miércoles, 19 de junio de 2013

Entre el desconcierto y la provocación


Por Luciano Castillo
Crítico e investigador cinematográfico cubano
 
Crónica de una caída anunciada es el preciso título del artículo escrito por el crítico británico Ian Christie publicado en el número de septiembre del 2012 de la revista Sight and Sound. Presentó los resultados de la selección de los cien mejores filmes de todos los tiempos (“The Top 100 Films”), tradicionalmente promovida por esa muy prestigiosa publicación cada década desde hace sesenta años.
 
La primera correspondió a 1952, el cine ni siquiera había cumplido medio siglo de existencia -apenas 47 años-, irrumpía Umberto D, realizada por Vittorio de Sica aún en plena efervescencia del neorrealismo italiano, y Ladrón de bicicletas (1948), título emblemático aportado por el cineasta a ese movimiento renovador, encabezó la decena de las mejores cintas. Le siguieron: Luces de la ciudad (City Lights, 1931) yLa quimera del oro (The Gold Rush, 1925, dirigidas por Charles Chaplin, El acorazado Potemkin (Bronenosec Potemkin,1925), del soviético Serguéi M. Eisenstein, Intolerancia (Intolerance, 1916), de David W. Griffith, Louisiana Story (1948), de Robert Flaherty, Avaricia (Greed, 1925), de Erich von Stroheim,Amanece (Le jour se lève, 1939), realizada por Marcel Carné en la apoteosis del realismo poético francés yLa pasión de Juana de Arco (La passion de Jeanne d’Arc, 1927), rodada en Francia por el danés Carl Theodor Dreyer. Compartieron el décimo lugar dos películas tan disímiles como Breve encuentro (Brief Encounter, 1945), del británico David Lean, y La regla del juego (La règle du jeu, 1939), una de las obras maestras concebidas por Jean Renoir (1894-1979).
 
Desde entonces ha llovido demasiado, quizás más que en el Macondo garciamarquiano, y más que la evolución del arte de las imágenes en movimiento, las siempre esperadas encuestas de Sight & Sound son reveladoras de los vaivenes en el gusto de la crítica, amén de la subjetividad predominante en selecciones de esta índole. Excluida insólitamente de la selección inaugural, Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941) [Foto], la resonante opera prima de Orson Welles, lideró la promovida en 1962, en los albores de la llamada “década prodigiosa” y en momentos que la nueva ola francesa y el Free Cinema inglés seducían a todos.  El soplo renovador lo tributó Michelangelo Antonioni al ocupar el segundo sitio La aventura (L’avventura) -abucheada por los críticos en su premier mundial en el Festival de Cannes el 15 de mayo de 1960-. Chaplin, Flaherty, Dreyer y Lean serían borrados de un plumazo para jerarquizar entonces a Kenji Mizoguchi (Ugetsu monogatari, 1953), Luchino Visconti (La terra trema, 1948) y Jean Vigo (L’Atalante, 1934), en tanto elPotemkin de Eisenstein navegaba acompañado por Iván el Terrible (Ivan Groznyj, 1942-1944). Con una obra que no pretendía imponer regla alguna, pero que parece filmada hoy por la mañana, el viejo Renoir ascendía en la consideración del décimo al tercer puesto. Para la crítica -no obstante el redescubrimiento por parte de los cahieristas Chabrol, Rohmer y, sobre todo, Truffaut-, aún Alfred Hitchcock no trascendía la condición de mero artesano, indigno de figurar en una votación de esta envergadura.
 
Citizen Kane, con sus incuestionables aportes dramatúrgicos y estéticos, mantendría la supremacía al frente de las encuestas efectuadas en 1972, 1982, 1992 y 2002, la primera del siglo XXI. Renoir mantendría el segundo escaño hasta los años noventa desde la de los setenta. Lo más distintivo en esta fue situar el deslumbrante Ocho y medio felliniano en el cuarto lugar, descender la valoración de La aventura al quinto, y aparecer Welles por partida doble al incorporar The Magnificent Ambersons (1942), compartido nada menos que con la primera comedia escogida: El maquinista de La General (The General, 1926), codirigida por Buster Keaton y Clyde Bruckman. ¡Los críticos revelaban que, a veces, tienen sentido del humor! Dreyer era reconsiderado y la maestría del sueco Ingmar Bergman se impuso con dos títulos antológicos, aunque solo en esta década: Persona (1966) y Fresas silvestres (Smultronstället, 1957) en el sexto y décimo puesto (junto a Ugetsu monogatari), a costa de excluir a Von Stroheim, De Sica, Visconti y Vigo.
 
