miércoles, 2 de abril de 2014

Entrevista: "Humberto Solás ha sido mi escuela"

Por Danae C Diéguez .
Carlos Barba Salva
Asistí a la presentación del documental Humberto, dirigido por Carlos Barba Salva, en los días del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, en una sala del Multicine Infanta abarrotada de personas. Estaba convencida que era una presentación llena de emociones pues Barba nos tenía acostumbrados a sus trabajos dedicados al cine de Humberto y este especialmente era la obra que esperábamos; una, porque aparecía cuando ya Humberto no está entre los vivos y dos, porque  era un recorrido completo sobre la obra y la vida del director de Lucía (1968).  
Un periplo por cada momento cinematográfico de Solás: los comentarios de sus amigos, de quiénes trabajaron a su lado, de su familia, la muestra de las complejidades de su cine, de su amor implacable a la obra que realizaba y sobre todo el documental es un encuentro con una propuesta cinematográfica que revela su coherencia, rigurosidad y gusto exquisito por la belleza. Humberto (2014) es un documental que emociona pero que no se regodea en sensaciones más allá de las necesarias para entender el camino difícil recorrido por Solás, las incomprensiones alrededor de su obra, pero sobre todo la pregunta que late: ¿por qué este artista, maestro del cine cubano, con una obra enorme que engrandece la cinematografía de la isla, es, aún,  un gran desconocido?
¿Carlos, por qué Humberto Solás como un referente continuo en tu obra? 
Siempre me gustó el cine. El de Humberto llega a través de Lucía, recuerdo que una tía me decía que no simpatizaba con algún que otro fotograma que allí aparecía y sin embargo a mí me encantaba y encontraba una belleza especial en ese cine, a pesar de que yo era un niño y a veces no entendía determinadas intenciones. Era la época del VHS y utilicé un cassette para grabarla y como la película dura 160 min no pude terminar de copiarla en la calidad SP. Cuando veía el rostro de Adela Legrá al final- años después supe cómo se logró esa imagen- sentía que pasaba algo, cómo esa imagen ahí con el sombrero y la toalla y esa mirada me gustaba especialmente. Me interesaba el cine de Titón, pero la verdad es que me identificaba mucho con el cine de Humberto, eso que me atraía de su cine y que años después, siendo ya amigos, recuerdo una conversación con él en La Habana Vieja, y me dijo: -Tú cuando hagas cine no te vas a complicar como yo, no te vas a complicar con tules y ventiladores que los mueven, ni con candelabros. Tú cine va ser de mucha realidad-. Ojalá esa predicción y elogio del maestro se cumpla.
Pero el encuentro con Solás , más allá del cine … ¿cómo sucede?
Realmente yo no sabía por dónde iba mi camino en el arte. Cursé todas las educaciones que uno debe cursar, y hago en el Instituto Superior del Arte, (ISA) las pruebas de actuación. Estudiaba en ese momento en la Vocacional de Guantánamo y llego aquí a La Habana a realizarlas, antes era por etapas y en la última estaba Raquel Revuelta en el tribunal, decían que era algo inaudito pues ella habitualmente no estaba en esos exámenes. Recuerdo que interpreté a José Martí en el Presidio cuando conoce a Lino Figueredo y yo debo haber hecho un desastre pues ella me dijo que me olvidara de eso, que ese no era el camino. Lo recibí muy bien, yo la admiraba y si ella lo decía era cierto. -Curiosamente, años después, Raquel se pone a mi disposición para Memorias de Lucía, el documental que realicé años después y le recordé ese anécdota y me dijo sonriente que ella sabía lo mío era la dirección.