jueves, 25 de octubre de 2012

CONVERSACIÓN CON MARIA ISABEL DÍAZ,


la actriz de los filmes Una novia para David y Volver
Por Carlos Barba Salva
Cineasta

Revista Literaria y Cultural SiC, Editorial Oriente, 2012

Hay una frase muy común aplicada a los artistas, y sobre todo a los buenos artistas que es la popular: “tienes vena de artista”, o sea, viene de algún lugar, lo heredas. En tu caso ¿por qué conducto piensas que llegó tu vocación por la actuación?
Creo que me viene la vena de artista porque mi mamá fue una artista, cantaba muy bien y aunque ella nunca desarrolló sus dotes en ningún lugar, su vida era como la de una actriz, jugábamos mucho, se disfrazaba y nos hacía personajes, tenía mucho sentido del humor. Fue una mujer que no estudió, llegó hasta segundo grado, era de un pueblito de La Habana- Campo, Melena del Sur, pero tenía una cultura general impresionante, y mucha avidez por el conocimiento, todo lo aprovechaba. Yo creo que si hay algo que existe por vía sanguínea, me viene de ahí. Por otro lado mi papá, de Pinar del Río, escribía poesías, décimas, y un día, después de muchos años, me recitó una que había compuesto cuando nací. De alguna manera algo viene por genética. Cuando era chiquitica me disfrazaba también, me ponía ropas y los tacones de mi mamá, una media en la cabeza – siempre tuve el pelo corto porque lo tenía muy lacio y me lo cortaban para que cogiera fuerza, y al final nunca sucedió- y salía con esa media en la cabeza como si tuviera el pelo largo e inventaba historias. Comencé a leer desde que estaba en Pre Escolar y mi mamá me regaló un libro de poemas para que aprendiera algunos y los recitara después, y me aprendí uno larguísimo que no recuerdo bien cómo decía pero era algo así como una muchacha que iba a una fiesta y se acordaba de que había dejado la cuadra sin vigilancia: “(...) y por mi militancia y por mi honor de cubana...” y así seguía el poema y eso yo lo hacía en todas las fiestas de los CDR, por supuesto, me aplaudían, me cargaban, una gordita chiquitica, era una monería. Llegaban amigos de mi papá con sus hijos a la casa y siempre con público, no era una cosa que hiciera sola, o sea cuando había gentes, visitas, empezaba con las payaserías. Los amigos de mi padre le decían: “¿por qué tú no pones a esta niña en la Escuela Nacional de Arte (ENA)”?. A mi me encantó la idea, pero mi papá me llevó un día a la escuela, tenía 8 años, más o menos, y cuando llegamos apagó la luz del carro, de noche, y dijo: “¿Aquí es dónde tú quieres estudiar?...,mira que oscuridad hay aquí” y entonces se me quitó la idea de ir a la ENA, aquello me dio pánico. Después seguí pensando en que sí, en que quería ser actriz, quería ser actriz, ¡quería ser actriz!, aunque mi papá me quitara la idea de estudiar actuación, pero estando en el pre-universitario entré en un grupo de teatro de aficionados, que además tuvo mucho apoyo del director, y ahí en ese grupo estaban Carlos Varela, Mayra de la Vega, Víctor Varela, Tanya...,y hacíamos nuestras obritas de teatro. Estuve en el García Lorca con quince años y también en una puesta de teatro profesional “Rampa arriba y Rampa abajo” que la dirigía Lilian Llerena y hacíamos de extras porque la gente del grupo íbamos al Político Beltorld Brech que daban las funciones en el teatro Mella y no sé porqué, cuando entraba al escenario a preparar la próxima escena de los actores que sí actuaban de verdad y yo lo único que hacía era colocar unos colchones en el suelo, la gente de pronto se reía conmigo, y me preguntaba: “¿pero por qué se reirán?”. Una noche de esas, al final de la obra, estaban los actores profesionales saludando al público y nosotros en la fila de atrás, y alguien me empujó y caí delante y la gente empezó a aplaudir y recuerdo que emocionada comprobé lo que significaba que un público te aplaudiera.

A pesar de la oscuridad de la ENA y de los miedos infundados por tu padre, el destino es el destino: entraste en el Instituto Superior de Arte (ISA)...

Así mismo, entré en el ISA en el año 1982. Mis compañeros: Erdwin Fernández, Dianelys Brito, Katia Casso... La verdad que era una maravilla, el plan de estudio, tremendo, profundo, abarcaba todo. Teníamos grandes profesores, mi primera profesora de actuación fue Miriam Lezcano, la persona a la que le debo en gran medida la actriz que soy hoy. Miriam había estudiado en la Unión Soviética Dirección de Teatro, es una directora que llevaba todo el tiempo el método Stalivnasky y lo primero que nos dijo fue que no íbamos a tener contacto con la literatura, o sea, con teoría de la actuación, de manera que le hice mucho caso, cerré los libros y nunca más los abrí, quiere decir que me formé a partir de los ejercicios que ella puso, Miriam sí explicaba qué era, ella sí se regía por el método Stalivnasky y considero que soy una actriz que también sigue ese método. Creo que lo que más he heredado de Miriam Lezcano es la verdad al actuar, insistía mucho en que las cosas tienen que ser verdaderas: “tú puedes decir un texto muy bien, pero tiene que haber verdad”, también decía que las cosas tenían que ser interesantes, verdadero pero interesante, hacía falta además de la verdad, el vuelo con algo en sí mismo que trascendiera aunque estuviera diciendo: “alcánzame el cubo con agua”. Después otras personas me enseñaron mucho durante toda mi carrera como el director de cine Orlando Rojas, que lo considero mi maestro también.

De Orlando Rojas hablaremos más adelante; entonces ¿crees que ha sido fundamental tu formación en el Instituto? ¿Por qué "médico en teoría" y actriz en la práctica?

