lunes, 10 de abril de 2017

UN PREMIO LUCÍA PARA LUCÍA

Carlos Barba Salva y Adela Legrá. Foto: Elsa M. Lafuente 2004
La primera vez que vi a Adela Legrá, -yo tenía unos 8, quizás más años-, fue en la pantalla del Cine América Latina de mi natal Guantánamo, donde se exhibía en los lejanos ochenta una retrospectiva de la obra del cineasta cubano Humberto Solás. Su "Lucía" inundó de belleza esa especie de enorme tela blanca estática y la magia de la sala oscura embrujó a aquel niño que todo el tiempo miraba hacia atrás para entender de dónde salía esa luz. Y así, entre el proyector y la gran pantalla, me pasé anonadado ante aquella película llena de imágenes deslumbrantes. Hasta que llegó la discusión en la salina de los protagonistas del tercer cuento y aquella mujer de sombrero y toalla nos miró fijamente a todos (tiempo después supimos que no observaba más que a Solás después de "ordenarle" que no se moviese). Luego, aquella mujer desapareció de mi vida, (de nuestras vidas), un Tomás Piard en su "Castillo de Cristal" o algún programa de la TV nos la devolvía de vez en cuando, hasta que nuevamente en el mismo cine guantanamero, muchos años después, regresaba siendo la madre de Jorge Perugorría, el Roberto de "Miel para Oshún", de la mano de Solás, con el mismo sombrero, la misma toalla, envuelta en un llanto-carcajada y un abrazo final Madre-hijo-prima. 

Conocí a Adela a través de los ojos de mi padre, que la visitó en su casa de Santiago de Cuba, ciudad a donde después de muchos años de cine y Habana corrió después de "jubilarse". Luego, nuestro primer encuentro y, los sucesivos, siempre tuvieron el mismo tono, el mismo cariño, la misma firmeza; una especie de amor en la vida y profesión que nunca cambia, siempre intacto. Hice con ella varios documentales: "Ecos de un final", "Memorias de Lucía", "Cine Cuba 80 años no es nada", "Gibara, ciudad abierta" y "Humberto"; fui asistente en su éxito "Barrio Cuba", enorme despedida del binomio Solás-Legrá y la vi desplegar allí toda su energía y vitalidad. También, como asistente de dirección en el poema visual "Santiago y la Virgen", dirigido por Perugorría y Ángel Alderete, nos repitió su osadía y entrega. ¡Y hasta la dirigí en un vídeo-arte dominicano-cubano, y donde ligera de ropas (para asombro del propio Humberto cuando le contamos), Adela me entregaba su confianza, atrevimiento y artisticidad!

La escuché decir muchas veces algo así como: "De Camagüey para allá es mi extranjero, de Camagüey para acá es mi patria". Ahora, en el Festival Internacional de Cine de Gibara, ciudad donde se filmó parcialmente"Lucía" 196... y a la que siempre regresa una y otra vez, le entregarán a Adela, junto a otra de las eternas Lucía, Eslinda Núñez, y a la familia Solás, el merecidísimo premio homónimo, un homenaje no solo a ellas, sino al film de Humberto Solás que nos sigue encandilando, la cinta cubana que hizo que el niño que fui, nunca mirara más hacia atrás buscando la luz del proyector, porque la verdadera estaba justo enfrente. Felicidades.

Carlos Barba Salva
Cineasta cubano
Los Ángeles, 10 de abril de 2017

Foto: Elsa María Lafuente de la Paz, 2004.