jueves, 5 de junio de 2014

Revista Stromboli: "CARLOS BARBA NOS PRESENTA LA FIGURA DEL CINEASTA CUBANO HUMBERTO SOLÁS".

Por Iván López
Carlos Barba Salva nació en Guantánamo en 1978.  Es uno de los jóvenes cineastas cubanos más premiados. Su tesis universitaria en la Universidad de Oriente, versó sobre cine y literatura y parte de su trayectoria la ha dedicado al genero documental, con especial atención a la figura de Humberto Solás, uno de los cineastas cubanos más aclamados de su generación.
Su última película documental “Humberto” ha obtenido numerosas selecciones en festivales internacionales recibiendo elogios y premios. Carlos ha tenido un rato para conversar con Stromboli sobre su película y su trayectoria.
¿Cómo nace la idea de realizar un documental sobre Humberto Solás?
Siempre me gustó el cine de Humberto Solás, siendo niño lo descubrí mediante su clásico Lucía,  y creo que ya no pude separarme de esos fotogramas que viajaban en mi mente y creaban analogías en mi vida. Ya  adolescente, cuando se iba conformando con más fuerza el deseo de ser artista, no cineasta, artista, no recuerdo haberme planteado la idea del cine hasta que conocí personalmente a Humberto estando en tercer año de la carrera , nos hicimos amigos; claro, ya había leído mucho sobre él, y me parece que las cosas se dieron de una manera coherente, ya todo en mi se preparaba, de alguna manera, para iniciar un camino en la realización, sobre todo aprendiendo de élin situ, primero dirigiendo documentales de iniciación sobre dos de sus obras más conocidas y con el tiempo tuve la suerte de ser uno de los asistentes de dirección en sus últimos filmes, y participar como visitante en un rodaje muy interesante que Solás efectuó en la ciudad donde vivía, Santiago de Cuba, un documental de corte turístico muy bello que estoy seguro se valorará con el tiempo. De alguna manera ese gran director se fue convirtiendo en mi escuela, cada charla, cada encuentro, desde el más serio, desde una reunión de trabajo y hasta una cena en La Habana Vieja, siempre se aprendía con él, de su experiencia, de su particular visión del cine, de la realización cinematográfica, de ese instante donde hay una luz en función de un actor, de su ética, de su sensibilidad, todo eso se me fue metiendo, de a poco y luego de un tirón, porque con Humberto tenías que estar vivo, no tenía la paciencia de enseñar, tenía la paciencia de filmar, y esto es algo que le agradeceré siempre.
 Él caminaba aprisa y en la La Habana Vieja muchas veces en los paseos hablaba y caminaba y fumaba, y yo recuerdo caminar su lado, apretando el paso, escuchándolo atento, tratando de olvidarme de los cláxones y la bulla de la gente en la calle, quería absorberlo todo, es una imagen muy bonita que guardo y yo era un niñato, como dicen allá. Por eso y respondiendo a tu pregunta, es que realizo una serie de documentales en homenaje a él y a su filmografía. Yo también quería que de alguna manera todos pudieran disfrutar de esa clase magistral que era escucharlo hablar, tenerlo cerca. De ahí surgieron algunos títulos, documentales pequeños, y dos de ellos fueron solicitados por mi amigo Luciano Castillo, prestigioso crítico e investigador cubano, para la Colección de DVDs de cine cubano que él organizó titulada “La Cinemateca de Cuba, Grandes Joyas del Cine Cubano”, una coproducción entre España y Cuba, y  filmes de Humberto fueron seleccionados para ese volumen, y estos dos documentales que realicé acompañan esas obras. Cuando Solás fallece en 2008, fue como un derrumbe, porque Humberto era de esas personas que con 60 años, a pesar de su pelo cano, parecía de 50 y tantos, mucha agilidad, mucha vitalidad, un torbellino de ideas, y fue difícil aceptar que un tipo como él se nos fuera así de “pronto”. Casi un mes después recibo un correo electrónico, (ya yo estaba en México viviendo), de Vando Martinelli, amigo por 30 años y colaborador de Humberto, y me dijo que me tocaba hacer el documental definitivo sobre su figura y que él me apoyaría en la producción. Y así, comenzaba un largo camino, teniendo en cuenta que fue asumido como producción independiente, y de a poco, comencé a articular y rodar el film “Humberto”.