La escuela siempre hace falta, hay muchos actores que no han pasado por ella y son muy buenos, pienso que no es indispensable pero si se tiene la oportunidad es lo ideal, primero porque no solamente te forma como actriz, es también conocimiento, cultural general, porque además de actuación, estudias Literatura, Historia del Teatro, Historia del Arte...El ISA en los años que yo estudié, del 1982 al 87, era una escuela maravillosa, después he sabido que han hecho unos inventos de mezclar actores con teatrólogos, que no se define hasta cierto año qué va a ser cada quien si Actuación o Teatrología; yo cuando entré tenía muy claro que iba a ser actriz. Cuando supe que actuar era una manera de vivir, que era un modo de vida, que era una profesión, no quería otra cosa en mi vida, de hecho pensé en algún momento que iba a estudiar Medicina porque mi hermano es médico y él estudiaba en la casa, por eso lo de “médico en teoría”. Desde chiquitica manoseaba todos los libros de medicina, todavía no sabía leer y el chiste era preguntarme: “¿a ver, dime dónde está el páncreas?” y yo señalaba... Todos los libros estaban repasados por mi, con muñequitos pintados, con rayones, me gustaban mucho los libros -y después me convertí en una ávida lectora, yo puedo prescindir de todo menos de leer, y eso también lo heredé de mi madre-. Ya te digo que pensaba iba a ser médico, tengo una amiga española que me dice actualmente que hablo como si fuera médico cuando me refiero a enfermedades, pero bueno, no pude con la realidad, con doce años de edad fui a un hospital y estaban poniendo sondas las enfermeras y yo mirando todo aquello, le hicieron la punción a una viejita y comencé a llorar que le dije a mi mamá que nos fuéramos, y decidí que de médico nada, demasiado fuerte para mi. A partir de ahí aquella llamita de la actuación que estaba viva, se volvió a encender y fue imparable. Cuando las pruebas para entrar al ISA mi mamá había muerto y mi papá hizo todo lo posible por convencerme otra vez de que no, me decía que estudiara medicina para cuando él estuviera viejito, y ahí sí le dije que iba a presentarme al examen de ingreso de actuación que si no aprobaba me buscara un trabajo de secretaria, lo que fuera, porque no iba a estudiar otra cosa, actuación era lo que me gustaba y entonces dijo: “está bien mija”. Hace unos años fui a visitar a un amigo de la familia en Cuba y me confesó lo orgulloso que estaba mi papá el día que fui aprobada en el ISA. De todos modos mis padres no pudieron ver nada de lo que he hecho en mi vida como actriz.

Y en el ISA pasé cinco años lindos, descubriendo cosas, leyendo nueva literatura, entendiendo todavía más al ser humano, eran todas tus células puestas en función de crear, pero no era impuesto, era natural; todo para mi era arte: ver una hoja que caía, ver el río Quibú negro cuando atravesaba el camino hacia la Facultad de Artes Escénicas..., todo se traducía en imágenes creativas, haber vivido mi etapa universitaria en esa escuela ha sido una suerte, creo que para todos los que pasamos por allí, incluso, si siguen manteniendo la magia y el encanto que tenía, aunque cambien los programas, aunque en el comedor la comida sea malísima, si aún se conserva ese mundo de ilusiones y de creatividad me atrevería decir que toda persona que pase por esa escuela le quedará una huella.

Hablemos de tu relación con las tablas así como los grupos cubanos a los que perteneciste. Igualmente quisiera tocaras las experiencias en España en este medio. 

Estando en primer año de la carrera, Armando Suárez del Villar montó una obra de teatro que se llamó "La Rueda de Casino", y ahí fui como extra, a bailar, y en segundo año hizo una comedia musical “Ópera trova donde crezca el amor”. Pasaron por las aulas preguntando quién cantaba, yo no levanté la mano porque no considero que cante, tenía mucho miedo cantar, pero uno de los muchachos del aula dijo: “María Isabel canta”, entonces hicieron un casting, canté tres canciones y me seleccionaron, pero el personaje que me dieron por mi tesitura, que era soprano dramática, fue el de la madre, imagínate, tenía dieciocho años con motonetas, tennis con medias blancas y una sayita, a convertirme en la madre de Mayra de la Vega, de otra actriz que era cantante del lírico, y además doblar el personaje con actrices como Corina Mestre y Mercedes Arnaiz. Fue tan bonito porque cuando me tocó estrenar todo estaba oscuro en el escenario, solo una luz me iluminaba y cuando se acabó mi aria empezaron a aplaudir... te hago la historia y me sobrecoge mucho, hace tanto tiempo que no pensaba en ese momento, fue tan emocionante porque Armando había dicho que si aplaudían en un aria uno se tenía que quedar y saludar, pero en ese momento lo olvidé porque nunca me pasó por la mente que fueran a aplaudirme y entonces me fui y regresé y las nalgas se me movían solas del nerviosismo, hacían tiquitiquitiqui, temblaba toda. La obra estuvo en cartelera mucho tiempo, y por esa época fue a verme Orlando Rojas y estuvo un largo tiempo hablando conmigo, yo no sabía que iba a hacer la película pero él estuvo mucho tiempo investigando mi vida, hizo un trabajo psicológico tremendo conmigo y todavía no estaba ni siquiera lista la versión definitiva del guión, esto fue principios del 83 y pasó todo un año hasta que se empezó a filmar Una novia para David. Cuando iniciamos a rodar en el año 84, estaba con Vicente Revuelta haciendo la obra de teatro “Galileo Galilei”, cuando no estaba filmando iba y hacía el personaje, porque además Vicente planteó una idea buenísima y era que cada uno tenía su personaje, pero los jueves era el "día del Toro" y cada actor hacía el personaje de la obra que quisiera; nunca hice otro porque no tenía tiempo para prepararme por la película, hacía el que me habían montado, muy corto y a la vez simpático. Pero lo más importante de esto es haber sido alumna de Vicente Revuelta, un grande del teatro cubano, era muy aniñada y ese hombre me ayudó a descubrir la mujer que tenía dentro en ese momento. Sin lugar a dudas fui una actriz hasta Vicente Revuelta y otra después. También hice con él “Historia de un caballo”.
Los grupos de teatro cubanos en los que he estado todos tienen sus características distintas, mi época de estudiante siempre fue la mejor, o sea, estaba trabajando y estudiando, nunca estuve en un grupo fijo: trabajé con Teatro Estudio porque estaba estudiando con Vicente Revuelta y me gradué con “Cuentos del Decamerón”, una puesta hermosísima de Roberto Blanco. Una vez graduada entré en el Rita Montaner, allí hice una obra que estuvo muchos años en cartel: “Al que le tocó le tocó”. En este grupo estuve desde el 87 hasta el 89 o 90, fue un período donde hice mucho más cine: Papeles secundarios, Hello HemingwayMelodrama... Con Teatro El Público también actué pero muy poquito tiempo, me hubiera gustado haber estado más...
En España giré con la obra “Las mujeres de verdad tienen curvas”, con un éxito impensable, -y cuando aquello no había hecho la película Volver, escasamente algunas cosas en la televisión-, pero llegábamos a los lugares y estaba todo vendido, una obra que funcionó durante cuatro años maravillosamente, cuatro actrices cubanas y una vasca, que hacía de cubana, pero lo hacía muy bien, Sara Cozar, y ahí compartí también con Liliam Kourí que es una gran actriz cubana que vive en el País Vasco. Nos divertimos mucho. También hice “Manteca”, de Alberto Pedro, en Barcelona, y la recuerdo con mucho cariño, además que amo a Alberto Pedro.