Tres olvidos imperdonables fueron subsanados en la selección de los años ochenta: el japonés Akira Kurosawa -ubicado en el tercer lugar con Los siete samuráis (Shichinin no samurai, 1951)-, el británico Alfred Hitchcock -de pronto ocupó el noveno su Vértigo (1958), menospreciado en el estreno por los críticos y el público para sorpresa de su hacedor- y el norteamericano de raíces irlandesas John Ford, con Los buscadores (The Searchers, 1956)  en el décimo al lado de The General, sin olvidar un ejemplo cimero de ese cine total que es el musical: Cantando bajo la lluvia (Singin’ in the Rain, 1951), codirigido por el binomio Stanley Donen-Gene Kelly.
 
Si antes brillaba de nuevo por su ausencia el tormento de la doncella de Orleáns en la mirada austera de Dreyer, fue recuperado en el séptimo sitio por la convocatoria de la revista en los años noventa. Conducida por el Jean Vigo tan tempranamente desaparecido, L’Atalante emergía de nuevo poco antes del Potemkin eisensteiniano, antecedido por la primera presencia del cineasta indio Satyajit Ray con su Pather Panchali(1955), ignorada por los votantes a lo largo de cuarenta años. Esos cuatro decenios el nipón Yasujiro Ozu era un ilustre “desconocido” cuya ausencia pretendió ser reivindicada al escoger Historias de Tokio para el tercer lugar y destronar definitivamente a su coterráneo Kurosawa en la apreciación de los votantes.
 
Sin sufrir el menor síntoma de vértigo, desde el cuarto escaño al que fue elevado, Hitchcock (fallecido dos años antes), miraba hacia abajo la épica de los buscadores con más corazón que odio en el Monument Valley que para John Ford adquirió la connotación de plató exclusivo. “Cuando pienso en Ford -expresó Federico Fellini, cuyo Ocho y medio fue suprimido olímpicamente en los resultados de la encuesta-, yo siento el olor de las barracas, de los caballos, de la pólvora. Visualizo en silenciosas e interminables llanuras, la interminable caravana de sus héroes. Pero, sobre todo, siento un hombre a quien gustaron las películas, quien vivió por el cine, quien creó más allá de sus películas un cuento de hadas para vivirlo por sí mismo, una morada en la cual vivir con alegre espontaneidad el entretenimiento y la pasión”. La locomotora de Keaton iba a parar a un ramal sin salida, el esplendor y la decadencia de los Ambersons observada por el genio de Welles era borrada como también la aventura de los sentimientos vistos por Antonioni y Gene Kelly, abruptamente cesaba de cantar y bailar con su paraguas bajo la lluvia, en tanto Stanley Kubrick era ascendido al Partenón por la vía de 2001: A Space Odyssey (1968), cierre de la decena de filmes en la última década del Siglo de Lumière.
 
Dos años después del advenimiento de una nueva centuria, el rollizo Hitchcock desplazaba a Renoir (La regla del juego) al saltar con Vértigo al segundo peldaño precedido solo por Citizen Kane. En su puesto anterior figuraba ahora el díptico de El Padrino (The Godfather, 1972-1974), concebido por Francis Ford Coppola con la presencia en su banda sonora de la sugerente contribución del compositor Nino Rota, el perenne colaborador de Fellini para quien legara a su Ocho y medio, finalmente restablecido en el noveno sitio, seguido por Cantando bajo la lluvia, genuino homenaje al surgimiento del cine sonoro. L’Atalante esta vez se fue a pique y en su hundimiento arrastró a Los buscadoresLa pasión de Juana de Arco y Pather Panchali. Resulta insólito que solo al cabo de ¡cincuenta años! los invitados por la redacción de Sight and Sound rescataran del injusto olvido a un creador de la talla de Friedrich Wilhelm Murnau (1888-1931), aunque no por su magistral cinta El último hombre (Der letze Mann, 1924), que rodara en su Alemania natal, sino por su no menos brillante debut en el cine hollywoodense: Amanecer: Un canto de dos humanos(Sunrise: A Song of Two Humans, 1927).
 
