entrevista, me obsequió una fotografía de Lucía, y me dijo: "No olvides regresar con el documental listo, últimamente las cosas que hago no las veo". Y así fue. En diciembre de 2003 regresé a su casa, la encontré visiblemente agotada; en una larga mesa de comedor estaban sentados, uno en cada extremo, ella y su hermano Vicente Revuelta. Esa noche nos despedimos para siempre, pues murió poco tiempo después, en enero de 2004. Nunca olvidaré su mirada, nunca dejaré de verla como la mujer que fue, la esencial del Teatro Cubano.

Extracto de una entrevista de Carlos Barba a Humberto Solás, donde comenta su película Lucía.

Raquel representa ese camafeo, esa imagen que podemos tener todos en el subconsciente de la belle époque de finales del siglo XIX, belle époque para Europa, momentos trágicos para Cuba, que es la guerra de independencia(...) un rostro perfectamente estructurado, dramático, operístico, lleno de evocaciones inclusive en el cine anterior latinoamericano y en cierto cine europeo, sobre todo del Mediterráneo (...)

Raquel es la autoridad, es la pasión, representa la idea de las pasiones, de las pasiones desbordadas, hay mucho de ello en su propia personalidad, a pesar de que es una mujer hierática, aparentemente fría; pero es como una caldera en plena ebullición y su maravillosa máscara logra ocultar esas inquietudes subterráneas que aparecen en Lucía. Creo que es un mérito de ella en la película, aunque ella había hecho cosas maravillosas en teatro y cine anteriormente, lo que pasa es que el cine es lo que queda perpetuamente. En esta película hace gala de sus dicotomías, de sus ambigüedades, de una aparente serenidad que es un volcán. Es muy expresiva y es muy refinado ese trabajo que ella hace, a veces hasta de catarsis, pero de catarsis de gran actriz de método, de trabajo Stalisnaski, etc, no la catarsis por la catarsis (...)

(...) con Raquel algo muy grande que tendría que escribir, porque cuando se piensa en Raquel se piensa en algo grande, mira, no en balde me enviaron este libro de poemas titulado Palabras en fila, en clase y en recreo, de un señor que se llama Juan Cueto, un cubano que vive fuera de Cuba, y mira que dedicatoria más linda: “ A Humberto Solás, por la poesía en tus películas y por haber preservado para la posteridad a la excelsa Raquel Revuelta. Con admiración y afecto, Juan Cueto”. Quiere decir que Raquel está como en esa especie de estrato de los dioses y para ella hay que escribir algo muy especial, tomando en consideración además su temperamento, su edad, su inolvidable, a pesar de los años, belleza que sigue siendo un testimonio (...)

Publicado en el libro, "RAQUEL REVUELTA a la memoria de una gran actriz", de Juan Cueto-Roig (Miami, Florida, julio 2011)