La televisión es un medio que apoyó mucho a las figuras del cine cubano que surgieron en los años ochenta. No se hacían filmes todos los días pero sí telenovelas, seriales, aventuras y programas en general, que ayudaron a ubicar y sedimentar los rostros de los actores, que compartían pantalla grande y chica. ¿Cómo fue tu entrada a la tele cubana? Tu carrera estuvo dividida entre lo dramático y humorístico. Cuéntanos también de tus participaciones en espacios infantiles, sobre todo en la inolvidable Hora de las brujas, nunca más vimos algo así en nuestra televisión. 

En esa época de la televisión cubana empiezan a surgir talentos, jóvenes directores que se apoderan de alguna manera de los espacios y entonces tuve la suerte de que me llamaran para el teleteatro Emma la mujer marcada, dirigido por Camilo Hernández, un tipo brillante, con un nivel de realización y profundidad tremendos. Es una adaptación del cuento de Borges, Emma Zunz, imagínate cómo fue ese proyecto que ahí estaba metida Rosario Suárez, Charín, el Ballet Teatro completo, actrices como Mónica Guffanti, María Elena Diardes..., no sé si se podrá conseguir pero te digo que es una obra de arte, una mezcla del kitsh, de surrealismo, de expresionismo alemán, tenía tanto género, con un guión para nada clásico ni aristotélico, era una cosa muy rara, yo lo mismo hacía de amiga de Emma que trabajadora de una fábrica, era una locura, realmente tuvo mucho éxito en Cuba, es una pena si no se conserva. Después vinieron todas las series infantiles Había una vez y dentro de ese espacio el cuento “La pícara cocinera”, dirigido por Juan Arce, que gustó mucho y en realidad todos muy buenos. No te puedo dejar de mencionarPocholo y su pandilla dirigido por Carlos Medina, gente joven que después hicieron en Cuba series magníficas, con una mirada fresca para la televisión. La hora de las brujas estuvo al aire tres años y pico y terminó en enero del 1994, en vivo, a mi me fascinó, era un programa muy distinto a lo que se había hecho hasta ese momento para niños y la sorpresa fue que a los adultos les encantaba, la gente lo veía, un programa en el que no había ñoñerías, se trataba de enseñar a los niños y de cultivar pero sin ser escolástico, tenía una gracia muy linda, Manuel Gómez, su director, la verdad un realizador muy inteligente y talentoso que terminó escribiendo solito los guiones y me regaló ese personaje maravilloso Osbrújula Pérez y Suárez del Villar, en homenaje al gran y muy querido director Armando Suárez del Villar y es cierto lo que dices, La hora de las brujas fue algo irrepetible. Una etapa donde los nuevos directores se impusieron y marcó un hito, un estilo dentro de la televisión cubana y sin embargo creo se conserva todavía en algunas cosas actuales que he visto, hay directores jóvenes buenos y siempre va a existir gente con propuestas novedosas, cada vez que me dicen: “¡ay! todos los artistas buenos de Cuba se han ido”, "no señor", -les respondo-, quedan muy buenos, cada vez hay generaciones que aparecen y sorprenden, eso es dialéctico.
Referente al humor, recuerdo que cuando se hicieron los proyectos Conflictos sinflictos y Gracias Doctor, que el público se divirtió de lo lindo, acababa una telenovela que se llamó Por amor, la telenovela aquella del pedraplén, mi personaje era muy sensible, lloré tanto tanto en todos los capítulos, que estos programas humorísticos llegaron para salvarme, -aunque actualmente en Miami, donde trabajo por un tiempo, estoy cansada de hacer comedia, porque no se hace la comedia que a mi me gusta, fíjate que bromeo con un amigo y le digo que un día de estos soy capaz, cuando el público llegue al teatro, de pararme en el medio del escenario y decirles: “¿Ustedes vinieron a reirse?, ¡pues no, ahora vamos todos a llorar!”- Bueno, volviendo a Conflictos... y Gracias Doctor, ¡qué buena época!, sé que tengo una vis cómica y eso se aprovecha, aunque a veces no siento que sea tan simpática, pero todo el mundo me dice que si, y entonces en estos programas aportaba mucho a mis personajes, además había un guión inteligente, buen gusto, cero procacidad y vulgaridad, y me divertí a mares, sobre todo con Albertico Pujol, un gran actor dramático que hace muy buena comedia.

En la historia del cine cubano se ha hablado de los actores, y sobre todo, las actrices fetiches. Estas asociaciones son siempre muy interesantes y se pueden comprobar en las afinidades de los cineastas, por ejemplo, es sabido que Humberto Solás prefirió a tres actrices para la mayoría de sus filmes: Raquel Revuelta, Eslinda Núñez y Adela Legrá; Manuel Octavio Gómez a Idalia Anreus; Pastor Vega a Daisy Granados; Luis Felipe Bernaza a Ana Viña; Fernando Pérez a Isabel Santos y Laura de la Uz... Con la cinta Una novia para David (1985) Orlando Rojas encontró a la suya, María Isabel Díaz, a partir de ahí actuaste en todas sus películas. ¿Cómo llegó a tu vida este director?