- Bueno, regresé y comencé a estudiar Filología Hispánica en la Universidad de Oriente y me olvidé de todo eso. Estaba dedicado a la Lingüística y a la Literatura aunque el bichito del cine estaba ahí y yo no sabía por dónde saldría. Me enteré de un profesor, Juan Ramón Ferrera, que hizo su tesis sobre Cecilia, se llamaba aquel trabajo de diploma “Cecilia o el discreto encanto de las adaptaciones” y yo le manifiesto mi interés en hacer una tesis sobre cine y literatura, me gustaba mucho Alejo Carpentier y el único cubano que había hecho esa adaptación era Humberto Solás con El Siglo de las Luces, película que me gustaba mucho. Por ahí comenzó el acercamiento con Humberto, de una manera teórica. En aquel momento en tercer año comenzaba la presentación de los proyectos de investigación y coincide que además nos daban los quince días del Festival de Cine Latinoamericano de La Habana y yo siempre venía. Cuando supe que ese era mi camino vengo con más ansias pues quería encontrarme con Humberto, yo muy inocente, me dije lo busco en La Habana, le digo que mi tesis es sobre El siglo de las Luces , yo no sabía que Humberto no hacía lobby en el Festival, no sabía nada, tengo un amigo actor que lo conocía y me dio la dirección, pero me dio la de Elia Solás, su hermana,  yo llamo al número y no me salía nadie y fui a casa de Elia y me presenté un 4 de diciembre, le dije que era estudiante de la Universidad de Oriente y que quería hacer mi tesis sobre El siglo…, Elia me dice: hoy es el cumpleaños de Humberto y acaba de llegar de Madrid- estaba en la fase final de Miel para Oshún- y me comenta que era difícil que me recibiera ese día, pero que al otro sin problemas seguramente, porque él es reacio a los periodistas, pero a los estudiantes no.  Me aclara que él no vive ahí, que su casa es en otro lugar cerca y me da los datos. 
De todas formas yo con mi insistencia y el temor a los pocos días con los que contaba y no pudiera verlo, llamé a su casa para precisar todo y sale la voz grave de Humberto en la contestadora y le dejo el recital: Soy Carlos Barba, estudiante de la Universidad de Oriente y voy hacer mi tesis sobre El Siglo de las luces; él intercepta la comunicación y me saluda, yo lo felicito por su cumpleaños y empezamos a hablar y fue como si lo conociera de siempre, enseguida hubo una cercanía. Me invitó a que ese mismo día pasara por allá, era tanta la emoción que me fui a pie. Caminé y pensaba cómo iba a organizar las preguntas y cuando llegué, efectivamente, Humberto abre la puerta, estaba su sobrino Sergio y la directora del Festival de Cine Latino de Los Angeles, Marlene Dermer y él me presentó. Ellos se fueron y nosotros nos quedamos conversando. Enseguida me dijo que El Siglo… era su película fantasma, - nadie en ninguna escuela de ningún lugar ha escrito una tesis sobre esa película- me dice. 
Yo saqué mi cuestionario enseguida, pero me dice “hoy no vamos a hacer la entrevista, hoy vamos a conversar”, me abre los ojos, como diciéndome, - considero que es un día cualquiera mi cumpleaños pero no para tanto-. Humberto saca fotos del rodaje, me regala una original dedicada, me regala libros sobre él y su cine, realmente algo muy bonito. Saca una botella de tequila y comenzamos a hablar y le hice la entrevista completa, prendí una grabadora y le dije, perdona pero tengo que grabar esto. Le hice todas las preguntas y fueron contestadas ampliamente esa misma noche. Realmente la conexión fue especial, sobre la base del respeto y la amistad y lo cierto es que Humberto no estaba en pose, es verdad lo que me dijo Elia, con los estudiantes él tenía una actitud de diálogo. El vio que a mí me interesaba el tema y me apoyó desde el principio. 
En mis años de profesora, pocas veces me he encontrado a estudiantes que les interese el cine de Humberto, creo que sobre todo porque sigue siendo un gran desconocido. Imagino cómo disfrutó esos encuentros contigo.  ¿Has podido identificar dónde están las razones que hicieron que te identificaras con el cine de Solás, más allá del fotograma de Lucía que te encantó desde niño?