Ese camino te ha llevado a rescatar parte de la cinematografía de uno de los cineastas más destacados de Cuba pero también a viajar a lugares como España o París donde Humberto dejó su huella. Cuéntanos cómo ha sido ese viaje.
Ese viaje fue extremadamente complicado, por muchas razones, que supondrás, tú eres un realizador cinematográfico y sabes todo lo que se pasa para concretar cada llamado, cada etapa. Pero bueno, lo bonito de todo esto, fue el reencuentro con figuras vinculadas a Humberto, que aunque a muchas las conocía personalmente, o trabajé con ellos, o son amigos, otras fueron un verdadero descubrimiento en lo personal, porque solo los conocía del cine de Solás. En Madrid, Imanol Arias, el conocido actor español, al que Humberto le regaló su primera película, la coproducción hispano-cubana “Cecilia” (1981). También en la capital española, entrevisté al director de arte Derubín Jácome, que acompañó a Humberto en “Cecilia” (1981), “Amada” (1983), basadas en obras literarias y “Un hombre de éxito” (1986). En París, encontrarme con los protagonistas franceses de una película como “El siglo de las luces” (1992), por demás, mi tesis de grado, fue algo emocionante, a Frédéric Pierrot ya lo conocía, pero a François Dunoyer no, y fue realmente una experiencia. Cuando tú apagas la cámara y se queda ese hilo invisible, de conversación amena, llena de recuerdos, de anécdotas,  sin lugar a dudas, aunque no estén registradas, también enriquecieron, como sus entrevistas, por supuesto, el universo del film. En Caracas, entrevisté a distancia, a un gran amigo, Mario Crespo, cineasta importantísimo, un descubrimiento para mi en el plano de la amistad y lo profesional, y en su momento lo fue para Solás también, su mano derecha en “Cecilia”, Mario fue el director asistente. A Caracas no pude viajar, pero juntos, con la cada vez más cercana y maravillosa tecnología, armamos el tinglado, y logré tenerlo dentro.

“Siempre me gustó el cine de Humberto Solás, siendo niño lo descubrí mediante su clásico Lucía,  y creo que ya no pude separarme de esos fotogramas”

De igual forma sucedió con la emblemática actriz chilena Shenda Román, que protagonizó “Cantata de Chile” (1975), una película de Humberto de la que poco se habla, muy interesante, ganadora en Karlovy Vary y Huelva y fue muy importante, y necesario tener a Shenda en el documental. Y bueno, en la isla, en La Habana, rodé el grueso de las entrevistas, comenzando por Elia Solás, hermana de Humberto, que abre el documental de una manera que siempre quise hacerlo, recorriendo la calle justo donde nacieron, Elia le obsequió a su hermano el guion “Miel para Oshún”; luego le sigue el editor Nelson Rodríguez, eterno colaborador de Solás, su amigo, montador, director de doblaje, además un hombre importante dentro de la industria del cine cubano, de sus manos salieron los tres clásicos de la época dorada del ICAIC y muchos otros títulos cubanos y latinoamericanos. Le siguen los actores Adela Legrá, Eslinda Núñez, (“Manuela” (1966), “Lucía” (1968),  “Un día de noviembre” (1972), “Amada” (1983)), Alicia Bustamante, Daisy Granados, Gerardo Riverón, Elvira Valdés (“Cecilia”), César Évora, Mabel Roch (“Un hombre de éxito”), Jacqueline Arenal (“El siglo de las luces” (1992)), Jorge Perugorría, Isabel Santos, Mario Limonta y Luisa María Jiménez (“Miel para Oshún (2001), “Barrio Cuba” (2005)), el cineasta queridísimo Enrique Pineda Barnet, los directores de fotografía Livio Delgado y Rafael Solís, el músico José María Vitier (“El siglo de las luces”), Vando Martinelli y los sobrinos de Solás el director y productor asistente Sergio y Aldo Benvenuto Solás, respectivamente. Todos ellos me ayudaron a rescatar momentos imprescindibles -y los compartieron-, de Humberto, su vida familiar y su paso por el cine, que no era más que la misma cosa.