Pues la historia fue así: un día llego a mi casa y mi hermana me dice: “Mari, llamó un director de cine, que mañana por la mañana te vuelve a llamar” y dije: “¿Qué?” y pensé era una "máquina" que me pudiera estar corriendo alguien. Y al día siguiente a las ocho de la mañana volvió a sonar el teléfono y escucho una voz: “Hola soy Orlando Rojas, director de cine del ICAIC”, y me dice que quería verme, le respondí que si, yo no sabía quiénes eran los directores de cine de Cuba, salvo Titón o Humberto Solás, porque no estaba al tanto ni pensaba en hacer cine y además empezaba segundo año de la carrera cuando sucedió aquello. Bueno, a las 9:00 am llegó Orlando Rojas, era un director de cine de verdad, no era una broma del teléfono, estaba conversando conmigo sentado en la sala de mi casa, preguntándome cosas de mi vida, haciendo una especie de casting, me preguntó hasta si era virgen, todo, todo, muy metido, pero como para mi todas las cosas que uno hace son humanas, no tengo tampoco nada así que no quiera decir, y como soy extrovertida, pues estuvimos hablando como dos horas y le conté todo. Quien le habló de mi fue Rapi Diego porque yo vivía frente a la casa de Eliseo Diego, de Rapi, de Lichi y de Fefé, ellos me conocían desde chiquita y sabía que estudiaba en el ISA y entonces le dijo a Orlando de la gordita, fíjate qué características tan específicas, estaban buscando una gordita que fuera jovencita para el personaje de una película. El proyecto tenía en ese momento el título de producción “Los dos amigos y la gordita Ofelia”, como el cuento de Senel Paz. Después pasó un tiempo, Orlando me volvió a llamar, comenzó a verme en las puestas de teatro que te conté y otro buen día llegó a mi casa con gente del ICAIC, con una cámara, me hicieron unas fotos, ellos querían unos still en colores y una prueba de cámara; más adelante Orlando me invitaba todo el tiempo a tal estreno, a buscar libros... él fue una persona que influyó mucho en mi formación intelectual, en conocimiento de literatura y cine. Pasó tiempo, mucho tiempo y llegó la hora de hacer casting a los otros actores y él me pidió que fuera a ayudarlo, pero me decía para asustarme: “vi una gordita de lo más bonita, es de Camagüey pero rubia”, o sea, que nunca me vi como ese personaje. Incluso la madre de una amiga me decía: “Si él te pide que vayas a ayudarlo en el casting es porque tú tienes el papel”. Y ese día, efectivamente, me dijo que era la Ofelia de Una novia para David, que el personaje era mío. Luego pasó algo cómico, cuando leí el guión le comenté a Orlando que el personaje se parecía a mi a medias porque Ofelia hablaba mucho y yo no era “tecosa” como ella, y no era cierto, yo era tremenda “tecosa” también, pero le dije a él eso como para protegerme, sin embargo era cien por ciento igualita a Ofelia. La escena de la iglesia, por ejemplo, en la vida real acostumbraba a hacer lo mismo con mis amigos, les armaba tremendos escándalos delante de la gente en los lugares más solemnes y Orlando metió eso en el guión después que se lo conté. La película se filmó en 100 días, todos estábamos haciendo por primera vez un largometraje, Orlando Rojas había realizado documentales muy buenos pero nunca un largometraje de ficción. Fue la primera película también de Senal Paz como guionista, de todos los actores, salvo César Évora.


Una novia para David la llevaron al Festival de Cine de San Sebastián en septiembre del 85 y allí se hizo la première, fue muy bien recibida y en Cuba se estrenó en el cine La Rampa en el mismo año pero en noviembre. Esas cosas las vivía como si no las estuviera viviendo yo, me preparé para ir al cine normal, bueno, más bonita de que de costumbre, mi novio en ese momento fue conmigo y fíjate si no sabía cómo eran las cosas que no lo senté a mi lado, él con el público atrás, lejísimo y no pude vivir con él la ilusión de ver la película juntos, porque no sabía que uno en las premières sentaba a sus parejas al lado, era nueva en todo. La película obtuvo premios en muchos festivales, le dieron el Premio Girasol de la Popularidad que entregaba la revista Opina... y es curioso, yo me la tomé como un trabajo de clase más, no caía en la cuenta de la connotación ni que era cine, me portaba bien, siempre disciplinada y no disfrutaba nada, me aprendía mi texto correctamente, no había un chiste, por mi no pasaba nada que me sacara de la seriedad, todo era como cumplir con la meta, era así, yo era Ofelia. Después en mi segunda película me dije que podía trabajar y disfrutar a la vez.
¿Sabes cuándo vine a darme cuenta de la importancia que realmente tiene Una novia para David?, después, en los años noventa, porque cuando estábamos haciendo Papeles secundarios, Orlando sabía que estaba ante una gran obra, y siempre Una novia... quedó como una película menor, por lo menos eso era lo que recibía de él, tal vez no era lo que él trataba de transmitirme, pero sí lo que me llegaba, lo que sentía, que Una novia... era una película que quedó bien, sencillita, y Papeles... una película que iba a ser mucho más trascendental en el tiempo, y la vida demostró que no, sin olvidar que Papeles... es extraordinaria, pero el público recuerda y siente algo muy especial por Una novia para David. Entonces pasaron los años y lo único que yo tenía de mi primera película era el reconocimiento del público, la gente...,y recuerdo, por ejemplo, que en la première de Hello Hemingway, pocos años después, no me presentaron como la actriz María Isabel Díaz, recuerdo que dijeron: “y nuestra Ofelia...” y el cine se fue abajo en aplausos, y me dije: “¡Dios mío es como la Ofelia de Hamlet !”, y bueno, existe también para Cuba la Ofelia de Una novia para David. La gente me sigue reconociendo y queriendo mucho donde quiera que voy, le transmiten a sus hijos ese afecto y le muestran la película de su juventud, y es mágico porque ya han pasado veintisiete años. 

Papeles secundarios (1989)

La película más importante de los años ochenta seleccionada por la crítica cubana, cine de altura, la estética, la factura, el trabajo del sonido, la fotografía, las actuaciones, es teatro dentro del cine y el tema de la decadencia, dónde puede ir a parar un actor cuando pasa su etapa dorada, que habla del mundo del teatro pero es una analogía del mundo en general, es una propuesta inteligente, sin lugar a dudas. Una gran entrega de Orlando Rojas y ya en esa película lo consideraba mi papá en el cine. Le tengo mucho agradecimiento pero más allá de eso hay algo que es superior al agradecimiento o al haber debutado con él y tiene que ver con una química que surge o no surge entra las personas y en el caso de nosotros surgió y es una cosa muy fuerte. Yo me sentía necesaria para Orlando y Orlando por supuesto era necesario para mi. Establecimos una relación profesional muy bonita y en Papeles secundarios se consolidó mucho más, él lo dijo más claro en una entrevista para la revista Cine Cubano y me sorprendió mucho cuando leí que "con equis actores él podía trabajar con el método de Stalivnasky, con otros aplicaba un método Grotowskiano, pero que conmigo solamente le bastaba mirarme a los ojos”, quizás por eso dice que soy su actriz fetiche, y espero seguirlo siendo, he trabajado en todas sus películas. Lo que haría falta es que Orlando volviera a rodar, porque es un hombre lleno de talento, es uno de los grandes y tendría que hacerlo ya. Lo último que hice con él fue Las noches de Constantinopla (2001).