Bueno, la magia no se puede explicar, como no se pueden explicar tantas cosas. Creo que fue Juan Antonio García Borrero que dijo algo así como que Humberto y Titón eran las caras irreconciliables de una misma moneda y Humberto más adelante expresó en un documental que  Nelson Rodríguez necesitó tener la sangre fría para editar los filmes de Titón y la sangre caliente para montar los suyos. Con el tiempo he comprendido que esa magia me llega por la dirección de actores que es algo que me apasiona y en Humberto es clave y sumado a la dirección de arte, dos rubros importantes en su cine. El cine te gusta o no te gusta y la verdad es que el cine de Humberto me gusta mucho. También debe ser que cuando vives en provincia y deseas algo eres más romántico, pero desde joven sin dudas busqué el cine de Solás, a veces tenía que inventar pues no lo encontraba. 
Una vez estaba en un panel compuesto por jóvenes realizadores y alguien dijo que solo veía el cine cubano clásico, de los 60, para saber qué no tenía que hacer en sus propias películas. En esos años, por el 2002 “la irreverencia se premiaba” y si ponías Memorias del Subdesarrollo boca-abajo estaba muy bien. Ahí defendí el cine de Humberto, ya había hecho Ecos de un final, un documental sobre el epílogo de Miel para Oshún que no volvería a ver y aunque fue muy agradable al principio, ahora, me percato de las costuras y la inocencia. Pienso que los premios que le dieron en varias partes fue por la emoción que logró transmitir.
¿Cómo continuó la relación con Humberto y el camino de la tesis sobre El Siglo de las Luces?
Tuve la suerte de que cuatro meses más tarde lo invitaron a la Universidad de Oriente, creo que por la celebración de un aniversario del ICAIC, pero durante ese tiempo yo me había mantenido en contacto con él, hablábamos por teléfono y le preguntaba cosas, dudas, fechas. No sé si recuerdas que sobre EL siglo… se hicieron muchos artículos de prensa, pero yo no encontraba en ellos nada profundo, que me revelase algo, que me desentrañase la película. Había artículos de Rufo Caballero que sí los aproveché mucho, pero necesitaba que Humberto me corriera la verdadera cortina de la película, -así como también lo hizo la protagonista Jacqueline Arenal-. Cuando lo encontré en la Universidad entonces nos conectamos nuevamente, le enseñé lo que tenía redactado, le comentaba escenas, detalles…¡trabajamos! Yo quería esclarecer cosas que no había alcanzado a ver a través de la entrevista que le había hecho en La Habana, las entrevistas te generan también dudas y tratas de encontrar respuestas y…¿quién mejor que él para aclararme esas dudas, para darme esas respuestas? La próxima vez que nos vimos fue en el estreno de Miel para Oshún, pues él estaba haciendo una gira nacional con los actores y el staff de la película, algo que fue catalogado como acontecimiento cultural hasta en el Noticiero de la televisión, porque hacía tiempo no se hacía algo así. Cuando llega a mi provincia me llama y me invita a ver la película. 
¿Cuándo te decides a asumir la realización de cine?
Yo entré al cine como realizador, más por esta película, por Miel… que por El Siglo de las Luces, porque a aquella me había acercado, como te dije, desde lo teórico, pero Miel…, al ser una película digital, me mostró algo que estaba más a mi alcance. Yo me conectaba también con Humberto por su trabajo con los no actores, herencia del neorrealismo italiano, que es muy fuerte desde sus primeras películas, por ejemplo Gildo Torres, en Un día de noviembre es un no actor y le hizo un protagónico. Entonces me gradúo, Humberto no pudo asistir, e invito a la discusión de tesis a Adela Legrá, a quien conocía de Santiago de Cuba y a quien admiraba por sus actuaciones en sus películas. Fueron como las claves de entrada.
¿Tu primer documental Ecos de un final por qué sucede? ¿Comienza ahí tu periplo tras los pasos del cine de Humberto? 
Después de graduarme mis tías, -que le dicen Las Gallegas y que han apoyado muchas veces la causa del cine cubano-, me regalan una cámara de filmar Hi 8 analógica y con esa cámara hice mi primer documental. Me fui a Baracoa a buscar a las mujeres de Miel para Oshun y aunque fue un trayecto mucho más corto que los protagonistas, yo seguí el mismo rumbo que ellos, pasando por los mismos lugares. Los protagonistas se guiaron por la predicción que hace el personaje de Caridad: Las aguas de Oshún se unen a las aguas de Yemayá  y yo me guié por la parte final de la película, que reproduce esa unión de las aguas. Yo no quise llamar a Humberto para decirle que iba a hacer un documental sobre su película, preferí probar a ver qué me salía, ni siquiera le puse nombre de documental a lo que hacía.
