sábado, 15 de febrero de 2014

Humberto o la historia increíble del hombre de las luces.

Concebido por su realizador Carlos Barba como un homenaje al director de Lucía fallecido en 2008, acaba de obtener el Premio Vigía en el XXXV Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.

Por Rafael Grillo
No llegué a decirle a Humberto Solás que él fue mi primer entrevistado célebre y yo estaba muerto del susto, porque además de acompañarle la aureola de cineasta mayúsculo, lo rodeaba el rumor de ser gente de humores tornadizos. Tampoco alcancé a contarle que Cecilia fue mi primer amor con el cine cubano, mi debut adolescente en el descubrimiento de una filmografía nuestra. Para cosas así, creí tener todo el tiempo del mundo pues creadores como Solás despiertan la sensación de encarnar la eternidad.
Recuerdo la fecha de 2004, cerca de Puentes Grandes, en que nos acomodamos en el portal de una casa humilde, acondicionada como plató para filmar las escenas del hogar de Amparo (Adela Legrá), la tía de Santo (Felito Lahera), en esa última película que fue Gente de pueblo en la época del rodaje y Barrio Cuba a la hora del estreno.
Solás desarmó mis miedos de golpe en aquella conversación, porque delante tuve al “hombre tranquilo”, a un “cubano impasible”. Si, como dicen, llevaba por dentro la corte de los demonios, Humberto sabía ya vestir el ángel por fuera. El ser humano que entonces se me reveló, era de los que encuentran por saber lo que buscan, una persona sosegada por las certidumbres ganadas en el largo aprendizaje de la vida y el oficio del cine. Humberto me conquistó desde ese momento y ya para siempre.
Hago esta evocación porque imagino que trance similar vivió el muchachito santiaguero, cuando se acercó al Maestro a quien dedicaría su tesis de licenciatura. Ese joven llamado Carlos Barba Salva al que conocí también aquel día, involucrado dentro de las tareas de la filmación, y destinado a acompañar a Humberto en esa y en cualquier otra aventura, como fue la del Festival de Cine Pobre, captado para “la Causa” de Humberto, ya para siempre.
Humberto, el documental, y los avatares de su preparación acuciosa, que condujo a Carlos Barba por tantos países a la caza del testimonio de actores y actrices, de directores de arte y de fotografía, de familiares y de amigos, es el fruto transparente de la pasión por una prodigiosa carrera cinematográfica que incluye a ManuelaLucíaUn día de noviembreAmadaUn hombre de éxitoEl Siglo de las LucesMiel para Oshún
Humberto, el documental, atestigua además el encandilamiento de su realizador con una dilatada trayectoria vital, con una biografía donde hubo espacio para el ascenso y la caída y el levantarse de nuevo, para el elogio y el escarnio, para el aplauso y para la polémica, como sucede con todas las vidas verdaderas, con las que han valido la pena.
Humberto, el documental de Carlos Barba, es aquello que llamamos un “acto de justicia poética”, por tratarse de una pieza imprescindible para un correcto engranaje de la historiografía del cine cubano.
Pero Humberto es, sobre todo, un documental hermoso, que llegado su instante final, donde una voz prodigiosa entona el “Hosanna”, avistamos en su integridad al ser humano iluminado por su prédica del cine como arte y de una ética de lo auténtico, en la exploración de sus raíces y el contacto con la realidad de su tiempo.
17|12|2013