Fortuna la que ha querido (1991)

Es una película casi por encargo que le pidieron a Orlando para filmar con Inglaterra. Trabajar con él una y otra vez es entendernos, es siempre una comodidad que no está exenta de tensiones pues el rigor siempre está presente. Aquí interpreté a una taxista y la anécdota simpática de eso es que todo tenía que hacerse en inglés, o sea, se hizo en español pero también una versión en inglés, no doblada, sino en inglés, y mi personaje la taxista que era de Oriente, del Oriente cubano, le pusieron en el guión que trajeron de Londres: Asian Girl (una chica asiática), cuando hicieron la traducción allá les sonó como a asiática por aquello del Oriente. Mi taxi lo “manejaba”, salía de cuadro y era atrás el equipo del ICAIC empujándolo porque no sabía manejar, -y en mi vida lo de manejar ha sido súper problemático en los rodajes, en España una vez me tuvieron que arrastrar con una grúa, en una serie de televisión, porque mi personaje secuestraba un autobús, así que imagínate-. Recuerdo que en Fortuna... me pusieron una coach en inglés que hablaba con un acento súper exagerado y yo lo repetía en escena pero sabía que eso estaba muy mal, y me preguntaba: “¿pero y este inglés será así?”, y sucede que la coach era una latina con un acentazo tremendo y por tanto me lo transmitió, aquello me quedó..., eso tiene que ser de las peores cosas que he hecho en mi vida. Es muy cómodo trabajar en tu idioma, aunque uno debería hacerse universal, aprender idiomas y poder ser capaz de desarrollarte, eso es una tarea y responsabilidad que cada actor debe tener y lo demás es comodidad, pero así siendo cómoda te digo ¡qué rico es el español!.

Seguimos hablando de cine y tu trabajo con otros directores, comenzaré por El plano (1993)película experimental de Julio García Espinosa grabada en vídeo analógicopara luego pasar a otros títulos que han sido muy importantes en tu carrera.

Julio García Espinosa es un ser amoroso, encantador, viajé con él cuando era presidente del ICAIC al Festival de Karlovy Vary, tiene la paz de la gente que sabe a qué se enfrenta, además de ser un gran teórico sobresaliendo su texto "Por un cine imperfecto". El plano es un proyecto muy gracioso que él supo dirigir bien porque era una torre de Babel, todos de un lugar distinto, además, una idea original, una historia de amor dentro de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños y el filme integra esta historia con la labor cinematográfica que llevaban a cabo alumnos y profesores. La EICTV es un lugar diferente, con esa confluencia de culturas y donde se vive en una armonía de fiesta; yo veía a la gente tan libre, y eso tiene esta película que hay que volver a ver.

Hello Hemingway (1990)de Fernando Pérez

Pasan cosas de lo más lindas, la actriz santiaguera, que hizo de mi mamá, Ana Gloria Buduen, yo no la conocía, y se creó una familiaridad tal que hasta el día de hoy le digo “mami”. Hello Hemingway empieza conmigo saliendo de una piscina, corriendo con un vestido años 50, con siete grados en San Francisco de Paula, recuerdo que resbalé y caí. Laurita de la Uz, la protagonista, ha sido para mi una hermana, una compañera, y en ese rodaje nos complementábamos mucho. Cuando hicimos la prueba de vestuario y peluquería, me cortaron un poco el pelo para un peinado de la época que era un italian boy. Estábamos en enero el día de esa prueba, en febrero comenzaban a rodar y me dicen que mi personaje empezaba en marzo. A mi el pelo me crece muchísimo y rápido, fui y muy confiada me lo corté, pero me lo corté tanto que de aquella prueba, que se me veía un cierto volumen, me hice una “lloviznita”, y recuerdo perfectamente que la peluquera me preguntó: ¡¿pero tú quieres que te corte tanto, y la película?!, y le respondí que si, que lo cortara bastante que entraba a rodar en marzo y me crecería sin problemas. Eso fue en el mismo ICAIC, y cuando salgo de ahí me encuentro de casualidad al mismísimo Fernando Pérez que me dice alarmado: “¡Qué te hiciste, por qué! ¡por qué!”, le digo que no se preocupara pues me crecía muy rápido el cabello, que de ahí a que yo entrara a la película daba tiempo, y él angustiado me responde: “¡quién te dijo eso,  es un error, tú entras el primer día de rodaje!”, imagínate, en ese momento pidiéndole disculpas. Resultado ves la película Hello Hemingway y es una “lloviznita” lo que tengo y Fernando diciendo en medio del set que estaba fuera de época, me hacían “buscanovios” y nada, con mi pelo lacio se me hacían dos minutos y al momento se me volvía a poner como antes, cambió por completo la visualidad de mi personaje. Fernando Pérez, ¿qué decirte?, un gran director, con una sensibilidad tremenda, un ser especial, parecería que sólo hablo cosas buenas, pero es que he tenido la suerte de trabajar con gente maravillosa.

Calor...y celos (1996), Locos por el sexo (2006)ambos títulos del director español Javier Rebollo

Calor es una película que hice en Cuba, era un extra, no tenía prácticamente textos, un personaje que entraba y le “sateaba” a Fernando Guillén Cuervo y no sé qué pasó que a Javier Rebollo le gustó cómo lo hice, me puso más textos y creció un poco. Ya después viviendo en España él volvió a llamarme para hacer Locos por el sexo que fue una película tan divertida, tan loca, la pasamos muy bien, llena de actores consagradísimos como Neus Asensi..., en fin, un gran elenco, a esas alturas había hecho varias prostitutas en la televisión española y ya no sabía cómo enfrentarlas, porque como eres inmigrante lo que te toca es hacer de putas donde quiera, entonces tengo que hacer un estudio muy fuerte para que una no se parezca a la otra, que es también un reto y lo asumo, pero es terrible el esquema y esos patrones tan absurdos cuando solo la prostituta la interpreta una latina. Creo que solamente en la serie de televisión Javier ya no vive solo es que me tocó una profesional, una maestra de primaria.

Cosas que dejé en La Habana (1997), del también español Manuel Gutiérrez Aragón, el primero de algunos filmes de este director con colaboración de talento cubano.