Que con un total de 191 votos, Vértigo desplazara a Citizen Kane (el cual sumó 157) del primer lugar que mantuvo por espacio de cincuenta años es lo más desconcertante en la selección de los cien mejores filmes en la selección del 2012. Por mucho que admiremos esa pieza de orfebrería en la filmografía hitchcockiana, verdaderamente no constituyó innovación alguna en el ámbito cinematográfico, excepto como sumo exponente de la perfección narrativa de su autor, quien encabeza la lista de los 25 mejores directores en la historia del cine al acumular 318 votos. Su valoración aumentó durante estos treinta años según apunta Ian Christie en el análisis en el cual señala que la diferencia de 34 votos entre las dos películas distaba mucho de los cinco que los separaban una década atrás. Ofrecieron sus cómputos personales de las diez películas más estimadas casi 850 críticos, historiadores, académicos y programadores. De Welles, que alcanzó dos títulos en las listas de 1972 y 1982, observamos que Los magníficos Amberson descendió ahora hasta el lugar número 81.
 
En tiempos en que 68 participantes coincidieron en su propuesta de El hombre con la cámara (1929), de Dziga Vertov -el primer documental desde que Louisiana Story apareció fugazmente en la selección de 1952- compartimos la pregunta del crítico, consciente de las polémicas que desatarían los nuevos resultados, a propósito de esta primera votación realizada desde que Internet devino el principal canal de comunicación sobre cine: ¿Marcará una revolución en el gusto, al igual que sucedió en 1962? La imposibilidad de detenernos en los rasgos del centenar de títulos escogido por los imperativos del espacio y de no disponer de los listados completos de los decenios anteriores nos compulsa a un rápido travelling limitado a los diez primeros. De todos modos, que filmes como Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce 1080 Bruxelles (1973), de la belga Chantal Akerman (la primera de las tres mujeres escogidas), y Sátántangó(1984), del sobrevalorado director húngaro Béla Tarr, ocupen los escaños número 37 y 38, respectivamente, ilustran fehacientemente los derroteros de cierto sector de la crítica contemporánea -ante todo europea-, cuando no el flagrante desconocimiento de gran parte de la historia del cine. Numerosísimas películas trascendentes dignas de mayor estimación que esos dos ejemplos acuden a la memoria. Escoger Touki-Bouki (1973), del senegalés Djibril Diop Mambéty, para que el cine africano esté representado de alguna manera (en el lugar número 99 con 17 votos), evidencia la ignorancia de obras mayores en la cinematografía de ese continente o el feliz descubrimiento de un título relegado hasta ahora y que amerita mayor difusión.
 
A simple vista, lo más sorprendente en los diez primeros puestos en que en ellos aparezcan, por vez primera, tres clásicos del período silente: Sunrise...El hombre con la cámara y La pasión de Juana de Arco, certidumbre del inconmensurable nivel expresivo conseguido por no pocas obras del entonces llamado arte mudo, no superadas hasta la fecha. Vertov terminó por vencer a su perenne rival, Eisenstein, de quien El acorazado Potemkin -¡después de sesenta años a flote!- no pudo mantenerse en la decena preponderante para descender al onceno escaño con 63 votos, cinco menos que la sinfonía vertoviana, reivindicación según Christie por las exhibiciones aún recientes con acompañamientos en vivo con partituras compuestas, entre otros, por Michael Nyman. Como todas las selecciones de este tipo, no solo las auspiciadas por Sight & Sound, esta última sirve como brújula orientadora por momentos, y errabunda en otros, legitimadora de unos cineastas en menosprecio de otros, que el propio Ian Christie explica así:
 
“Lo que demuestra el canon es un consenso lento: personas que conocen y ven muchas películas y tratan de reflejar su escala de valores. Se trata de listar los clásicos, así que siempre existirá la parcialidad con las películas recientes, las marginadas y las excepcionales -apartando a aquellos que no tengan miedo de expresar sus gustos no canónicos-. Con tantos argumentos sobre las películas que ahora están disponibles en Internet, además del acceso sin precedentes a películas antiguas y oscuras, parecería que es posible que el viejo canon establecido en los 60 terminará por desgastarse o ser reemplazado por algo más ecléctico que refleje nuevos descubrimientos.”
 
“Seguramente un problema para los participantes en la votación  es el número en aumento de películas. A diferencia de los guardianes del gusto en otros campos como la literatura y el arte, los conocedores del cine tienden a no encasillarse como especialistas en un período o región determinados y deben enfrentarse a opciones cada vez más injustas al hacer una lista de solo diez películas. El cine, si bien es cierto que tiene una forma predominantemente digital, continúa siendo una cultura global, con más intercambio entre culturas que la música pop o las novelas de detectives.”

Fuente.Cubacine, junio 2013.