Cuando llegué al hotel ¨La Rusa¨ no había hospedaje, insistí en que ese era el sitio en que yo debía quedarme porque necesitaba filmar allí, ya que era el lugar donde habían estado los personajes. Hablé con el gerente y lo convencí, y eso que en aquel tiempo era impensable, se trataba de un hotel al que sólo accedían turistas extranjeros o nacionales solo a través de estímulos laborales, el sindicato de trabajadores, etc. Estamos hablando del año 2002. Me dieron la misma habitación donde habían rodado esa importante escena de Miel para Oshún, donde Pichi improvisa sobre la obra La consagración de la primavera. Abrí la ventana y filmé ese plano que luego utilizo, mirando el malecón. Al otro día me levanto muy contento y emprendo el camino donde las aguas de Oshún se encuentran con las aguas de Yemayá, que es el río Miel desembocando al mar. Cuando llego a ese lugar me doy cuenta que desde allí no se había filmado, no estaba la belleza de ese plano que sale en la película, y dudé de que se tratara del mismo sitio, aunque el guía me aseguró que esa era la desembocadura del río Miel. Pensé llamar a Humberto porque me sentía perdido al no reconocer allí el sitio de rodaje, pero cuando voy llegando de regreso al hotel me hablaron de una señora que vivía cerca y que había participado en la película. Se trataba de Nilda Rivera, la que reconoce al hijo y le avisa gritando al personaje de Adela. Ella me explicó que eso se había rodado en Bahía de Mata , y entonces yo la entrevisté y luego fui a ver el sitio que Humberto había utilizado en su película fingiendo que era la desembocadura del río Miel. Después también entrevisté para el documental a Adela Legrá, pues Miel... fue su regreso al cine después de muchos años sin actuar.
Edité el material con una persona que actualmente es un gran amigo, Ramón Ramos, que se dedicaba a filmaciones de bodas, fiestas de 15, etc, y que tiene una sensibilidad que no te puedes imaginar, incorporamos música original de la película, y pensé mostrarlo a Humberto como algo realizado sin muchas pretensiones, como un recuerdo de amigos.
Cuando lo traje a la Habana y se lo llevé, él organizó una reunión en casa de Elia para verlo junto a otras personas. Estaba muy emocionado y me preguntaba ¿Y fuiste allá? Había especialistas en cine en aquella reunión, actores, estaba su familia y otros amigos cercanos, de pronto me había organizado una presentación. Yo estaba tranquilo porque no esperaba ni pretendía nada, ni siquiera le llamaba ¨documental¨, pero luego ví a la gente sensibilizada, emocionada, llorando con el documental. Ese fue mi primer público.
¿Y Humberto qué te dijo, cuáles fueron sus comentarios?
Él estaba emocionado, ¨erizado¨, como decía siempre. Lo primero que dijo cuando terminó fue: por eso todos van a estar en mi próxima película Gente de pueblo, se refería a las entrevistas que acababa de ver, en una de ellas la señora dice ¨…qué sería de mi si no volviera a participar en otra película, ojalá que Humberto me de otra oportunidad…” Y a esa misma persona, Nilda, la fuimos a buscar para Gente de pueblo, (hoy Barrio Cuba) aunque su personaje tristemente al final no fue incluido por razones de metraje.
Y así empezó un camino que sigue hasta hoy porque después yo no paré. No tenía recursos, no tenía cómo hacerlo pero yo filmé después de eso Memorias de Lucía, distinción que nunca se le había hecho en ningún aniversario, siendo una película tan importante, cuando se cumplían 35 años de estrenada.
¿A qué le atribuyes el hecho de que el cine de Humberto sea difícil de asimilar?¿Cómo has vivido, desde tu acercamiento a la obra de Humberto, esa compleja y tensa situación entre la institución, el recibimiento de la crítica y la calidad de su cine? ¿Cuáles crees sean las causas de que la recepción de su obra se haya tornado difícil, tormentosa por momentos?