Fue la primera película que hice en España y la primera que rodaba fuera de Cuba, con Daisy Granados, Isabel Santos, Jorge Perugorría (Pichi), Luis Alberto García, Broselianda Hernández... En esos momentos estaba ilegal en España, no tenía papeles, como mi personaje más menos, es una película casi biográfica porque estaba recién llegada a Barcelona y creo que estos amigos actores o Senel Paz, bueno, todos, me propusieron para el personaje, porque cuando todavía no habían llegado los actores de Cuba y era la etapa en que se escribía el guión, Senel me llamó para que fuera a conocer a Gutiérrez Aragón a Madrid. Luego me regreso a Barcelona y vuelvo cuando se iba a comenzar a rodar. Como te decía, no tenía papeles, eso fue una historia de clandestinidad, recuerdo que una de las veces cuando regreso de Barcelona a Madrid para filmar, pues no estaba todo el tiempo, rodaba cuatro días, me iba, regresaba otra vez y así..., como era un vuelo nacional, te piden solamente una identificación para corrobar que tu pasaje corresponda, yo presentaba mi pasaporte cubano, no importaba que estuviera vencida la visa española, era solo para saber que era la dueña de ese billete de avión, y en uno de esos viajes da la casualidad que el vuelo era internacional, venía de Bélgica a Madrid y ahí lo debía tomar hasta Barcelona y yo no sabía ese tipo de especificidades, no controlaba eso y bueno cuando voy al check-in, me dice la mujer del mostrador: “tú no puedes subir en este vuelo, es un vuelo internacional y tú estás ilegal, lo que podemos hacer es llamar a inmigración a ver qué se hace”, -¡qué miedo!- y le respondí: “un momentico que este es mi otro pasaporte, ahora mismo busco y le traigo mi tarjeta de residencia”, me metí en un baño, y el corazón tacatacataca pensando que iba a ir presa, entonces me cambié de ropa que tenía en un maletín de mano para que no me identificaran, ¡qué ingenua!, caracterizándome como si fuera a hacer otro personaje, y de ahí llamé por teléfono a la productora de la película, le conté y me dijo que agarrara un taxi de vuelta hasta el hotel, así lo hice y al día siguiente me dieron un pasaje para un vuelo nacional, te imaginarás el nivel de stress. Pero lo fuerte de todo esto fue cuando el pago de la película, me pagaron tan poquito dinero, y eso que tuve varios llamados, pero se aprovecharon de mi, me pagó una clase de porquería aquel productor, en fin...; la pasé muy bien con mi personaje Naty, y con todos los actores, era la primera vez que trabajaba con Pichi y con Daisy Granados, Isabelita..., y aunque no teníamos escenas juntas estábamos en el mismo hotel, en la misma recholata, era también la primera película de Violeta Rodríguez, bueno, la pasamos estelar, fue un rodaje de gozar, una experiencia deliciosa, salvo el susto en el aeropuerto de Barajas y el pago, que te repito, era de llorar. Por supuesto no fui al estreno de esa película, ni me enteré, yo estaba en Barcelona trabajando como empleada doméstica.

Frutas en el café (2004), de Humberto Padrón.

Me encantó. De los personajes que he hecho en el cine..., bueno la Ofelia de Una novia para David, pero este personaje de Frutas en el café qué manera de disfrutarlo y gustarme. Mira, eso sí fue un rodaje extremo, porque oigo a la gente hablar actualmente de la primera película independiente en Cuba y me pregunto ¿cómo es posible?, no sé quién escribe la historia pero la primera película independiente en Cuba se llama Frutas en el café, de Humberto Padrón y se hizo en 17 días. Un largometraje que se logró porque todos queríamos hacerlo, sin cobrar, porque el guión era excelente, el director, que había realizado Vídeo de familia, su primera obra de ficción premiada internacionalmente... Esta película se hizo sin dinero del ICAIC, sin permisos, el dinero lo dio el dueño del restaurante La Guarida, -que está en la casa donde se filmó Fresa y chocolate en La Habana- y ese muchacho tiene un amor y una entrega por el cine muy grande y apostó por el proyecto; y el mes pasado acabo de ver en Madrid, el día del estreno a Juan de los Muertos (2011), que me fascinó, felicidades para todos, es buena la película, pero anunciaban que es la primera cinta cubana independiente y no es verdad, fíjate que Frutas... está como en un limbo, ni es cubana ni es española, no tiene patria, pobrecita, realmente independiente y no se ha podido estrenar comercialmente en España... Recuerdo que para esa película viajé en un avión de Air Europa a Cuba, gratis, porque Pichi tenía un amigo piloto que me sentó en el avión y por amor al cine volé hasta La Habana, llevé conmigo absolutamente todo para poder trabajar aunque había un diseñador de vestuario, director de arte, etcétera, como en todas las películas, pero nadie cobró un centavo, y había un nivel de entrega violento y sin embargo fue hecha “al pelo”, independiente total.

Pedro Almodóvar sin lugar a dudas se ha convertido en un mito. Más allá de pertenecer al selecto grupo de directores españoles oscarizados o de mayor éxito, sus historias y personajes son inquietantes, profundos y delatan su sello. El actor Antonio Banderas ha dicho de él: “Conozco a Pedro desde los 80 (...) uno simplemente aprieta las mandíbulas y se lanza en su montaña rusa. Conozco el resultado final: lo mínimo resulta ser muy interesante”. *
Cuéntanos de tu experiencia en esa montaña rusa que te llevó al filme Volver (2006)