¿Qué te ha llevado a descubrir de Humberto qué antes no conocías?
Yo creo que realizar “Humberto” me llevó a ratificar una admiración de la que ya estaba más que seguro. Pero escuchando a sus familiares y colaboradores una y otra vez pensaba en la grandeza de este hombre sencillo. Alguien que sufrió mucho por su trabajo, que aunque te parezca imposible, la crítica en su país no siempre lo llevó de la mano, todo lo contrario, fue incomprendido; un hombre que aprendió cine haciéndolo y desde sus primeros fotogramas cualquiera se podría dar cuenta del talento y el artista que nacía. Para Cuba es el hombre que nos regaló un romanticismo, un cine barroco, lleno de cubanía, cine de altura, de enorme factura, fragmentos de sus filmes son utilizados una y otra vez los días más importantes de la patria, su cine histórico fue fiel, porque nos representó, sin lugar a dudas. Su hermana Elia dice en el documental una frase de Alfredo Guevara que leyó en una revista y que me encanta: “El que quiera conocer la historia de Cuba, deberá ver “Lucía, “Cecilia” y “El siglo de las luces”, tres filmes de Humberto Solás Borrego. Hace poco conversaba con un gran amigo, el actor cubano Jorge Perugorría (“Fresa y chocolate”), y coincidíamos en la suerte de haber estado tan cerca de Humberto.
La película ha ganado ya varios premios. ¿Cómo ha sido su trayectoria hasta ahora?
Estoy muy contento, estrenamos en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, dentro del Programa Cinemateca Latinoamericana, y la verdad que la recepción del público, a sala llena, fue gratificante, era ya un hecho que estaban las imágenes proyectándose y eso hace que te relajes solo un poquito; después de un año y medio de montaje, articular tanto material de archivo con lo filmado para el documental, fue agotador y disfrutable a la vez. Pero cuando ves el nombre del filme en un catálogo y en una programación, me parece que se emparenta con el hecho de un hijo que cumple mayoría de edad, y ya se sale a caminar la vida. En Cuba lo exhibimos en varios sitios dentro del Festival de La Habana y luego tres proyecciones en provincia: Guantánamo, Gibara y hace poco, en Santiago de Cuba, a esta última no asistí, pero estuvo mi fiel Adela Legrá. En la cita habanera obtuvo el Premio Vigía, que otorga la sub-sede más antigua del Festival, que radica en la ciudad de Matanzas. Luego en México, obtuvo el Premio “Marcel Sisniega” en el Festival Mundial de Cine Extremo San Sebastián de Veracruz, y más tarde una Mención Honorífica en el Festival Internacional de Cine de Aguascalientes. Con estos  últimos festivales el documental demostró que se comunica muy bien con un público que no es cubano, los estudiantes de comunicación y cine, por ejemplo, en Aguascalientes, quedaron interesados, y muchos me dijeron que tocados con la historia de Solás, inspirados, considero que es el mejor de los premios, podrá parecer manido, pues tal vez siempre se diga esto, pero soy sincero. También fue seleccionado para la Programación Especial exhibida en el cine Charles Chaplin de La Habana, dentro de la celebración por el 55 aniversario de la fundación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, ICAIC.

“Fue alguien que sufrió mucho por su trabajo, que aunque te parezca imposible, la crítica en su país no siempre lo llevó de la mano, todo lo contrario, fue incomprendido”

¿Qué papel jugó Humberto dentro de la cinematografía cubana?