En cuanto a mi constancia para referirme al cine de Humberto a mí me han dicho cosas como: !Suelta a Humberto ya!. La conexión, más allá de mi admiración por su cine, es que Humberto Solás ha sido mi escuela. Me llegaron los 28 años y no tenía ya la edad requerida para optar por la escuela de San Antonio de los Baños, por ejemplo, aunque sí he estado en cursos y en talleres internacionales-. Cuando yo me vinculo a Humberto, asistiendo a sus filmaciones y ayudándolo en alguna medida en la filmación de documentales como Gran Caribe y otros, esa experiencia se convirtió en mi escuela a partir de que me gradúo y trato de seguirlo. No fue una escuela en el sentido tradicional porque él no era profesor, impartía talleres porque tenía que sobrevivir, pero no era lo que más le gustaba. Él hubiese preferido estar haciendo cine todo el tiempo, no es como Enrique Pineda, por ejemplo, que ama la enseñanza, que es un maestro y que tiene alumnos por doquier, el caso de Humberto es diferente, no quería dar clases, uno tenía que aprender de la experiencia trabajando con él y apurarte porque iba veloz. Ya después me invitó a incorporarme como asistente de dirección en sus últimas películas Barrio Cuba y Adela y pues fue la tapa al pomo.
A mi me sorprende mucho la subestimación al cine de Humberto. Yo creo que hay muchos prejuicios y repeticiones de validaciones anteriores. Existen críticas de la época que hasta lo acusaban de “kitsch”, a pesar de su impresionante buen gusto. Aquella escena de la gardenia con Raquel Revuelta en Lucía, por ejemplo, hizo reír a los técnicos, por considerarla cursi. Era una escena muy difícil, según decía Raquel, para comenzar una película, pero él quería un impacto desde el principio. Y él escuchaba otras opiniones, no es cierto eso de que era tiránico, dialogaba con los extras, con cualquiera que le preguntase algo, porque el cine es un arte colectivo. Lo que pasa es que era riguroso, inquebrantable con respecto a su obra, a sus ideas. Él estaba convencido de que esa gardenia pedida a gritos era necesaria. Es esta una muestra de la constancia y creer en la intuición, hoy a los años luz, como también ocurrió con Cecilia, nos damos cuenta que Humberto tenía la razón. 
En cuanto a este reciente documental me interesan las tesituras sentimentales que se muestran sobre la obra de Humberto. Haces un recorrido por su filmografía, buscas a las personas que tuvieron que ver con cada una de esas obras, pero a pesar de que evidencias que no ha sido suficientemente valorado, no haces hincapié en ese dolor. Es un documental duro, pero no se pasa, no es agresivo ¿Cómo llegas a esos manejos interiores que siento son lo mejor del documental?
La historia viene desde que Humberto iba a ser “Guanajay”, el guion de Carlos Lechuga, que luego no se realizó, no se por qué razón, pero luego yo quise cerrar un ciclo, ya yo había hecho trabajos sobre El siglo…, sobre Un hombre de éxito…-que se incluyeron en unos dvds sobre cine cubano para el mercado español-, pero esta vez, me proponía hacer algo diferente, en el momento del rodaje, pero que no fuese un ¨making¨ sino algo sobre su vida, sobre su trabajo pero desde su vida en medio de un rodaje. Y esto era complicado porque a la vez él necesitaría de toda su concentración cuando dirigiera. Él estaba muy de acuerdo con esa idea inicial, pero luego pasó lo de la enfermedad, y todo dio un vuelco y se convirtió en un tributo. Y yo tenía mucho miedo (ya después que murió) porque había pensado que me iba a durar siempre, que no iba a morir nunca. Siendo aún joven y con tantos proyectos, yo no podía creer, cuando me enteré, el proceso tan duro que estaba pasando. Me mantenía desde México en contacto con su familia y sus amigos cercanos. Y cuando muere yo pensé que este trabajo debía hacerlo otra persona, pensaba que tal vez no me quedaría bien por estar demasiado implicado sentimentalmente. Entonces Vando Martinelli me escribe y me dice que me tocaba hacer el documental, que él me ayudaría, lo produciría. Yo temía que me saliera algo demasiado personal por la cercanía, y eso es lo que no quería que pasara, pero pensando en tu pregunta creo que eso me ayudó, el hecho de conocerlo, de estar cerca de él en la última etapa creativa de su vida, fue bueno para el equilibrio del documental.