Cuando era muy jovencita y tenía el sueño de ir a España u otro lugar a vivir experiencias distintas, siempre cantaba ese tema de Joaquín Sabina: “Yo quiero ser una chica Almodóvar”, tanto lo cantaba y lo cubanizaba metiéndole cintura y todo eso que era habitual en las fiestas a donde iba, me desaparecía un momento y volvía con una saya cortica y la cantaba. Mucha, mucha gente, y entre ellas tengo presente a Osvaldo Donatién, el editor de Fresa y chocolate, que me decían debía conocer a Pedro Almodóvar, ya Pedro iba a Cuba en esos tiempos y disfrutaba ver sus películas cuando la estrenaban, él estaba ahí, pero soy una persona bastante tímida, aunque no lo parezca y mucho más para cosas de trabajo, ahí si mi timidez llega a límites que me anulo, nunca he tocado una puerta, que no está mal, es por mi timidez que no lo hago. Entonces la gente me decía que yo era una actriz almodovariana, y les decía: “¡ay ojalá!". Pero dentro de mi sí tenía ese sueño de trabajar con Almodóvar, pero como lo tienen tantas actrices. Me inventaba unas canciones en zarzuela que decían: “Voy por la calle 23 y con Almodóvar me encontraré”. Estando en España, muchos años después, no es que no tuviera el sueño, es que era impensable soñar con eso, era una vida muy dura, no hacía nada de arte absolutamente, te conté que desde allí solo trabajé en Cosas que dejé en La Habana, acabada de llegar de La Habana, y luego la obra de teatro “Manteca” que estuvo cuatro semanas en una salita alternativa y después cuatro días en otro teatro, pero más nada, mi vida discurría así y la verdad que no me pasaba por la cabeza aquel sueño. En el 2001 comienzo a trabajar de actriz, es como las telenovelas: pasé de criada al mundo del espectáculo, pero de verdad sucedió así, salí de la vida en Barcelona de trabajar para vivir y en lo que fuera, limpiando casas, cuidando niños, y gracias a mi representante, Koldo Anasagasti, una persona a la que siempre estaré muy agradecida, me sale trabajo en Madrid. Koldo me llevó a una cita de reconocimiento con muchos directores de casting y a la semana ya estaba haciendo cositas pequeñas, y a los dos meses viviendo en Madrid con una serie de televisión, un personaje fijo en Javier ya no vive solo, con Telecinco y todo de “puta madre” como dicen allá. Después hice los filmes Locos por el sexo, de Rebollo y Un rey en La Habana (2005), de Alexis Valdés..., y un buen día me dice mi representante que el director de casting Luis San Narciso, uno de los más importantes de España, quería verme, tenía que ir sin maquillaje, con el pelo recogido y con algo escotado -que por cierto Luis también es una persona a la que le agradezco muchísimo, confió en mi y ha sido el director de casting con el que más he trabajado, lo he hecho con otros, pero él siempre me llama,- y me encuentro con él, yo pensaba era para una serie de televisión y me convenía mucho por lo económico, pero me dice es para una película, pensé en ese momento que si era una película sería menos tiempo, pero bueno, de todas maneras trabajo es trabajo. Me sigue contando que es con un director muy importante, ni le pregunté quién era ese director importante, pensé en algunos cineastas españoles pero Almodóvar no me pasó por la cabeza, y de pronto me dice: “no te lo debería decir, pero te lo digo, es para Almodóvar”, yo con la cara colorada le dije que porqué me lo había dicho, me puse nerviosa. De pronto entramos a su oficina, me dijo esto no es un casting, vamos a improvisar, “yo soy una amiga tuya y quiero que tú me guardes una cosa mía pero tú quieres que te pague por eso”, improvisé, estaba sentada, normal, cuando termino me dice que olvidara todo eso porque el resultado se sabría meses después. Entonces me olvidé de eso y fui para Barcelona porque estaba girando con la obra de teatro “Las mujeres de verdad tienen curvas”, pero en un momento se buscó a alguien que me sustituyera porque debía regresar a Madrid a rodar Locos por el sexo, de Rebollo, bueno, el último día de filmación fue precisamente el día del estreno de la película de Alexis Valdés, y me adelantaron las escenas. La maquillista y la vestuarista me estaban ayudando a preparar para salir de ahí directamente a la première de Un rey en La Habana, y de pronto suena el teléfono, era un ayudante de Pedro Almodóvar que se presenta y me dice que si podía por favor pasar por la productora pues Pedro quería verme junto a Penélope Cruz, le dije que sí que como no, y luego me preguntó que si podía ser el lunes. Yo le decía que si a todo, y por dentro pensaba que nadie de los que estaban alrededor mío se imaginaban que ¡iba a ver a Pedro Almodóvar el lunes!, pues no le había contado a nadie lo que me había pasado meses anteriores. Llegó el día y conocí a Pedro, un hombre totalmente normal, nada que ver con una imagen que te pueda asustar, le miraba sus manos y eran tan normales, sus dedos..., y cuando empecé a hablar con él me parecía que estaba hablando con Orlando Rojas, -a tal punto que cuando comencé a rodar era como si hubiera trabajado con él toda la vida-. Estaba ahí Penélope Cruz e improvisamos una escena muy simpática, Pedro me pregunta qué podría tener una cubana en su refrigerador y le dije que puerco, entonces improvisamos de que Penélope me pide dinero y yo le respondía “que lo que tenía era una aguja de puerco”, eso lo estaban grabando..., ese mismo día, al terminar, Almodóvar me dijo: “María Isabel quiero trabajar contigo”. Me fui para mi casa y a la mañana siguiente me llama Narciso y me dice: “Ahora sí descorcha una botella de champán que vas a trabajar en Volver, eres oficialmente una chica Almodóvar”. Y entonces ahí fue cuando se lo conté a mis amigos y familia, que no sabían nada, no porque pensara que si lo comentaba no se iba a cumplir, no creo en eso, sino porque no quería crear expectativas sin tener nada seguro.

En el rodaje te puedo decir, por ejemplo, que las notas que me dio eran partiendo de lo que sabía tenía que trabajar como actriz. Lo más grande que tiene Pedro Almodóvar es que es humano, que conoce la humanidad de la gente hasta el tuétano, para mi eso es lo que lo distingue, además de un gran director de cine hablando de puesta en escena como tal, tiene un conocimiento del ser humano muy grande, y me di cuenta con pequeñas cosas de hasta qué punto a él le interesan las personas, cuida mucho a las actrices, pero cuidaba también a todo el mundo porque más de una noche lo vi preocupándose por la figuración, si pasaban frío o no, y de esa humanidad es de donde saca sus historias. Tiene que irle bien en la vida porque es una gran persona y gran artista. Penélope Cruz es una excelente compañera, sinceramente, hubo un día en el que teníamos que manejar que ella me dio tanto apoyo porque cuando me preguntaron si sabía conducir y la respuesta fue no, me sentí que estaba fallando en algo, el problema era que estaba escrito por guión que mi personaje llevaba la furgoneta manejando y entonces ahí es que Pedro me pregunta: “Pero María Isabel, ¿tú no manejas?”, cuando le digo que no, él dice: “Bueno, Penélope, conduce tú”. De todos modos fue muy gracioso porque Penélope que le tocaba en la escena siguiente dar pico para abrir la zanja y enterrar al muerto, por ser tan delgadita, parece que se veía frágil a cuadro, me imagino, y Pedro ahí me dijo que agarrara el pico yo, o sea nos intercambiamos, primero ella el timón del carro y luego yo el pico. Todos muy buenos compañeros de trabajo, Blanca Portillo..., nunca hubo un estrés en esa película que no fuera más allá de lo normal. Era mi personaje de prostituta número 30 más o menos, lo disfruté muchísimo y un reto como ya te comenté el hecho de siempre interpretarlas diferente.
Estoy segura que Volver es una película que mi mamá la puso en mi camino, porque cuando murió siempre pensé que ella iba a aparecer y en el momento que estuviera bañándome, abriría la cortina para ver y preguntarme cómo me estaba portando, y así toda mi vida he pensado que mi mamá va a volver. Cuando leí el guión por primera vez era todo lo que he deseado que pase con mi mamá: que aparezca de nuevo, que vuelva y me de una sorpresa.

Che, El Argentino, de Steven Soderbergh. Recuerdo la première de esta película, primera de dos partes, en Campeche, fui invitado, estuvo presentándola el actor Demián Bichir, que interpreta a Fidel Castro. Seleccionaron esta ciudad mexicana para el estreno, por ser una de las principales locaciones que se usaron. Al ver el filme me sorprendió el rigor en la dirección de arte: frente al parque principal "construyeron" el hotel Santa Clara Libre integrándose a la realidad de una manera muy orgánica... ¿Cómo llegaste a este proyecto?