Bueno, quizás a él no le gustaría esto que diré, porque era muy modesto, siempre decía que creía haber hecho solo un pequeño aporte a la cultura cubana, pero yo creo que la significación de su obra jugó un papel decisivo. Humberto Solás, no solo regaló clásicos al cine cubano e iberoamericano, por lo menos tres o cuatro obras, que muchos consideramos maestras, y que se reconocerán en su justa medida con el tiempo, aunque todo su cine me impacta, hay una belleza latente hasta en el más pequeño de sus documentales. Pero también fue el creador del Cine Pobre, estoy seguro que ese proyecto le abrió los ojos a muchos realizadores en la isla, y no solo a los jóvenes, como siempre se dice. A partir de que él inicia a trabajar el digital, cineastas que hacía tiempo no rodaban, comenzaron a pensar en volverse activos en la profesión. Y para los que comenzábamos qué decirte, una inspiración, ver a Humberto como cualquiera de nosotros confiando en una camarita fue importante, alguna vez dijo que hasta del celular podrían salir pequeñas historias y mira lo que sucede hoy día, y esto poniéndolo en el marco de Cuba, donde estamos más atrasados en cuanto a tecnología, intenciones, aperturas, yo creo que todo esto viene de un ser adelantado, que además, ya desde su película “Un día de noviembre” (1972), había ensayado de alguna manera esa propuesta de historia contemporánea, aparentemente sencilla, que luego pondría en práctica muchos años a posteriori utilizando el vídeo digital con “Miel para Oshún” (2001), “Barrio Cuba” (2005), y “Adela” (2005).
Un hombre de éxito  fue la primera película cubana en ser candidata al Óscar a la mejor película de habla no inglesa. ¿Qué supuso eso para el cine cubano?
Siempre es una ventana para que se dirija la mirada a un país pequeño como Cuba, algo sucedió de mágico con “Un hombre de éxito” (1986), una vez ganado el Premio Coral en el Festival de Cine de La Habana, los actores norteamericanos Gregory Peck y Jack Lemmon, apadrinaron la película y la llevaron a Los Ángeles, estuvo entre las finalistas de última hora para el Óscar de ese año, 1987, pero bueno, lamentablemente no fue nominada, solo tiene el título de Candidata. Yo creo que hubiese sido maravilloso, Humberto estuvo preparado para en cualquier momento volar a Hollywood a representarla…, pero más que eso, yo creo que teniendo en cuenta cómo se mueve el mercado, y que los festivales internacionales son de las pocas oportunidades que tenía el cine cubano, y latinoamericano, en esa época (y creo que aún se mantiene esta problemática), de verse, de intercambiar con otros públicos, hubiese sido interesante, ver qué pasaría, hasta dónde llegaría “Un hombre…” con una nominación. De todas maneras, a la película le fue muy bien, dentro de circuitos de certámenes alrededor del mundo, y hasta hoy sigue encantando. Humberto manifestaba que era la única cinta suya que él podía ver una y otra vez y que le producía una sensación de magia, hasta circense, porque se hizo con nada, casi a las puertas de un período especial en Cuba y tú ves el empaque y no lo puedes creer; es uno de los momentos que más me gusta del documental “Humberto”, todo lo que se habla precisamente de este film.
Humberto Solás siempre fue un amante de las grandes películas, sin embargo en 2003 crea el Festival de cine Pobre de Gibara que se convierte en un referente para los jóvenes realizadores y el cine independiente. ¿Cómo ha calado el festival desde su creación?