Creo que la invisibilidad sobre su obra es aparente, porque las películas están ahí, quizás han tratado de hacerla invisible. Y como cuando tú tienes hermanos o hijos no vas por ahí diciendo lo mucho que han sufrido sino lo mucho que valen, ahora me doy cuenta que eso es lo que he hecho con él en esta película, por eso quizás sientas que no toco eso que dices, aunque está de alguna manera. Es como con Adela, a mi nunca me ha gustado mostrar de Adela Legrá la faceta que viene de los problemas que tuvo que afrontar en La Habana, por ejemplo, y el sufrimiento que esto le causó, quiero que en mis documentales se vea bien, digna, no lamentar las desventajas que confrontó por ser ¨guajira¨ ni nada de eso, sino que se vea lo que ella es, su valor como actriz, su sencillez. Yo he ido a muchos lugares donde hay gente que no conocen a Humberto pero como te digo, siempre estará ahí la obra para verla, y nunca cansarnos de promocionarla, es un compromiso a su esfuerzo.

Pero tienes mucho material grabado aún que sobrepasa el tiempo del documental…
Yo hilé muy fino en este documental porque reservo cosas que en la serie van a estar presentes. Es una serie de 5 capítulos, no es que me la haya propuesto, salió así porque tuve tantos testimonios interesantes que cuando yo empecé a editar me dio un resultado de 5 horas. De ahí hice una difícil reducción, pero queda todo ese otro material que es interesante poner (y que funcionará mejor en una serie) porque Humberto no fue ¨miel sobre hojuelas¨ sino una persona complicada, con sus especificidades como todo ser humano y creo que en la serie se completaría al artista y a la persona y disfrutaremos de esta gran historia de una manera más reposada.
Cómo él era un hombre de cine, al que le daban hasta dolores de estómago cuando terminaba una película, porque no sabía qué hacer después, como él luchó y sufrió mucho por su trabajo, yo no quería hacer un documental típico donde se priorizara, por ejemplo, la cafetería donde iba a desayunar o su manera personal de vestir, lo más importante que tenía que estar era su cine, que era lo que le interesaba. Para él no existía ni la moda, se vestía con una camisa blanca y un pantalón beige y en los festivales internacionales te lo encontrabas con un saco de la época en que filmó Manuela (1966).
Tuviste un grupo de experiencias mientras editabas el documental, relacionadas con esa conexión tuya con Humberto ¿Qué fue lo que te pasó mientras estabas en el proceso de edición?
Bueno, el documental tuvo cuatro años de preparación y de producción. Fue complicado porque no podía resolverse de forma consecutiva sino por etapas, y estuvimos trabajando mucho en varios lugares. Cuando lo comienzo a editar, que pensé hacerlo en Cuba, vi que tenía más materiales (libros, cintas, documentos…) en mi espacio en  México que en Cuba. Y encuentro un editor peruano en una casa productora de allá llamada LaCasaDePiedra (sic). Y allí fue bueno montar porque ellos no conocían la obra de Humberto y eso les hacía tener una mirada más fresca, aquí sí fue conveniente el desconocimiento. Bueno, pues en dos momentos y trabajando con dos películas claves, yo sentí a Humberto allí, dando vueltas… 
Fue nada más y nada menos que con Un día de noviembre y Cecilia. Una vez, en Un día… estábamos estancados en un procedimiento que en realidad era muy sencillo, pero no salíamos de ahí, el editor no entendía qué ocurría…y a mí me da por encender un cigarro- como sabes Humberto fumaba continuamente- y el problema empieza a disolverse de una manera natural, orgánica y rápida…Esto, contado así puede parecer insulso…, pero allí, yo sentí que era algo mágico, que era la expresión de su presencia, para explicarlo de algún modo. Y algo parecido ocurrió con Cecilia, yo lo sentía muy cerca y me sentía contento con eso. Porque él era una persona de estados de ánimo, temperamental y confiaba mucho en esos instantes. 