Estaba con Pichi en Puerto Rico filmando La mala, una película con tema y canciones de La Lupe. Benicio del Toro es muy cercano a Cuba, conocía a Aarón Vega, quien vive en Puerto Rico y es hijo de Daisy Granados y Pastor Vega, y Soderbergh llegaba allí, y llaman para una reunión a Aaron y a Pichi que tenían personajes en el proyecto que estaba gestándose. Ellos me invitan a ir a verlo, pero yo no quería, me convencieron y fui. Entonces allí comenzaron a hablar del Che, de libros, estaban como cerrando historias para rodar en poco tiempo y de pronto Soderbergh me pregunta que si yo era la actriz que trabajó con Almodóvar,-todo eso me lo estaban traduciendo-, le respondo que si y él me dice que “le cae mal Almodóvar”, y enseguida le contesté: “A ti te caerá mal pero a mi me cae muy bien, me parece que es un gran director...” y lo que metí fue una carretilla.., inmediatamente dijo muerto de risa que era una broma, que él es muy amigo de Pedro y que lo admira muchísimo. Yo no me daba cuenta que él bromeaba porque no me gusta que hablen mal de nadie pero además estaba el inglés de por medio, mientras me traducían, todos me decían que Soderbergh estaba “jodiendo”, pero a mi me llegaba tarde la explicación. Y hago un gesto así: “Ahh bueno”. En esa conversación, que fue muy graciosa, porque yo entendía palabras sueltas, el contexto lo conocía, pero había cosas que ni “pitoche”, bueno, cuando nos estamos despidiendo pasó algo para morirse de la risa, Laura Bickford, la productora de Soderbergh me da la mano y me dice algo y pienso que se está despidiendo y le respondo: “me too”, o sea, “yo también”, y ella se queda muy seria y llama a la traductora y le pide me tradujera, y entonces la traductora me dice que Laura lo que comentaba es “que iban a necesitar mujeres” (para la película del Che) y le había respondido “yo también”, tremenda pena, y le dije: “no, yo pensaba que me estabas diciendo “nice to meet you”. Tremenda risa, ese cuento se hizo famoso. Bueno, cuando todo se concretó y llegó la hora de iniciar la pre-filmación, iba a hacer el personaje de una señora de la Sierra Maestra que el Che va a curarla, era mucho más largo y de pronto Benicio del Toro, que también escribía escenas, me dice que yo estaba muy joven para ese personaje que le dice al Che en un momento determinado “que él está muy joven...”, o sea, resultaba increíble, entonces pensé que no estaría en la película, y al final me propusieron hacer María Antonia; no podía creerlo, un personaje histórico del que tenía recuerdos cuando recitaba de niña en los matutinos de la escuela. Pues hice María Antonia, y el personaje anterior, "la viejita" que me tocaba lo redujeron a dos escenas y en el corte final ni aparece en la película, así que todo conspiró a mi favor para que participara en este proyecto. Nos fuimos a filmar en Campeche, México, y es cierto el trabajo de dirección de arte allí fue tremendo, también se rodó en España, Puerto Rico y Bolivia. Era la única mujer en Campeche con todos estos barbudos, con todos los muchachos que hicieron después la parte Guerrilla y con Soderbergh muy bien, un director que hasta operaba una cámara, muy sencillo, que sabía muy bien lo que quería. Te cuento algo interesante: cuando leí mi escena, originalmente ella decía: “Bueno, señores vamos a recoger la comida porque Fidel no llega”, y yo pensé "¿cómo recoger la comida? ¡vamos a comer!, es lo que debería decir", como eso era una traducción al español del guión original parece no estaba claro del todo este punto, en fin, lo lógico es “vamos a empezar a comer sin él porque no llega, se demora”, y veo a Benicio, que es un excelente compañero y colaborador, muy cómplice, y le comento lo que me parecía de la escena y me dijo que tenía razón, e inmediatamente lo cambiamos y se filmó así, con esa propuesta.
La gente me habla siempre de esta película como si hubiera sido difícil y no, fue muy normal, por ejemplo, cosas así como que casi al filmar la escena, yo estaba toda tirada al descuido, sentada en un sofá, con una taza de café, apoyada en la barriga, en una pose que me salió natural, y Soderbergh dice: “María Isabel, muy bien esa postura, es tu casa, debes estar así, cómoda”. Son cosas chéveres en el trabajo y que te hacen sentir muy bien y significa que todo fluye. 

Sería ingenuo preguntarte cuál consideras tu mejor personaje pues sé muy bien que el mejor siempre está por llegar. ¿A qué conclusión has llegado al cabo del tiempo?, miras hacia atrás y te encuentras una carrera sólida, repleta de grandes e intensos papeles, pero uno siempre tiene sus anhelos por cumplir...
Ay qué lindo, me encantaría que terminara la entrevista así mismo, decir eso yo... Planes no tengo, inmediatos, no tengo. Cuando estuve en Madrid me hablaron de una película y un serial de televisión. Aquí en Miami hice la película Neuralgia (2009) y el mediometraje Crossing moments (2012), ambas de bajo presupuesto y con directores jóvenes al menos si no en edad, sí en sus carreras y me pareció lindo apoyarlos, fuera de esto no he hecho nada y no creo que lo haga, no hay posibilidades para un actor. Si quisiera tener un carro del último año, o en mi mesa un pedazo de carne de puerco o un tostón, o un faisán, quizás estuviera en el lugar correcto, pero no es lo que me interesa de la vida, lo que a mi me interesa es actuar. Soy una obrera de esta profesión, no quiero status, ni anhelo llegar a Hollywood, como nunca pensé trabajar con Almodóvar. Llegar a Cuba a trabajar es otro sueño que siempre tengo, a pesar de que las condiciones son distintas, pero cuando ha pasado lo he disfrutado mucho. Quiero que la vida me sorprenda y tener la capacidad de sorprenderme con buenas y malas cosas, no quiero estar de vuelta de nada, miro para atrás y veo a una muchachita que es la misma de ahora, no ha cambiado nada en mi, solamente tengo quizá un poco más de experiencia, un ojo más avisado, pero al final miro y veo a la persona que está hoy aquí y que ha transitado un camino donde han habido momentos buenísimos y otros no tan buenos, momentos difíciles, pero que hacen una suma importante para mi vida que me forma y fortalece. En el futuro espero estar viva para poder seguir trabajando en esto que tanto me gusta. Si antes estuve bien quiero estar en lo adelante maravillosa, y yo, María Isabel Díaz Lago, algún día creer que estuve maravillosa. Siempre pienso que estoy aprendiendo, eso debe ser que todavía soy muy joven.

Inicios de 2012

Agradecimiento: Juan Manuel Gómez

Entrevista a Antonio Banderas, “Almodóvar: es un género en sí mismo”, revista digital Emol. 11 de octubre de 2011