Humberto Solás, realmente se encuentra con el cine digital por un problema de necesidad. Después de “El siglo de las luces” (1992) se pasa once años sin hacer una película, como te decía, es la década de los noventa, el período especial ya iniciaba de forma total, una situación económica muy difícil y el cine también cogió lo suyo. Se paralizó la producción enteramente nacional y comenzaron a realizarse coproducciones sobre todo con España y Francia, que fueron los principales socios, y había una especie de turno cinematográfico, o sea, una fila de directores en el ICAIC, que debían y se habían ganado el derecho de también filmar sus historias, algunos eran asistentes de dirección o directores asistentes que debían realizar su opera prima o segundo largometraje, también jóvenes en ese momento graduados de la Escuela de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, (EICTV), y por tanto se estableció digamos un organigrama para que pudieran filmar estos cineastas. Muchos maestros tuvieron que esperar, y entre ellos Humberto, que esperó y esperó, sobreviviendo de cursos o talleres, que impartía en universidades de cine, retrospectivas de su obra, y un largo y desesperante etcétera. Entonces este hombre que realizó las películas más caras del cine latinoamericano, y después de diez años sin pararse en un set de filmación, no se rindió, ni vivió de su nombre, que bien pudo hacerlo, pero no, como cualquier chama de 18 años, se aventuró iniciando el milenio con el cine digital, en ese momento impensable en un país como Cuba, impensable te digo, que fuese visto el hecho digital como una solución profesional, realmente factible para producir con esa revolución tecnológica, una película. Humberto estudió el Dogma y más tarde se fue a ver las experiencias de Arturo Ripstein y  Eliseo Subiela, que ya estaban enamorados de la tecnología, y grababan sus películas en el continente. De todo esto surge “Miel para Oshún”; un guion de Elia Solás del año 1994, y que se convierte en la primera película cubana realizada con tecnología digital, grabada con una Betacam SP Pal, y después se hinchó a 35 mm. De toda esta experiencia, un road movie que hubiese costado mucho dinero de haberse rodado en celuloide, y que al final se hizo con 23 personas en un autobús por toda la Isla, Humberto Solás pensó que el cine cubano se podría reinventar, y que el digital sería la solución para recuperar una producción cinematográfica que tristemente se había reducido; en aquel tiempo en Cuba ni se hablaba de la Alta Definición y Humberto pensó en la posibilidad de hacer cine a toda costa, y que una vez el producto terminado, en la sala oscura, el espectador no avisado, no notaría diferencia en si el resultado fue logrado en 35, 70 mm o vídeo digital; es ahí cuando funda el Festival Internacional del Cine Pobre de Gibara; un pueblo muy hermoso del Oriente cubano que él amaba, donde se rodó parcialmente escenas de su primer largometraje “Lucía”, y luego la propia “Miel para Oshún”,  que es la película fundacional del movimiento Cine Pobre. Él devolvió a los jóvenes un espíritu libre en el cine, de poder hacer una película, si tenías una historia, una cámara, y un talento, por supuesto, él no fomentaba la gratuidad artística, daba valor a la ética como cineasta, y a la estética, claro. Entonces el Festival de Cine Pobre fue eso, muchas veces lo escuché decir a partir de ese primer encuentro de Gibara, en 2003: “Si quieres hacer una película, hazla”. La democratización de la profesión del cineasta estaba anclando en Cuba, y el puerto gibareño como eje central. Atrás quedaba la visión elitista del director de cine, y ya las comunidades podrían contar con sus propios realizadores-cronistas, para que tuviesen memoria, acervo, ese era también el sueño de Humberto.
Carlos Barba Salva
¿Después de este documental hacía donde girará ahora Carlos Barba?
Esa es la palabra, giro y va por los rumbos de la ficción. Aunque espero en un futuro cercano concretar una serie documental para televisión, de cinco capítulos, donde esté reunido el grueso de lo que no pudo incluirse en el largometraje “Humberto”; ahora mismo estoy en un momento creativo que me tiene ilusionado: la concreción de un primer cortometraje de ficción, una historia cubana contemporánea, que escribí no hace mucho. Además un proyecto de guion con el cineasta Enrique Pineda Barnet (ganador del Goya por su film “La Bella del Alhambra” (1989)), un hermano mayor para mi, y que me invitó a finales de 2013 a acompañarlo en una aventura interesante y fuerte que se llamará “La Virgen de la Caridad”, es un proyecto que se encuentra aun en la fase de semilla pero que pretendemos plantarla de manera profunda, -ya estamos trabajando en ello todos estos  meses-, para luego efectuar una co-dirección.
Fuente: Revista Stromboli (España).-4 de junio de 2014.-