¿Cómo sentiste la presentación de tu documental en Cuba? Muchos de nosotros extrañamos que no estuviese en concurso, a pesar de estar muy bien hecho y de poseer muchos valores y de ser, además, una obra dedicada a un grande de nuestro cine…
Ahí la responsabilidad es del comité de selección, yo envié el filme a tiempo, ellos decidieron ubicarla en la Sección Latinoamérica en Perspectiva. Fui muy bien tratado en el Multicine Infanta, aunque la sala asignada tenía muchos problemas, mi staff y yo estuvimos luchando, haciendo pruebas las noches anteriores, para que todo estuviera bien. El día del estreno mundial se quedaron muchas personas fuera del cine, la sala, -que no fue la de más capacidad- se había llenado rápidamente, hubo una L de personas haciendo “cola” para entrar, eso fue emocionante contando que es una película de no ficción. En total tuvimos seis proyecciones en toda Cuba:  tres en La Habana, una en Matanzas, una en Guantánamo y otra en Gibara. 
Cuéntame sobre la proyección en Gibara, pues sabes que ese es Humberto, Gibara es mucho Humberto.
Yo digo que el público ideal era el de Gibara, por el tema, por ese amor a Humberto. Los gibareños le agregaron una estrofa a su himno que tiene relación con Humberto y el proyecto de Cine Pobre. Eso está en mi documental Gibara, ciudad abierta (2008).
Yo quería ver la reacción de ellos y fue muy lindo, fue un lunes en el cine Jibá, estaban presentes sus amigos cercanos, Vando Martinelli, Daisy Granados, Adela Legrá, el vicepresidente del ICAIC Ramón Samada, Luciano Castillo lo presentó, y cuando subí al escenario fue estruendoso el aplauso, yo no sabía cómo reaccionar. Ellos extrañan a Humberto, estaban emocionados, me abrazaban a la salida…es que ese proyecto, el Festival, es muy fuerte.
Sí, tú cierras el documental con el Festival Cine Pobre Humberto Solás, que es como si fuera la última película de Humberto. Y ahora ¿Qué piensas hacer? ¿Te interesa hacer ficción?
Bueno, ya tengo que desprenderme y comenzar a hacer otras cosas, el mismo Humberto quería que yo hiciese el primer largometraje santiaguero. 
Yo tengo hace tiempo un proyecto que se llama Pollo y Cerveza que no lo he podido hacer, pero antes de ese espero realizar un trabajo más inmediato que se llamará  25 horas, con Isabel Santos. Se trata de un cortometraje de ficción, muy cinema verité, muy cine de calle. Está el guion listo, será con un guion mío y también actuará el gran Enrique Pineda Barnet en un pequeño personaje. Enrique también es una persona muy importante para mí. 
Pienso que tienes que estar muy contento con el camino que has transitado, difícil y en esto incluyo la ausencia física de Humberto. Él no está entre los vivos pero está en otra dimensión. Admiro mucho tu lealtad y respeto esa coherencia que has tenido. Por supuesto, él mismo te habría dicho que te tienes que desprender, pero hoy día, gracias a ti, podemos tener una valoración clara de la importancia de este cineasta para el cine cubano y latinoamericano.

Lo que sí puedes estar segura es que Humberto es mucho Humberto. Gracias a ti, Danae, por el espacio. 

Fuente: AlterCine IPS

Reconocimientos al documental “Humberto”:
Premio Vigía en el 35 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, Cuba.
Premio “Marcel Sisniega” al Mejor Documental, en el 3er Festival Mundial de Cine Extremo San Sebastián de Veracruz, México.
Formó parte de la programación por la Feria Internacional del Libro en Holguín y el Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica en Camagüey, marzo 2014.
Seleccionado para la celebración del 55 Aniversario de la Fundación del ICAIC, miércoles 26 de marzo, a las 8:00 pm, en el Cine Chaplin.