martes, 16 de abril de 2013

MARIO CRESPO, LO QUE LLEVA EL RÍO


Por Carlos Barba Salva

Nada me hace más feliz que ver a un querido amigo filmar, emprender un nuevo proyecto, que lo haya logrado. Así sucede actualmente con el cineasta cubano, afincado en Venezuela, Mario Crespo, destacadísimo director asistente de la cinematografía cubana (Aquella larga noche (1979), Cecilia (1981), Se permuta (1983) y realizador de cintas como el espléndido documental No es tiempo de cigüeñas (1987) y aquel corto transgresor titulado Zoé, que pertenece al filme de cuentos Mujer transparente (1991). 

Ahora Mario está filmando en el Delta del Orinoco, su guion "Nahiwaká, lo que lleva el río", -bajo la producción ejecutiva del CNAE, Alfarería Cinematográfica y su Asociación Civil Yakarí-; una bella e interesante historia que tuve la oportunidad de leer hace algunos meses. ¡Buena suerte y buen rodaje!

Aquí la nota:

 Inició rodaje de la película NAHIWAKÁ, LO QUE LLEVA EL RÍO, de Mario Crespo.

La realidad de una joven Warao que se enfrenta a las inquebrantables convenciones ancestrales de la cultura indígena, será plasmada en la gran pantalla venezolana en el 2014. Nahiwaká, lo que lleva el río es el nombre del largometraje dirigido por el cineasta Mario Crespo, quien arrancó el rodaje de la cinta el 01 de abril en diferentes localidades de Caracas, para luego adentrarse por 7 semanas más en el Delta del Orinoco. 

El filme narra la vida de Dauna, una mujer que desde pequeña muestra la necesidad de adquirir conocimientos sobre sus raíces, y que a la vez entiende que la cultura debe mutar e interactuar a través del tiempo. Se da cuenta, en efecto, que muchas tradiciones y roles implantados dentro de la comunidad Warao, no son adaptables a la mujer contemporánea. 



“Nahiwaká es una historia de amor, en donde se narra la capacidad de crecimiento de una joven que tiene que superar varios obstáculos: ser indígena, tener la piel morena y ser mujer en una sociedad de costumbres muy arraigadas”, comentó el director del filme que se grabará en Tucupita y varias comunidades del Bajo Delta del Orinoco. 

Los encargados de interpretar los roles protagónicos en el largometraje, son Yordana Medrano, como Dauna, y Eddie Gómez, quien ejerce el rol de Tarsicio, su esposo y enamorado desde la infancia. También destaca la participación del actor Diego Armando Salazar, quien interpreta a Julio, uno de los sacerdotes capuchinos que llegan a la comunidad Warao a mediados del siglo XX, con la idea de catequizar y sembrar las misiones religiosas en las zonas indígenas. 

“Dauna es una mujer que entiende que la cultura debe expandirse. Ella sabe que el idioma, los pensamientos, la palabra, la forma de enseñar, de aprender a leer y a escribir evolucionan constantemente”, indicó Yordana Medrano sobre su personaje, situación que confiesa ha cambiado positivamente en la mayoría de las comunidades indígenas de la región, donde ahora existe mayor equilibrio intercultural. 

Además de este conflicto, en el filme también se presenta un dilema sentimental. “El marido de Dauna no puede entender que se ha casado con una mujer que investiga, escribe y se le olvida atender el conuco, atender el fuego del hogar. Para Tarsicio esto es una vergüenza”, explicó Crespo. 



El filme contará con la dirección de fotografía del joven realizador Gerard Uzcátegui, quien ha trabajado en largometrajes como Libertador (2013),Samuel (2011) y el cortometraje de su autoría La noche anuncia la aurora (2012), entre otros. Asimismo, la producción ejecutiva está a cargo del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC), junto a la Asociación Civil Yakarí y Alfafería Cinematográfica. 


Trabajo en la comunidad 


El primer contacto entre la comunidad Warao y Mario Crespo ocurrió en el 2000, año en que la Asociación Civil Yakarí implementó un Sistema de Transferencia de las Tecnologías de la Información y la Comunicación a través del Audiovisual, que se instaló en sectores desfavorecidos de la población indígena. Esta iniciativa fue galardonada posteriormente con el premio Gran Mariscal de Ayacucho, un premio de la Fundación Polar y numerosos aportes de instituciones públicas y privadas del país. 

“Desde que nosotros llegamos al Delta del Orinoco y vimos la inmensidad de la naturaleza, pensamos que ese tenía que ser el paisaje. De hecho hay planos donde vamos a demostrar la pequeñez del hombre sobre la tierra”, señaló Crespo. 

Incluso parte de la comunidad Warao, la segunda etnia indígena más grande de Venezuela después de los Wayú, participó y validó la construcción de los personajes del filme. “Creo que la interculturalidad no es para determinar el arraigo o el desarraigo de la cultura, sino más bien sirve de aporte a la organización de los pueblos, de la enseñanza en las escuelas y del trabajo que se hace en las comunidades”, dijo Medrano, quien es nativa de la comunidad de Aragaimujo. 

Además, el equipo del filme fue asesorado desde el punto de vista etnológico por Cecilia Ayala y Werner Wilbert, autores del libro sobre los wuaraos “Hijos de la luna” (Fundación La Salle de Ciencias Naturales 2001), investigación que sirvió para elaborar argumentos fieles a la historia y costumbres de la comunidad.